Película: Spirit.

Hoy he vuelto a ver Spirit,  mi película favorita de dibujos.

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Espíritu que nunca pudo ser domado.

¡Qué película más impresionante!

Conecto con el espíritu indomable del caballo cimarrón, con su alegría, fuerza, valor, libertad, y con la manera con la que protege a su manada.

Conecto con la manera en que lucha una y otra vez por su derecho a ser libre, a correr por las praderas.

Conecto, también, con cómo cae en la esclavitud de la civilización enferma, por desconocimiento de la oscuridad que reina en el corazón humano. Y, qué rápido aprende que no puede enfrentarse, siempre. Tarde o temprano vuelven las cadenas. Te liberas de unas y te encuentras con otras. Cuanto más lejos de la civilización mejor.

Conecto con la pureza de su corazón noble, que inspira a otros, que libera a otros.

Conecto con esa capacidad de colaboración que existe en la naturaleza.

Conecto también con el corazón del muchacho indio, con su alegría, con su paciencia, con la ternura con la que trata a los caballos.

La belleza de la naturaleza en todo su esplendor, antes de que el hombre la contamine.

Los colores de las estaciones.

Da que pensar. ¿Cómo es que el hombre rompe el equilibrio mágico de la naturaleza?

Hay un momento en la película, donde está muy cansado, muy triste, hambriento, helado de frío. Y, en ese momento, ve un momento de su cajita de recuerdos felices. Su visión le reconforta, y le devuelve el calor a su corazón. No se rompe su espíritu y cae en la oscuridad. Sigue hacia la luz, pensando y buscando cómo ser libre. Y, su estrategia cambia. Ahora sabe que la fuerza y la nobleza no son suficientes. Ha conocido la vulnerabilidad. Y, es a través de ella, como consigue engañar al hombre, a sus cadenas, sus pistolas, y su látigo. Lo importante es poder escapar, ser libre.

Por todos los espíritus libres, indomables, nobles y puros.