Roles nurturing y protecting.

Los niños necesitan tener cubiertas las necesidades de abrigo y alimento, y seguridad y amor, y presencia, y respeto y límites, y risa, y paz, y libertad para ser uno mismo, y sosiego, y normas flexibles y orden. Y quien tenga hijos sabe por experiencia que proporcionarles esto es, mucho, muchísimo trabajo, que supone un sacrificio y una dedicación, que se extiende en el tiempo más de veinte años. En realidad, es bien difícil que lo pueda hacerlo bien una sola persona, porque no solo necesitan una figura protecting – que traiga el pan, que cubra las necesidades físicas, y una figura nurturing – que cuide, rol normalmente desempeñado por las madres, sino con frecuencia, el apoyo de abuelos, cuidadoras, etc. Por tanto, difícilmente se pueden cubrir después del divorcio.

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Sacar a los hijos adelante, es un trabajo en equipo, donde cada uno tiene que aportar su parte, y respetar y valorar la parte del otro, y desde luego mantener los compromisos de cada parte, para con los hijos hasta la emancipación de éstos, y entre las partes durante toda la vida. Para que ellos crezcan rectos, nosotros hemos de dar ejemplo de responsabilidad, y honor y respeto y sacrificio y amor.

Mi generación es la del baby boom y en mi niñez era bien raro que las madres no estuvieran con los hijos y trabajaran fuera de casa. Madres trabajadoras eran la excepción. Mi madre era una de ellas. Y, recuerdo como si fuera hoy, su doble jornada. Cierro los ojos y la veo venir cansada con las bolsas de la compra, y poner lavadoras, tomarnos la lección, planchar, hacer la cena, y acostarse bien, bien tarde, derrotada. Pero también nos recuerdo a los tres hermanos que estábamos solos al llegar del colegio, jugar, pelear, ver la tele como si fuéramos fierecillas. Cuando nos quedábamos en casa por estar malitos, venía nuestra tía abuela, que era un trocito de cielo, dulce, alegre, sensible, y muy cariñosa. También venía algunas tardes hasta que venían nuestros padres, cerca de las ocho. Los tres hemos querido a nuestra tía abuela con verdadera locura, pero ella no era una figura de autoridad para nosotras, solo de amor. Si mi queridísima tía que llenó de amor la vida de nosotros tres, no era una figura de autoridad que nos obligara a estudiar, o a portarnos bien o a hacer los deberes, difícilmente lo pueden hacer las cuidadoras que contratamos para el servicio doméstico. Así que, crecí pensando que la doble jornada de mi pobre madre era una injusticia, para ella y también para nosotros tres. Supongo que por ello, yo he sido madre a tiempo completo, y los he acompañado y disfrutado de su vida hasta hoy. Y, han tenido aquello que añoré: una madre disponible que estuviera presente, que contara cuentos, que hiciera rosquillas, que jugara con nosotros, que estuviera contenta y feliz vs una super woman que ayudaba a traer el pan y era ama de casa y profesora y …con la agenda bien repleta de quehaceres y estrés. Y así como yo crecí, crecen hoy la gran mayoría de los niños…con una super woman. En fin, yo que lo viví sé que no se puede hacer las dos cosas igual de bien, porque no se puede estar en dos sitios al mismo tiempo.

En la actualidad cada pareja tiene su propia combinación de distribución de responsabilidades. Hay familias con madres que son la figura protecting, y padres que son la nurturing, familias con dos protecting y ninguna nurturing, y los niños crecen con cuidadoras, etc. Pero todavía hoy en la mayoría de ellas es la madre la nurturing y el padre la protecting porque la madre deja de trabajar o sus ingresos son pequeños en relación con el padre, por reducción de jornada o porque se abre una brecha en las carreras profesionales de ambos por la crianza de los hijos, aunque partieran del mismo lugar o incluso de mayor poder adquisitivo de la madre antes del nacimiento del primer hijo. Y yo misma estaba en ese grupo.

Cuando la figura protectora no quiere asumir la responsabilidad de proteger a la familia, no a los hijos, sino a la familia, y rompe su compromiso para con la madre de sus hijos, y no valora en su justa medida las necesidades de los hijos en términos de presencia de la madre, y el sacrificio que las mujeres hacemos para poder satisfacer estas necesidades, porque comienza otra relación, o porque dice que necesita realizarse a sí mismo o porque no es no está dispuesto al sacrificio vital que supone la paternidad, existe una inmadurez subyacente que ha de reconocerse en términos jurídicos, protegiendo a la mujer y a sus hijos en consecuencia. Es decir, cuando la figura protectora deja de aportar su parte al equipo, la figura “nurturing –que cuida” no puede realizar su rol, pasando a ser prioritario que desarrolle ella misma el rol de proteger, dejando en un segundo plano el de nurturing.

Proteger la maternidad es entender que avanzamos hacia el ocaso del patriarcado, que ya no está justificada la insistencia legal que los hijos necesiten al padre porque él aporta cosas diferentes a su desarrollo. La enorme variedad de combinaciones del rol de nurturing y protecting de nuestra sociedad, cuestiona profundamente dicho paradigma. Muchas mujeres son ambas figuras, hoy. Y, se da, que cada vez hay más hombres que se quedan en casa (Home Fathers) siendo nurturing, que potencialmente incurren en la misma contingencia que las mujeres que desempeñan este rol. Aunque todavía dejar a la familia, por una mujer más joven, o porque tienen que realizarse personalmente, y abandonar sus responsabilidades familiares, sigue siendo una acto más propio del varón. Quizá después de todo siga siendo cierto lo que decía Erich Fromm en su libro “El arte de amar” que el único amor incondicional, es el de la madre.

Si dejamos al margen todo lo establecido y lo miramos con una mirada nueva, el sentido común nos dice que una infancia feliz no es obligar a pernoctas en dos casas, y convertirse en niños maleta, es estar en tu casa en paz, sin broncas, tener a tu madre contigo feliz y relajada para que pueda atenderte, recibir y ser testigos de amor, y respeto y presencia, estar rodeada de personas que comuniquen serenidad y seguridad, tener las necesidades físicas, emocionales y psíquicas cubiertas, y desde luego no sentir miedo, o intimidación y presenciarlo.


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