Vivir sin corazón…

Estos días he visto la película de Disney, Moana.

Me ha llamado la atención el mensaje de la película: La transformación que ocurre en nosotros cuando nos roban el corazón y no podemos sentir compasión, empatía, ver belleza, disfrutar. Entonces vivimos nuestra vida como unos monstruos que destruyen todo a su paso, llenos de ira, movidos por los deseos de venganza, cada vez más metidos en el pozo sin fondo de la oscuridad. Cuanto más profundo caemos, más daño nos hacemos a nosotros mismos y a los demás.

Siempre digo que el cambio en el mundo no será político, sino un cambio en el corazón de las personas.

 

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Viendo la película, no pude evitar pensar si el mundo es como es porque alguien ha robado el corazón de la humanidad y desde ahí, solo es capaz de causar guerra, desigualdad, desolación.

Es como si fuéramos robots programados para producir, y arrasar a nuestro paso, todo lo que se ponga en nuestro camino.

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Aunque la película ahonda más, y nos recuerda que todos llevamos luz y oscuridad en nuestro interior. Nos revela lo difícil que es Caminar hacia la luz, cuando a uno le han robado su corazón, su capacidad de amar.

Conectar con el corazón, protegerlo de los ladrones de luz como nuestro mayor tesoro, elevar nuestra vibración, buscar una y otra vez el camino de vuelta a la luz es un trabajo que lleva toda una vida.

Sentir las emociones de luz, la compasión, la empatía, la dulzura, el cariño,  cuidar, proteger, y dejar ir, desconectar del odio, de la venganza, de la tristeza, de la ira.

Cada camino tiene un rostro. Ese rostro nos indica si nos alejamos de la paz, de la libertad, del silencio o caemos en la confrontación, en la mentira, en el engaño, en el ego.

Y, el último y más importante mensaje de la película es, que para dejar de ser monstruo de la oscuridad, uno ha de saberse enfermo, desconectado del corazón, y uno mismo, y nadie más puede hacerlo por nosotros, ha de decidir buscar su corazón, y sanarlo, y contemplar la vida desde ahí, con humildad. Nadie puede ayudar a a quien no quiere ser ayudado. Nadie puede vulnerar su libre albedrío de elegir entre luz y oscuridad.

Así que, no puedo evitar pensar en el rostro de Juana Rivas, y veo el de una mujer conectada al corazón. No veo en su monólogo, oscuridad, solo un mensaje de magnanimidad. Veo a una mujer dulce, sensible que con el coraje de hembra mamífera protege a sus cachorros con la vida, y dice un no rotundo a la oscuridad que reina en el corazón de estos jueces que viven alejados de su corazón.

Hablar con el corazón a quien tiene el corazón cerrado y solo ve a través de la programación de la mente es tarea inútil.

Con tristeza, veo que estamos en un punto de no retorno, donde todo se va complicando cada vez más.

Pues para vivir en un lugar de abundancia y prosperidad, la conciencia de la humanidad tendría que cambiar de polo hacia la luz y la paz.

 

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Tengo la esperanza, de que una vela enciende muchas velas, y que cuanto más personas elijan esta polaridad, más estaremos en el camino hacia una nueva realidad.

Mientras tanto, la oscuridad lo invade todo, el ámbito empresarial, el financiero, el judicial, el político.

Mientras tanto los menores y sus madres están atrapados en la violencia de la intimidad, en la trampa del sistema social, o en la violencia institucional sorda y ciega ante su llanto por la libertad y la dignidad.