Spiritual journey…

Estos días he participado en un hilo de chat sobre la estrategia de la educación en la escuela, de educar en valores, de eliminar los micromachismos,  los estereotipos de género.

Lo que veo es que esto es una tarea bien difícil, quizá incluso, una utopía, porque existen muchos tipos de escuelas, de diferentes ideologías políticas y religiosas. Cada una tiene su propio sistema de valores. De manera que igual que según la ideología del partido del poder cambia el sistema educativo, o se modifica la ley del aborto, resulta que de haber un plan educativo de valores, estaría sujeto al mismo vaivén.

Y por otro lado, según yo lo veo los valores nacen en el seno de la familia, en la calidad de los vínculos, en las muestras de respeto y amor, entre los padres y de los padres para con los hijos, en su madurez, en su nivel de abundancia, en la generosidad de los tiempos compartidos.

Y… el Universo me trae esta foto.

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Y, después aprendí que el viaje espiritual no tiene nada que ver con ser amable. Tiene que ver con ser real y auténtico. Con tener límites. Con valorar mi espacio primero, y el de los demás después. Y, en este espacio, de cuidarse a uno mismo,  ser amable, sucedió, fluyó, no motivado por el miedo sino por el amor.

Y, este es otro de mis monólogos, iniciar el camino espiritual que conduce irremediablemente a la sanación del corazón humano, de las heridas emocionales de la infancia, de las que brota la crueldad y la violencia. La bondad brota del corazón del ser humano, cuando el mundo interior está en paz, cuando el meditador llega al corazón.

En un mundo de seres espirituales, de alta vibración, no sería necesario educar en valores, porque el respeto, la libertad, la paz, la bondad, emanarían de cada uno de los corazones humanos.