Régimen de visitas.

Otra de las razones que frenan a la mujer es el derecho que la ley confiere al varón de obligar a los hijos en contra de su voluntad a tener una relación con él. En España se acepta como una verdad incuestionable en los juzgados que es bueno para el menor tener una relación con el padre aunque sea un indeseable, independientemente de su ética, del maltrato a la madre, o de la irresponsabilidad del impacto en la familia del divorcio. Y, se impone al menor, mediación, visitas tuteladas o terapia psicológica para mejorar la relación con el padre, como si el vínculo pudiera reconstruirse cuando está roto. Esta postura judicial perjudica y prolonga el sufrimiento de los menores, en el tiempo hasta la mayoría de edad. El vínculo es algo delicado que surge de la espontaneidad, de la generosidad, y de la confianza, no se puede imponer, sin provocar el efecto contrario: el rechazo. Cuando el vínculo está muy deteriorado o no existe, la imposición del régimen de visitas al menor en contra de su voluntad es un atentado contra su dignidad personal, lleva a la rebeldía con problemas con la policía, a la depresión, y de nuevo, a la indefensión, a los juicios de faltas a la madre, con la consiguiente multa, o la reclamación a la Audiencia Provincial, o a recibir una Demanda de ejecución de sentencia y solo se puede una defender, de esta aberración legal que en lugar de proteger los Derechos del niño, atenta contra ellos, presentando una Demanda de modificación de medidas y cruzar los dedos para que el juez, ésta vez, dé la libertad al adolescente, y la familia por fin, pueda tener un poco de paz, para enderezar la vida, curar heridas emocionales, parar el enorme derroche económico, las cartas del juzgado, el estrés de los buro faxes, dejar de sufrir angustia permanente, acabar con la guerra de los tribunales, que ha sustituido a la de cuerpo a cuerpo pre-divorcio, que si cabe es más frustrante, y más injusta, para poder llegar a buen puerto y por fin, descansar.

Cuando el menor tiene más de 12, tiene que entrevistarse con el juez, y depende de la lotería del día puede concedérsele o no, la libertad de ver al padre cuando quiera. Ni siquiera entre los 14 y los 17 es automático, que el juez dictamine un régimen libre y voluntario para el menor. Imponer un régimen de visitas en contra de la voluntad del adolescente, tiene difícil puesta en práctica, porque a esta edad sus horarios de estudio, deporte y ocio, son bastante autónomos.

Cuando es menor de 12, aunque el menor lo suplique se obliga literalmente al menor, porque la mayoría de los jueces consideran que los menores tienen que ser obligados a obedecer y callarse.

Entre las cosas me ha llamado la atención en este sentido saber que:

  • Un menor no tiene el derecho de ir a la policía y denunciar a sus padres o a dejar constancia de que no quiere cumplir con el régimen de visitas, ni existe la figura del defensor del menor, ni ninguna otra institución a la que un menor pueda acudir y ser escuchado.
  • Si el menor se niega o se escapa, la ley culpa a la madre por desobediencia, porque la ley estima que la madre ha de obligar al hijo a ir con el padre, e ignorar su llanto, sus sentimientos o su criterio, o su sufrimiento, y que tiene la obligación legal de convencer y fomentar la relación parento-filial, y puede haber juicio de faltas, pudiendo retirarle la custodia a la madre o ir a la cárcel o tener una demanda por incumplimiento de la sentencia. Y..un juicio de faltas, tras una simple denuncia en la Comisaría, implica un coste de honorarios al letrado, más la multa, si lo pierdes, más la reclamación a la Audiencia Provincial.
  • Los menores no son protegidos por el Estado de un progenitor con el que tengan una mala relación o al que teman, o que afecte a su dignidad como personas.

Proteger la maternidad sería:

  • Liberar a los hijos de las mujeres maltratadas del régimen de visitas.
  • Fijar la custodia y el régimen de visitas según la relación que el menor tenga con los padres, independientemente de la edad, sin imposiciones.
  • Si un menor no quiere cumplir el régimen de visitas, a cualquier edad, se le respete, prime su equilibrio, su serenidad, su criterio, y se deje de castigar a la madre por ello.
  • Se deje de proteger el patriarcado con el tema de manipular, obstaculizar, influir a los menores, conflicto de lealtades, alienación parental, madres maliciosas, etc. Los niños saben quién es su padre, y quien es su madre. Y, desde bien pequeños saben a quién quieren y a quien no (relación de apego). Y, con quien quieren estar y con quién no. Y, es bien importante, empezar a considerar que existe una memoria de sentimientos que no de actos desde antes de nacer, hasta los siete años. Y, muchas veces solo ante un estado de relajación profunda o hipnosis podemos rescatar algo que no todo, de ese periodo de nuestras vidas, en la vida adulta. De manera, que cuando un juez pone entre la espada y la pared a un niño para indagar por qué no quiere a un progenitor, a veces, solo lo sabe, no recuerda por qué. El menor sabe que odia, teme, siente indiferencia o ama, porque sí. Es enormemente injusto que un juez de familia, desconozca este dato cuando impone un régimen de visitas ordinario al menor porque no le queda claro la falta de vínculo. Con mucha frecuencia, se le trata de caprichoso cuando es un arraigado sentimiento, verdaderamente real, e imborrable, que le acompañará y condicionará para siempre en su vida de forma incontrolable. Y es que, todo lo que hacemos en la vida tiene consecuencias. Si un hijo no quiere a su padre o a su madre, hay que respetarlo, y desde luego protegerle.
  • Que antes de los siete años, edad de gestación de la relación de apego, los menores no se les separe de la madre.
  • La patria potestad sea de la mujer.
  • Aceptar que si los hijos aprenden de los actos de los padres, es una aberración social ignorar no solo el ejemplo que se le está dando al menor cuando se le impone relacionarse con el padre aunque sea un indeseable, independientemente de su ética, del maltrato a la madre, o de la irresponsabilidad del impacto en la familia del divorcio. Porque, lo que enseñamos es a mirar a otro lado cuando se pisan los valores fundamentales de un ser humano, y abrimos la puerta a ser cómplices del bullying – acoso. Porque lo que hacemos es pasar de generación en generación que el hombre puede tratar mal, insultar, despreciar, ignorar, recriminar, a la madre de sus hijos, sin ninguna repercusión.
  • Hacer un contrato matrimonial, previo al nacimiento de los hijos, ante Notario, que recoja los puntos anteriores.

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