Valor social, Valor económico

Cada día mientras paseo a mi perrita, a media mañana, paso por una guardería, y dos residencias de la tercera edad. Y…oigo llanto en las dos.

No puedo evitar pensar que guarderías y residencias de la tercera edad representan de alguna manera, una parte del valor social que tradicionalmente han aportado las mujeres a la sociedad: cuidar.

Aunque suene horrible decirlo, es como si hubiéramos creado una sociedad fría, e insensible donde parece que aparcamos a la parte dependiente de la sociedad, a ancianos y a niños, en estas guarderías de diferentes edades, como si nos estorbaran, como si pensáramos que es suficiente con la eficiencia, con la forma, y la parte intangible o el contenido o el amor, el respeto, la presencia, escuchar, dialogar, abrazar, estar con los tuyos, la calidad de vida, ya no importara.

Guarderías de ancianos, donde los visten, los duchan, los ponen a dormir, los dan de comer, entre varias cuidadoras, como si fueran unos muñecotes grandotes, a los que no se les permite quejarse, y a la fuerza les meten la cuchara en la boca, sujetándoles las manos, mientras la comida les cae en su ropa, les ponen pañales, muchas veces, cuando todavía no lo necesitan, están en sillas de ruedas como aparcados, los desnudan a la noche entre dos, rápido, con prisa, y luego, uno, dos, tres arriba, y los levantan con fuerza, y a la cama a las siete. Como si ya a esta edad no tuviéramos valor, mientras esperamos a nuestra amiga la muerte con ansia, deseando que nos lleve pronto, y la espera, se hace eterna.  Y, cuando llega, morimos lejos de seres queridos en la soledad de una habitación.

Cuando paso por las residencias, pienso que a nuestras mascotas las ponemos a dormir para que no sufran y pienso, con frecuencia, mientras mi perrita olisquea por aquí y por allí y miro a estos viejecitos mudos, en sus sillas de ruedas al sol, porqué, nosotros, los adultos no podemos ponernos a dormir igual, tranquilitos, en lugar de llorar en la guardería de ancianos.

Otras veces mientras camino con mi perrita, me cruzo con estas mujeres valientes que vienen de lejos, de muchos países, para ganarse la vida cuidando a nuestros hijos, a nuestros mayores y también a nuestros perros. Algunas llevan del brazo, a personas mayores, algunas hacen la compra en el supermercado para las casas en las que trabajan, mientras hago yo la mía para mi familia, algunas pasean a los niños de otras mujeres, algunas llevan al pediatra, algunas recogen de las guarderías a los niños que cuidan, y pienso que yo como madre a tiempo completo he hecho yo misma todas estas cosas, y sonrío, y pienso que nada en la vida puede sustituir el haber podido cuidar yo a mis hijos, darles la comida, dormirles, sentir sus manitas y caritas calentitas, y leerlos cuentos y llevarlos a los parques desiertos en la mañana, y pienso que la sociedad que construimos, no pita, que quizá si la maternidad estuviera protegida, habría más madres a tiempo completo disfrutando de su maternidad para fortuna de sus hijos.

Resultado de imagen de caregiverLo curioso es, que en lugar de valorar este rol social que históricamente han desempeñado las mujeres…el patriarcado – capitalismo lo ha convertido en dinero, en un negocio. En lugar, de dar un valor económico al valor social del rol de Caregiver – cuidador, que han desempeñado las mujeres, el patriarcado – capitalismo lo ha externalizado. Es como si la sociedad cada vez fuera más dura, como si las mujeres hubiéramos perdido o rechazado o nos avergonzáramos de nuestra naturaleza femenina y nos hubiéramos convertido en una especie de hombres, llevando vidas de hombre, y mientras, los bebes, y los ancianos lloran en las guarderías, con un llanto desesperado.

Pienso en la absurda situación a la que hemos llegado en nuestra sociedad patriarcal al hacer leyes que otorgan a los hombres la libertad de repudiar a las madres de sus hijos, de desentenderse de ellas, forzándolas a ganarse el pan, como si su rol social histórico fuera indigno, o insuficiente o como si su trabajo en el hogar fuera insignificante. Cuando yo era niña, el papel de las madres era poderoso, digno de un enorme respeto. Hoy me encuentro con mujeres que no saben poner la lavadora, o no saben cocinar, y en muchos hogares me encuentro con que el varón toma todas las decisiones del hogar, y la mujer es una especie de cero a la izquierda, ni sostiene a la familia porque su sueldo sigue siendo de apoyo, ni ejerce de madre, aportando la tranquilidad, orden y amor, tradicional femenina. He escuchado a mujeres decir que sus hijos son egoístas porque cuanto más les das más quieren estar contigo. No entiendo porque son egoístas, según yo lo veo es su derecho natural estar junto a sus madres.

Proteger la maternidad es reconocer el valor social del Caregiver – cuidador, no solo en la forma y eficiencia, sino en el contenido, en términos de amor y presencia.

Proteger la maternidad es reconocer que el precio de las guarderías, de las residencias de ancianos, de las cuidadoras, internas y externas son la externalización del valor económico, que tanto cuesta reconocer del rol de Caregiver – cuidador, en su parte de forma.

Proteger la maternidad es reconocer que el valor social de la presencia, de la generosidad, del altruismo, de las madres tiene un valor económico intangible hoy y tangible mañana, la esperanza de una sociedad futura más bondadosa y pacífica.


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