Relato de una niña a la que SAP separó de su madre.

Es un relato autobiográfico desgarrador, de una sociedad  insensible al llanto de los niños, sorda a sus gritos de ayuda y de miedo, cruel, despiadada, deshumanizada, de corazón duro y enferma. El libro de Patricia Fernández, Ya no tengo miedo está escrito con el alma, cada una de sus palabras rebosa amor hacia su madre, gratitud hacia su verdadero padre, no el biológico, sino el hombre que hizo feliz a su madre, cada día de su vida, ejemplo de respeto, paz y dignidad, y también revelan sus palabras, una amistad profunda y bellísima con su hermano pequeño.

Patricia eres una gran escritora. Espero que vengan muchos libros más, como éste, llenos de esperanza, y superación y amor.

La ley integral contra la violencia, el juzgado de violencia, el 016, todo parece una mentira al leer el libro de  la vida de Patricia, su hermano Jesús, y Sonia, su madre, una guerrera como le llama Patricia.

He llorado y llorado al leer el libro, porque me sentía profundamente identificada con sus palabras, porque yo sé que el divorcio significa que ya no puedes proteger a tus hijos, que SAP te quita de en medio, que los ves llorar, sufrir, enfermar, chillar, ir una y otra vez al juzgado, tener pesadillas, y no puedes hacer nada, porque la ley integral de la violencia y la ley del divorcio se ha olvidado de los niños. Si lo haces, la justicia lo interpreta como que obstruyes, manipulas, lavas el cerebro, gracias a SAP. Porque lo que nadie habla  es del “deber trampa de la custodia“, que es facilitar, obligar, imponer a los hijos, la relación parento filial. Y si no lo haces, te juzgan por delito, y puedes terminar en la cárcel y sin custodia.

Hace unos días leí en Facebook un chat sobre si denunciar o no. Yo invito a cada una de estas mujeres que defienden la denuncia, que lean el libro, y que vean el corto de  “La última gota”, quizá así entiendan que lo mejor sería eliminar el juzgado de violencia y que en las sentencias del juzgado de familia, se incluya siempre cualquier indicio de violencia o abuso, y la causa por la que se da el divorcio. Si el 80% no denunciamos y en el juzgado de familia existe esquizofrenia al hablar de violencia, y te desvían al juzgado de violencia…pues algo no pita en todo esto. Si no se quita la patria potestad definitivamente, no temporalmente al maltratador, si no se les priva del régimen de visitas, se le pone en bandeja seguir torturando a mujer e hijos.

Yo digo que después de la orden de alejamiento, viene el régimen de visitas, y los Puntos de Encuentro, y…Aldeas Infantiles. Y la pesadilla vuelve a empezar para los niños. El relato de las vivencias de Patricia y su hermano, en ambos sitios, es sobrecogedor. Me resulta imposible entender como todos esos trabajadores con ese nivel de crueldad pueden dormir tranquilos al no ser que sean psicópatas. Como estos bloques de piedra, actúan como robots sin corazón, y obedecen sin cuestionarse la ética, (como los nazis que metían a los judíos en las cámaras de gas) y se ponen en el lado del maltratador y son capaces de las aberraciones que cuenta Patricia con todo nivel de detalle. Las escenas de dolor en los Puntos de Encuentro…no tengo nombre para describirlas. Los Puntos de Encuentro y Aldeas infantiles son lugares donde literalmente se tortura a los niños.

Por cierto, he decidido dejar de contribuir a Aldeas Infantiles. Si son capaces de hacer a niños lo que hicieron a Patricia y a su hermano, y apoyar y simpatizar con un maltratador, es decir, si son saperos, no me interesan.

La realidad es que los niños son pocas veces escuchados y normalmente, ignorados. Como dice Consuelo Barea, hay que escuchar más a los niños, respetarlos, porque los niños no mienten.

Actualmente, la única protección que tienen es cumplir años. El tiempo corre a su favor. La mayoría de edad…es la frontera de su salvación, para lo que han tenido que perder su infancia entre psicólogo sapero, y psicólogo sapero, entre fiscales y jueces de corazón seco.

A Patricia le separan de la madre, le dan la custodia al padre, cambian el régimen de visitas, son espiados por los empleados de los Puntos de Encuentro, y los de Aldeas Infantiles que los amenazan, se burlan, se ríen de ellos. Pero ¿qué justicia es ésta que se dedica a la tortura de mujeres maltratadas y niños, asociándose con el maltratador, dictando normas que parecen salidas del mismísimo maltratador?

Describe perfectamente al maltratador como ex-marido y como padre. Describe, para aquellos que tengan la mínima duda que no existe la dicotomía padre amoroso, marido maltratador. Como trata a la mujer trata a los hijos. Como decía Alice Miller, la relación con los padres es la que es y nunca cambia. Describe los juicios, y juicios y juicios, fruto del uso de la justicia como arma de violencia, con el beneplácito de la justicia.

Patricia describe muy bien la infancia rota de los niños víctimas y testigos de violencia, describe que un maltratador es un mal padre, describe fielmente la máscara del hombre encantador en la esfera pública que con su dotes manipuladoras, niega su responsabilidad y proyecta toda la culpa en la mujer y de esta forma logra aislar a la mujer y a los hijos; habla de su intimidación, su negligencia, sus gritos, su mal humor, sus miradas despectivas, su “aquí se hace lo que yo digo”, su falta de culpa, en la esfera privada; muestra como al quitar a la madre del entorno con el divorcio, hace y deshace con los niños a sus anchas, sin informarles de nada, si tener en consideración sus sentimientos, sus opiniones, sin respetarles, y como el entorno se convierte en cómplice del maltratador, yendo a los juicios a testificar en contra de la mujer maltratada, provocando una soledad  profunda, un entorno hostil donde no te puedes agarrar a nada.

Describe que el afecto no se impone, que solo se consigue más odio.

Describe entre líneas, algo que dicen los saperos que a través de la Terapia de la Amenaza, consiguen hacer que los niños sean fuertes, que sean resilientes, a costa de amargarles la infancia, y hacerlos madurar a golpe de látigo, arrasándoles interiormente.

Patricia describe muy bien como la sociedad se posiciona al lado del poder, y como la justicia más ciega que nunca, hace que con la custodia compartida, o la retirada de la custodia a la madre protectora, con quien los niños han desarrollado un vínculo limpio de apego seguro, una nueva forma de seguir maltratando a estas mujeres guerreras y a sus hijos, con la violencia institucional, de la mano de SAP.

Espero que cada uno de los jueces, fiscales, asistentes sociales, cada trabajador de los Puntos de Encuentro, y de Aldeas Infantiles responda de su responsabilidad en la tortura emocional de estos niños.

Espero que finalmente lleguemos a un lugar donde no haya más Patricias y Luises y Sonias, un lugar donde se Proteja la maternidad, donde se proteja a las Protective mothers – madres protectoras, en lugar de hundirlas. Un lugar donde en primer lugar se deje a los niños vivir una vida digna, llena de respeto, amor y paz. Pues no veo otra manera de crear un mundo mejor, si no es con una infancia feliz, de personas sanas emocionalmente.

El libro de Patricia, conecta con el corazón.

Gracias Patricia, y gracias a Sonia, su madre que sigue en huelga de hambre. Sois las dos unas guerreras.