Según haya sido nuestra historia personal…

Estos días me he dado cuenta de hasta qué punto nuestras historias personales condicionan la forma en que opinamos del divorcio, bien por las asignaturas pendientes de nuestra infancia, o bien por el lado del divorcio en que la vida nos pone o pone a nuestras personas queridas.

Veo que muchas veces, incluso, dedicamos toda nuestra vida a reparar socialmente aquello que nos dolió de niños, o de adultos. Con toda la sinceridad del mundo, reconozco, que mi Blog, surge de ser testigo de la vida de las mujeres en todo el mundo, de su sometimiento por la sociedad patriarcal y del impacto que ello tiene en sus hijos, y por tanto, en el tipo de sociedad enferma que volvemos a crear generación tras generación pasando de padres a hijos los mismos patrones una y otra vez. He dedicado mi vida a aquella visión que tuve desde bien pequeña del papel tan vital que supone para los hijos sentirse querido, recibir toneladas de cariño, sentirse libre y respetado, tener una vida slow – tranquila, sentirse acompañado, y escuchado, de carpe diem, de vivir el ahora, de llevar una vida sencilla. He dado mi vida porque mis hijos nunca tuvieran el vacío de amor y cariño, que me ha acompañado desde niña, y que nunca tuvieran el exceso de autoridad con el que yo crecí que te deja seco, perdido, tambaleante. Y esa visión o misión vital, todo lo que he hecho o he dejado de hacer me ha llevado al momento actual, en el que siento el enorme amor que sienten mis hijos hacia mí, en la forma en que lo expresan de mil maneras cada día con sus actos, su ternura, su mirada, y por el contrario, también me ha llevado a la situación de una mano delante y otra detrás, a mi camino vital solitario, y a librar una batalla judicial en la que mi ex marido nos ha metido a mis hijos y a mí, y que se complica y se enreda cada vez más. Por esa misión vital y por el precio que pago escribo este Blog.

Igual que yo tengo mi propia historia, me he encontrado muchos puntos de vista de amigos, conocidos, o personas que he conocido, bien diferentes. Por ejemplo, una de las psicólogas que he conocido en estos años era hija de padres divorciados. Como ella sintió alivio cuando se separaron, pues…ese era su consejo, animar a divorciarse. Las ramificaciones de la decisión no importaban. Es como si esa persona de entre treinta y cuarenta se hubiera quedado anclada en aquella niña que solo sabía una cosa de la vida…que el divorcio acababa con la bronca. Y seguía mirando el divorcio desde la perspectiva de una niña pequeña y vulnerable, que no podía saber cuáles eran las implicaciones emocionales, legales y económicas.

El hermano de una amiga dejó a su mujer con dos niñitas pequeñas. La más pequeña de dos años. Él mantenía a la familia, y sin embargo pidió custodia compartida (no hay pensión alimenticia). Pienso en esa pobre mujer con sus dos niñitas, y desde mi matrismo y con la información que tengo no puedo evitar ver el comportamiento del hermano de mi amiga como un acto de cobardía, inmadurez e inconsciencia. También pienso que cuando un hombre como el hermano de mi amiga, piensa que el papel de la madre no tiene valor, y que por tanto, él puede hacerlo sin problema y tener una carrera profesional en la que viaje, esté fuera todo el día, etc, etc…quizá explique por si solo porque ha habido divorcio. Con frecuencia, me encuentro con que muchos de estos hombres sienten frustración por no desempeñar o tener los logros profesionales que quisieran, o por haber tenido un despido, o un embargo y haber puesto en riesgo el primer peldaño de la pirámide de la familia. En lugar de ser conscientes de ello, proyectan este cúmulo de insatisfacción en su pareja, no valorando en su justa medida el rol femenino. Si mi amiga, fuera la hermana de la mujer su perspectiva sería distinta, probablemente. Ahora está tan posicionada en el lado de su hermano, que no puede ver el sufrimiento que su hermano ha llevado a sus hijas, y su madre, y el impacto de por vida que tendrá en estas niñas.

Otra de las historias personales es la de otro psicólogo, que va por su tercera mujer. Por tanto, en su consulta anima a los hombres que quieren dejar a sus mujeres, y a las mujeres que se meten en medio de un matrimonio las ayuda a no sentir culpa, bajo la justificación de que la relación está acabada, y que no tienen ninguna responsabilidad con respecto a sus mujeres, porque ya pagan por sus hijos. Y, a las mujeres abandonadas, las intenta convencer de que la culpa es suya, para su horror. Esta historia personal me recuerda al arquetipo del Seeker – buscador. Es un arquetipo adolescente, que sin embargo vuelve a activarse en la crisis de los cuarenta, cuando vemos que va quedando menos camino. Este arquetipo es el que nos enseña a ser fiel a nosotros mismos. Las personas con este arquetipo activo tienen miedo de la intimidad porque piensan que su identidad se pierde en la relación, y por eso tiene problemas para comprometerse, teniendo problemas de aislamiento, alienación y soledad. Quieren aventura, ser libres, probar cosas nuevas, independencia, ser autosuficientes, tener éxito, son ambiciosos. Cuando hay problemas en las relaciones …desaparecen. Carecen de espíritu de equipo y lealtad. Es el Peter Pan del cuento que nunca quiere crecer, que quiere disfrutar de la juventud. También veo al arquetipo del Destructor, que deja caer lo que no cuadra con su libertad sin considerar las consecuencias de sus actos y el precio en términos del dolor que causa el cambio. (C. Pearson)

También me he encontrado con otro hombre que ha dejado dos familias, viéndose beneficiado por el enfoque patriarcal de la ley del divorcio. Sin embargo, la vida le ha puesto en el otro lado, pues su hija con sus dos hijas ha sido abandonada por el marido. Hallándose en el otro lado al apoyar a su hija, está siendo de alguna forma consciente de los dos lados de la moneda.

Tengo dos amigas que viven con hombres divorciados casi veinte años mayores que ellas. Hombres con responsabilidades familiares. Mis dos amigas tienen la opinión de que las mujeres con hijos deberíamos dejar libres a nuestros maridos tan pronto no seamos felices porque pueden serlo con otras mujeres. Dicen que no entienden porque los hijos no quieren ver a sus padres. Río por no llorar. Son bien ingenuas sobre lo que supone sacar a los hijos adelante, del ingente esfuerzo, de la dedicación,  de la generosidad, que supone dar vida, y de lo que supone sacrificar tu vida por otro ser humano más vulnerable. Pienso que las mujeres que pasan su vida en el arquetipo del Lover – amante, y nunca está activo en su vida el de Caregiver – cuidador de alguna forma no maduran completamente, quedan ancladas en arquetipos adolescentes. Una de ellas me dice que él pasa la mitad de la pensión de jubilación a su ex mujer, y no se plantea, qué pasa con ella en la emancipación económica de los hijos, momento en que dejan de percibir pensión alimenticia, o con su pensión de jubilación. La otra amiga dice que su pareja pasa dinero por su hija, y que ahí se acaba la responsabilidad (como decía el psicólogo de las tres mujeres)

Estos días he vuelto a oír hablar del linaje masculino y de la importancia para el desarrollo de los hijos de éste. Decir, que este es el estereotipo vigente, socialmente aceptado, que no importa lo que haga el hombre a la mujer, incluso matarla, que los hijos necesitan este linaje supersónico. Y yo me pregunto, ¿para qué? o ¿siempre? Según yo lo veo, probablemente los hijos varones imitarán estos patrones de arrogancia, y violencia con sus hijos y mujeres, y las hijas probablemente tendrán un cónyuge que las maltrate. Y en este supersónico linaje perpetuamos los patrones de violencia contra las mujeres. También me he acordado del linaje al leer estos días y ver imágenes sobre la mutilación de los órganos femeninos, o de matrimonios de niñas de ocho años, y de las muertes por perforación del útero en la noche de bodas, o de la prohibición del acceso a la educación o los métodos anticonceptivos o de embarazos de niñas de diez años. Desde dentro de mi alma me sale un grito de basta ya, de dolor por la injusticia, por la falta de libertad, por el sometimiento de las mujeres, y tengo el convencimiento de que si la maternidad estuviera protegida, habría más amor y respeto en la Tierra, incluso soy capaz de ver una sociedad sin ego, donde las madres enseñáramos el arte de amar, y así la luz vencería a la oscuridad del arte de la guerra del linaje masculino tradicional.

Y…¿quién tiene razón?, dice una de estas amigas, bien indignada. Por un lado veo, que de alguna forma, todos tenemos razón y por otra, si vuelvo mi mirada a la historia, pienso que tenía razón Martin Luther King, Gandhi, Mandela, Malala o Lincoln. Y pienso, que quien tiene más razón es la parte más vulnerable, la menos libre, la que tiene menos poder, en este caso, la maternidad. No puedo evitar pensar que si la maternidad estuviera protegida quizá tanto hombres como mujeres viviríamos más livianos. Según yo lo veo a los unos les pesa la carga de la responsabilidad económica, y a las otras les ahoga la de proteger la pirámide de Maslow de sus hijos, es decir,  sus necesidades económicas para poder seguir cubriendo ellas las emocionales y psicológicas. Empiezo a pensar, que quizá el matrimonio es una institución destinada a desaparecer. Según yo lo veo si la maternidad estuviera protegida, quizá no sería necesario y dejaría de haber este pulso por librarse de unos y por proteger por parte de las féminas. Y así, todos contentos.


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