Trauma y recuperación – Judith Herman. (2 de 2)

Quería dedicar esta entrada a la segunda parte del libro de Judith Herman, la que tiene que ver con la recuperación.

En la entrada anterior, escribí sobre la primera parte del libro la que trata el tema del trauma.

Este libro me ha gustado mucho por distintas razones. Una de ellas es el respeto que muestra hacia las personas que han atravesado un trauma. Otra razón es que no es un libro aséptico dirigido a profesionales, sino que abraza a la víctima, reconoce el daño, y el abuso. Otra es la sencillez de su exposición, llena de empatía y comprensión. Posición bien opuesta a la que miles de mujeres se encuentran en los tribunales, y en las consultas de psicólogos patriarcales.

La segunda parte del libro, a la que dedico esta entrada, me ha gustado porque señala una puerta de esperanza.

He escrito esta entrada, a partir de la lectura del libro Trauma y recuperación –Judith Herman, seleccionando aquello que resonaba profundamente con mi experiencia vivida.

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Como las características fundamentales del proceso de trauma son la pérdida del poder personal y la desconexión con los demás, la recuperación pasa por recuperar la confianza, la autonomía, la iniciativa, la competencia, la identidad y la intimidad.

La superviviente para recuperarse necesita reconstruir las funciones del ego que han sido tremendamente dañadas por la cautividad, tener iniciativa, llevar adelante planes, y poder realizar sus propios juicios. Cuando pueda responsabilizarse de las circunstancias materiales podrá empezar a recuperar su vida.

Sin libertad, no hay seguridad ni recuperación.  La libertad la consiguen pagando un alto coste. Rara vez se reconoce socialmente las dimensiones de su sacrificio.

Las mujeres han de ser vistas como supervivientes muy fuertes, no como impotentes y deteriorados pacientes.

La recuperación pasa en primer lugar por recuperar la sensación de seguridad, tanto un lugar seguro donde vivir, una seguridad económica, poderse mover con libertad, recuperar los ritmos biológicos de comer, dormir, para poder reducir los síntomas de hipervigilancia e intrusión.

Necesita un refugio, y gradualmente irá ampliando la esfera de contacto con el resto del mundo. Puede llevar semanas o meses poder hacer actividades ordinarias como ir de compras, visitar amigos, ir a trabajar o conducir.

Desgraciadamente, esto se ve entorpecido por la intrusión de los procedimientos judiciales, que le hacen revivir los síntomas intrusivos y ser revictimizada.

En la relación con los demás tiene que aprender a confiar y al mismo tiempo a protegerse a sí misma.

Comienza a cuidarse bien a sí misma, como realmente se merece.

Después de esta fase comienza el relato del trauma, con el recuerdo de sus relaciones, ideales, sueños, conflictos, y luchas antes del proceso traumático.

El  testimonio, el relato es sanador, saldrán datos, emociones, sentimientos y significados. Aunque puede ser que el relato tenga lagunas temporales, que la persona haya bloqueado de la memoria, y que solo podrán ser recuperadas con técnicas de hipnosis. El esfuerzo de contarlo produce una pena infinita, significa rendirse al llanto incontenible y el dolor intenso provoca la sensación de que esta etapa es interminable. Sin embargo, el proceso no se puede saltar o hacer con prisa. Es un proceso largo que lleva su tiempo y se acaba. Se acaba cuando ya no provoque sentimientos intensos, cuando es un recuerdo como otro.

La siguiente etapa es llevar a cabo el proceso de duelo. Todo proceso traumático lleva implícito la pérdida. Algunas mujeres  han perdido su integridad física y todas pierden la estructura interna de su relación de apego

El proceso del duelo está cargado de miedo, y de orgullo, porque la víctima se resiste a otorgar cualquier tipo de victoria al abusador, y espera infructuosamente una compensación, o perdón o venganza. La víctima piensa que se podrá librar del dolor, del miedo, de la vergüenza, tomando represalias contra el abusador y que solo ello le hará recuperar su poder. Pero los pensamientos de venganza aumentan su tormento, sus sentimientos de terror y degradan aún más su imagen de sí misma. Y, además son tremendamente frustrantes porque no pueden cambiar el pasado o compensar el daño hecho. Estos sentimientos surgen de la profunda impotencia vivida.

Es necesario que puedan ver la imposibilidad de obtener compensación, porque esperarlo en lugar de renunciar a ello impide el progreso del duelo, el enfrentarse a la realidad de lo que se ha perdido. Seguir enganchada a esta fantasía de que reconozca el daño, de recibir una disculpa o la humillación pública del abusador, le mantiene atada a él. La única forma de obtener  la liberación es la renuncia a la esperanza de cualquier compensación por su parte. A veces hay una variante que consiste en obtener la compensación de los observadores o del psicólogo. Asumir la responsabilidad del daño hecho a los otros, en la desesperación del momento o en la lenta degradación de la cautividad tiene un significado para la víctima. Aunque la víctima sea capaz de entender que la violación se cometió ante situaciones extremas, no le libera de la culpa y la vergüenza. Necesita procesar la pérdida de su integridad y encontrar una forma de compensar lo que no se puede deshacer.

Sacar la ira, la furia poco a poco le va transformando y va recuperando su poder al renunciar a las fantasías de venganza y recuperar la imagen de sí misma de no transformarse en una criminal.

Recuperar su vida, sanar depende de volver a sentir amor, esperanza, y energía, un amor reparador que no tiene porqué extenderse al abusador. La experiencia traumática queda en el pasado, comienza la fase de reconstruir la vida en el hoy, hacia el mañana.

En realidad, una vez transcurrido el duelo, la víctima se dará cuenta de qué poco le interesa la vida del abusador, y qué poco le importa su suerte. Incluso puede llegar a sentir compasión por él, dejar ir, desengancharse de los sentimientos.

No es perdonar al abusador, pues rara vez ocurre el milagro de que el abusador busca ser perdonado, y se lo gane reconociendo su daño, mostrando arrepentimiento, restituyendo el daño.

Después del duelo comienza la etapa de reconectar. Se ha dejado ir la forma de ser que el trauma ha destruido, se han puesto a prueba las viejas relaciones, algunas han cambiado para siempre por el trauma, ahora ha de desarrollar nuevas. Las viejas creencias que daban sentido a su vida han cambiado, ha de encontrar una nueva fe.

Es como entrar en un nuevo país, construir una vida radicalmente diferente, que la que han dejado, atrás la vida de control, y empiezan a disfrutar del encanto y la incertidumbre de la libertad.

Resurgen en esta tercera etapa, asuntos de la primera, como dedicar energía  a cuidar su cuerpo, su entorno inmediato, sus necesidades materiales, y su relación con los demás. Mientras que en la primera etapa, el foco era defender una posición de seguridad básica, en esta etapa, está lista para integrarse más activamente en el mundo. Su nueva seguridad le permite avanzar, tener una agenda, recuperar sus aspiraciones anteriores al trauma, o incluso descubrir nuevas ambiciones.

Las experiencias centrales del trauma son la impotencia y el aislamiento, las de la recuperación empoderarse y reconectar.

En esta etapa, la persona ha comprendido los efectos de la victimización, está lista para integrar lo que ha aprendido en su vida, tomar los pasos para aumentar su poder y control, protegerse de un futuro peligro y profundizar las relaciones con aquellos en los que ha aprendido a confiar.

Aprender a luchar.

Asumir el poder en la vida pasa por enfrentarse al peligro, al mundo con más confianza, con la cabeza alta, los pies en el suelo, respirando con facilidad, y mirando a los ojos. Tienen que sobreponerse a las presiones de la vida ordinaria de lo contrario vivirán experiencias simbólicas del trauma cada día. En el primer estadio, las personas se resguardan en un entorno seguro, en la tercera etapa, pueden desear tomar la iniciativa de confrontar a los demás. Están listas para revelar sus secretos, enfrentarse a los observadores pasivos y al abusador.

La superviviente se puede sorprender a sí misma por su coraje y atrevimiento, y ya no se siente intimidada o forzada a participar en relaciones familiares destructivas.

Reconciliarse consigo misma.

La afirmación “me tengo a mí misma” es el emblema de la tercera y última fase de la recuperación.

Ya no se siente poseída por el pasado traumático, su tarea es llegar a ser la persona que quiere ser. Esta nueva forma de ser integra aquello que más valoraba del pasado, la experiencia del trauma y la del periodo de la recuperación, y lo hace con imaginación y fantasía y sus capacidades liberadas.

En las etapas del principio la fantasía estaba dominada por la repetición del trauma, su imaginación por una sensación de futilidad e impotencia. Ahora revisita sus esperanzas y sueños. Al principio siente resistencia, pero a medida que se enfrenta a sus miedos, ha de definir también sus deseos e iniciativas. Necesita sacudirse la identidad de víctima.

Al sentirse con más ganas de aventurarse en el mundo, su vida se hace más normal. Al reconectar consigo misma, se siente más en calma, capaz de enfrentarse a su vida con ecuanimidad. Al principio esta existencia diaria pacífica le resulta extraña. Le aburre la vida de víctima, se siente con más ganas de perdonarse a sí misma. Puede incluso encontrar aspectos de su ser, que se ha forjado en la experiencia traumática, reconociendo el alto precio a pagar por ello. Comienza a tener un profundo reconocimiento de su impotencia, y una mayor apreciación de sus recursos de adaptación.

Y, siente un renovado orgullo, que es bien diferente de la sensación de grandiosidad de muchas personas que han sido traumatizadas, porque su cualidad de ser especial conlleva la sensación de aislamiento de los demás. Sin embargo, las supervivientes, son plenamente conscientes de ser normal, de sus debilidades, limitaciones y de su conexión y su deuda con los demás

Reconexión con los demás.

En la tercera etapa ha recuperado algo su capacidad para confiar. Confía cuando está justificado, y se retirará cuando no lo sea, y ha aprendido a distinguir entre ellos. Ha recuperado su capacidad de ser autónoma, y al mismo tiempo estar conectado a los demás, puede mantener su punto de vista y sus límites, mientras respeta el de los demás. Ha comenzado a tener más iniciativa, está lista para profundizar sus relaciones, buscar otras que no estén basadas en falsedad. Tiene una mayor capacidad de auto observación.

Como se centra en la identidad y en la intimidad puede sentir que atraviesa una segunda adolescencia, porque quien ha crecido en un ambiente abusivo se le negó la primera adolescencia, y a menudo carecen de las habilidades sociales, que se desarrollan en ese estadio de la vida. La timidez y la torpeza que convierten a la adolescencia en tumultuosos y dolorosa, se magnifica en adultos supervivientes. Los adolescentes se ríen nerviosamente, los adultos se ríen como antídoto a la vergüenza. Los adolescentes se agrupan en bandas, los adultos desarrollan nuevas intensas lealtades para poder reconstruir sus vidas.

Las supervivientes se conectan a la nueva generación, al intentar evitar la repetición a toda costa. Si tienen hijos reconocen como el trauma los ha afectado, si no lo tienen comienzan a desarrollar un mayor interés en la juventud.

Buscar un sentido a la vida.

La mayoría buscan resolver el trauma dentro de los límites de sus vidas, pero hay una minoría significativa que siente una llamada a involucrarse más allá de ellos mismos. Encuentran una dimensión política o espiritual en su infortunio y descubren que pueden transformar el significado de la tragedia, en acción social. Mientras que no hay una manera de compensar la atrocidad, si la hay de trascenderla haciendo un regalo para los demás. El trauma se redime cuando se convierte en la fuente de su misión.

El activismo social ofrece a la superviviente una fuente de poder aprovechando su iniciativa, energía y recursos, más allá de sus propias capacidades. Le ofrece la alianza con los demás, basada en la cooperación y en un propósito compartido. Participar y organizar esfuerzos sociales, supone usar sus mayores estrategias de madurez y de adaptación como paciencia, anticipación, altruismo y sentido del humor. Saca lo mejor de sí misma, al tiempo que obtiene la sensación de conexión con la mejor parte de los demás.

El activismo social puede conllevar desde involucrarse con los demás hasta objetivos más intelectuales. Pueden centrarse en ayudar a las víctimas, o esfuerzos educativos, políticos, o legales para prevenir o para llevar a la justicia a los abusadores, o dar a conocer la situación a la opinión pública. La superviviente habla de lo innombrable porque tiene la creencia de que esto puede ayudar a los demás, y al hacerlo se siente conectada a un poder más grande que ellos mismos.

Aquellos que lo hacen reconocen que lo hacen por su propia sanación. Al cuidar a los demás, se sienten reconocidos, amados y cuidados ellos mismos.

La verdad es lo que el abusador teme más.

Resolver el trauma.

Nunca se resuelve del todo, cualquier cosa lo reabre, matrimonio, divorcio, nacimiento de los hijos, muertes, enfermedades o la jubilación.

El mejor indicador de la resolución del trauma es la capacidad de volver a sentir placer, la capacidad de relacionarse con los demás y la capacidad para vivir más en el presente y en el fututo que en el pasado.

  1. Los síntomas del estrés post traumático están dentro de límites manejables.
  2. Es capaz de soportar los sentimientos asociados al trauma.
  3. Tiene control sobre la memoria, y puede elegir recordar o no.
  4. La memoria es una narración coherente, unida al sentimiento
  5. El ser dañado se ha recuperado
  6. Las relaciones se han restablecido
  7. La superviviente tiene un coherente sistema de creencias y su vida tiene significado.

Todos están conectados no hay un progreso lineal.

La superviviente se enfrenta a la vida con pocas ilusiones pero a menudo con gratitud, ha aprendido a valorar la risa, tiene un claro sentido de lo que es importante y lo que no lo es, habiendo conocido el miedo a morir, sabe cómo celebrar la vida.

Comunidad

Los sucesos traumáticos rompen los lazos entre el individuo y la comunidad. Aquellos que sobreviven aprenden que su sentido del valor, su humanidad, depende del sentimiento de conexión con los demás. La solidaridad del grupo aporta la protección más fuerte frente al terror y la desesperación. El trauma aísla, avergüenza, estigmatiza, degrada, deshumaniza.

Las supervivientes dicen que llega un momento en que se recupera el sentido de reconexión ante las muestras de generosidad de otras personas. La víctima siente que se ha destruido su fe, su coraje, y su decencia. Y siente un despertar ante una muestra común de altruismo. La recuperación comienza cuando descubre que no está sola.

Grupos de seguridad

El primer recurso no es un grupo. Prefieren estar con gente conocida que con extraños. Los grupos le desbordan, escuchar a otros puede desencadenar sus propios síntomas intrusivos hasta tal grado que no puede escuchar a alguien de forma empática ni tampoco aceptar apoyo emocional.

El grupo puede ser una ponderosa fuente de validación y apoyo durante la primera fase de la recuperación, pues intercambian información, identifican patrones comunes, comparten estrategias de autocuidado y auto protección.

El grupo puede promover las fortalezas de la superviviente, así como las estrategias para hacer frente a la situación.

La seguridad se construye sobre la base de normas de anonimato y confidencialidad. Tiene que haber protección frente a un liderazgo abusivo.

El trabajo el grupo se centra en establecer la seguridad en el presente.

Es un compromiso de baja intensidad, pues no revelan mucho de sí mismos, ni tampoco confrontan al otro.

Grupos para recordar y el duelo.

Explorar la vivencia traumática puede ser altamente perturbador para la superviviente en la primera fase, pero extremadamente productivo en la segunda fase.

Este grupo se orienta a descubrir el trauma, requiere de líderes activos y de miembros con alto nivel de compromiso.

Las dos características fundamentales son establecer un límite en el tiempo y centrarse en objetivos personales.

Promueve una alta intensidad emocional, al tiempo que ésta no se prolonga en el tiempo. Promueve un rápido lazo con los demás miembros.

Una superviviente está lista para esta etapa cuando se ha establecido su seguridad y su autocuidado, sus síntomas están razonablemente bajo control, sus apoyos sociales son fiables y las circunstancias de su vida permiten que entren en una fase que exige más de sí misma.

Al principio los síntomas de angustia pueden agravarse.

No sienten mejoras globales en sus vidas. Una restablecida sensación de sí misma no necesariamente les lleva a tener mejores relaciones con los demás, pueden incluso empeorar, porque no ignoran sus propios deseos y necesidades.

Grupos de reconexión

Muchas supervivientes han soportado un prolongado y repetido trauma, y reconocen que ha limitado y distorsionado su capacidad de relacionarse con los demás. Están relativamente desestructuradas.

Estos grupos fomentan que surjan conflictos.

Leer este libro, me ha hecho ver que no existe interés por parte de los tribunales y de los políticos de conocer profundamente las secuelas para mujeres y niños de la estructura social patriarcal y económica capitalista, pues este libro lo explica bien y está al acceso de todo profesional.

Al leer las distintas fases de la recuperación, no he podido evitar extrapolarlo al nacimiento de mi Blog.

De alguna manera he ido recorriendo muchas de las fases de la recuperación, de forma inconsciente, a medida que he ido escribiendo mis entradas.

De alguna manera, escribir me ha servido para contar mi historia, para liberar mi ira, mi pena, mi vergüenza, para acompañar a otras mujeres compañeras de viaje, para reconocer su dolor que ha sido el mío, para atravesar el duelo, para recomponer mi identidad rota, para recuperar la conexión conmigo misma, para recuperar mi coraje, para encontrar un sentido a mi vida más allá de los límites de mi experiencia en el activismo, para distinguir entre lo verdaderamente importante y lo accesorio.

Y, todavía me queda camino de recuperación que recorrer. Volver a tener confianza en el género humano, para poder reconectar con los demás,  volver a apreciar la belleza, volver a reírme, a celebrar,  a amar la vida.

Para poder llegar a esta fase es preciso tener prosperidad y abundancia. Si una sigue, de otra manera, en estadio de superviviencia, enfocado en el primer peldaño de la pirámide de Maslow… no se puede ascender a la autorealización.

El activismo social, las manifestaciones con la esperanza de ser escuchados, me temo, que hay que dejarlas atrás y buscar alternativas que dependan solo de nosotras, y empezar a construir ya, y dejar ir la ilusión de que nuestras peticiones van a ser escuchadas por el Estado patriarcal.

Con gratitud a Judith Herman.