Wild, wild country – Documental sobre la comuna norteamericana de OSHO.

Encontré a OSHO al comienzo de mi viaje espiritual. En ese momento, Internet estaba en sus inicios y la info estaba en los libros. Y, así, a través de sus libros, conocí la filosofía de OSHO.

Como he dicho en otras entradas, leer sus libros me impactó.

Me llevó a aprender sobre las leyes universales espirituales, a conocer la meditación y sus efectos, el tantra, los chakras…

Pero sin duda, lo que más me impacto es la sintonía con sus palabras, su filosofía, su cuestionamiento de las verdades del statu quo, que coincidía y sigue a día de hoy coincidiendo con mi monólogo: su amor a la vida, su invitación a disfrutar, a reír, a saborear cada instante con intensidad, coraje, alegría, compasión, amor cuántico.

Sus libros me acompañaron una buena parte de mi viaje de buscadora, me iniciaron en la meditación, ayudándome a silenciar mi mente, me guiaron en las etapas espirituales del camino a la libertad, ayudándome a salir del estadio de camello, llevándome al de león, y me llevaron al chakra corazón.

Llegar al chakra corazón es una sensación difícil de explicar. Se está inmensamente bien ahí, contemplando  la vida desde ese lugar de paz infinita. Entonces uno cae en la eternidad del momento presente, en el ahora, y deja de correr tras los deseos de cambiar el mundo exterior y dirige la mirada hacia el interior.

Siento enorme gratitud por las enseñanzas de OSHO que me llevaron a ese lugar interior inmensamente bello.

 

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Sus libros se han traducido a más de 60 idiomas.

Sus palabras son una mezcla de sabiduría, de paz, de libertad, de rebeldía.

Aunque también me alucinó su colección de coches de lujo, regalos de personas ricas a los que ayudó.

La primera vez que escuché sus charlas por Internet, me quedé sorprendida. Su reloj de diamantes, sus ropas caras, su rostro tan serio, su tono de voz, su forma tan pausada de hablar.

Una prima vio un documental en TV sobre su Meditation Resort de la India, y cuando tuve acceso a Internet, lo busqué. Me pareció impresionante. Las personas de todas partes del globo practicando sus meditaciones dinámicas, vestidas con sus ropas anaranjadas, y ocres. Me pareció un lugar bellísimo, cuidado, abundante. Pensé que todas estas gentes, se llevaban a sus países, una vibración más elevada, que como decía OSHO es contagiosa. Pensé en el efecto global de tantas personas meditando, compartiendo, riendo, amando la vida, abrazándose. Pensé en la cantidad de personas que se sentían atraídas por su filosofía, que despertaban del estadio camello, que despertaban su conciencia. Sentí esperanza.

Conocí a una pareja que visitó el resort. Ellos me dijeron que OSHO antes de este resort, intentó montar el resort en USA, y que terminó en prisión. Y, también que OSHO decía que le envenenaron con radiación. Lo cierto es, que murió poco tiempo después.

Y, estos días me llega el documental sobre la aventura de la creación de dicho resort norteamericano.

 

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Multitud de sentimientos.

Lo primero es que era una comuna no un resort de meditación como el de India.

Me ha llamado la atención las miles y miles de personas que abarrotaban sus conferencias en India antes de su aventura americana.

También, la descripción de la sensación que provocaba el resort en India, anterior a la aventura americana, a los sannyasins, también conocidos como Rajneeshees y “Orange People” – Personas naranjas, por el color de sus ropas. Hablaban de la sensación de haber llegado a casa. Gentes riendo, charlando tranquilamente. Abundancia. Bellos árboles.

Me ha llamado la atención, que sin saber nada de la comuna de Oregón, la coincidencia con mi visión de un nuevo mundo de personas que bailan juntas bajo las estrellas, riendo felices, en consonancia con los ciclos de la vida, con la naturaleza. Personas meditativas que ven la vida desde el chakra corazón. Su comuna unía producción y reproducción. No había conflicto entre capital y vida, como hay en el mundo exterior. Construyeron su propio sistema de autoabastecimiento eléctrico, y de agua potable. Su granja era una belleza. La forma en que la levantaron fue realmente impresionante, hombres y mujeres trabajando juntos. Verdaderamente, crearon un auténtico oasis en el desierto. Las gentes trabajando en la granja, cultivando la tierra, recogiendo el fruto…Bellísimo. Ejemplo real de la economía del cuidado, poniendo la vida en el centro de todo. ¡Qué pena que durara tan poquito!

Como las enseñanzas de OSHO me llegaron por sus libros, me ha llamado la atención, algunas de las imágenes de sus estrategias para despertar la conciencia. Son tan impactantes, que si no se contemplan con apertura, y conociendo el sentido, el espectador, no iniciado, puede fácilmente, no entenderlo, y juzgarlo equivocadamente. Por la misma razón, los templos en Khajuraho, en Puri y en Konarak, con imágenes de todos los actos sexuales, resultan tan chocantes para el mundo occidental, donde el sexo ha sido un tabú, ha sido fuente de represión, donde se ha perseguido el sexo no reproductivo. Desde fuera, las personas en estado camello, con niveles evolutivos diferentes, lo vieron como una amenaza de la que tenían que protegerse, y usaron todos los mecanismos legales, y no legales para cerrarla. Y, lo consiguieron.

Al escuchar las entrevistas a las personas que vivieron allí, he sentido su chakra corazón, y también su estadio de león. Leones naranjas que chocaron con camellos del statu quo. Y, he pensado que las enseñanzas de OSHO ayudan a despertar la conciencia, a salir del estadio camello, a tener conciencia crítica, a confrontar, sentir coraje, a transformarse en león. Pero una vez que llegas ahí, ¿qué haces? ¿Puedes vivir en el mundo de camellos?

Es curioso, yo misma, con una confianza gigante en la fuerza de mi estadio león, pensé que me podía relacionar con el mundo desde ahí y compartir la visión del chakra corazón.

No fue así.

Y, esto es lo que he sentido al ver el documental, y como acabó la aventura americana de OSHO. Me di cuenta que también yo llegué a un punto de no retorno.

Supongo que por eso creó OSHO la comuna, porque despertó a miles de personas, y luego ya no podían vivir en el mundo de camellos. Pero los camellos, tampoco les dejaron vivir en paz en su bella comuna. ¿Enfrentarse a ellos? Tampoco. Los camellos son enormemente poderosos, pues las estructuras, las leyes, las han creado ellos el mundo lo dominan ellos.

¿Entonces?

Estoy cansada de luchar. Luchar, ser león…

Me di cuenta que el mundo exterior es el espejo del mundo interior de la humanidad. Si cambia el corazón de las personas, si se eleva la vibración del planeta, si cada vez hay más y más personas que inician el viaje espiritual, más sannyasins, el mundo será la bella comuna de OSHO.

Por ello, siento infinita compasión y empatía por las personas que se perdieron en el camino, Sheela, Janet y otros.

Estaría bien crear una red mundial de sannyasins. Y, empezar a meditar, amar, cantar, y bailar juntos.

 Supongo que esto es lo que hace el OSHO resort de la India, encender velas, que encenderán otras.