Película: María Magdalena.

Tenía muchísimas ganas de ver María Magdalena.

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La figura de María Magdalena siempre me ha llamado la atención.

La película nos pinta una mujer dulce, muy fuerte, enormemente compasiva que deja atrás a los suyos para seguir a Jesús.

Me llama la atención que se destaca en su lugar de origen por ser diferente, por no encajar, por esperar de la vida algo diferente a lo establecido. Y, por no querer seguir aquello que se establece como correcto sin ser cuestionado. Me llama la atención cómo se rebela, usando la palabra, diciendo no, y luego, ante la impotencia ante una sociedad insensible a lo diferente, resistiéndose a doblegarse, sumiéndose en una profunda tristeza, hasta que conoce a Jesús.

Resueno profundamente con esta María. Me recuerda a mí misma, cuando ya de niña veía el sinsentido de la sociedad, la falta de libertad, la desigualdad, la oscuridad del mundo. También yo tenía ese anhelo que ella expresa de descubrir el verdadero propósito de mi vida, de buscar, sin saber qué buscar, de llenar un vacío sin saber exactamente cómo. También yo desde niña fui diferente, y fui buscadora. Y, quizá resueno por encima de todo con su fuerza, su independencia, su valor, que emanan de su cerebro emocional, del poder de su corazón, de su capacidad para sentir compasión.

Solemos ver una imagen de Jesús que ilumina a los demás con su bondad y su luz. Una figura de paz, de amor, llena de dulzura. El Jesús de la película es diferente.  Y, sin embargo, quizás es más real ésta interpretación de la película. Llama la atención su expresión de imponente cansancio, el intenso sufrimiento que se refleja en sus movimientos, en su mirada, cada vez con menos esperanza en la humanidad,  el desgaste físico tan grande que le supone sanar a los demás y la frecuencia en la que las lágrimas humedecen sus ojos.

La relación entre Jesús y María Magdalena es también interesante. La influencia de María en Jesús, que provoca un acercamiento a las mujeres, dejando ver su desconocimiento de cómo relacionarse con ellas. Da la sensación que le siguen más mujeres que hombres, que su mensaje de amor, lo captan ellas, y sin embargo, ellos, ansían un Jesús soldado, que cambie el mundo exterior.  Jesús ve su fuerza de espíritu, y en determinados momentos, se abre a ella, y reconoce sus miedos, su fragilidad, su vulnerabilidad, y se apoya en ella. Quizá el momento más intenso para mí es el intercambio de miradas entre ellos cuando Jesús está en la cruz.

También es diferente el tratamiento de los discípulos. El enfoque de que siguen a Jesús por su propio interés que no tiene que ver con el espíritu sino con liberar al pueblo de la cautividad de los romanos. Para ellos, Jesús es un libertador, una figura política.

Me gusta cómo humaniza tremendamente la figura de Judas, cuya historia es digna de compasión.

Y, me ha recordado la peli, que al final es ella y no ellos, la que acompañan a Jesús en la cruz. Es ella la que llora en la puerta del sepulcro. Es ella la que le ve cuando resucita. Es ella la que capta su mensaje, el poder liberador del perdón, el poder liberarse del peso del odio.

¿Qué se siente al tener tanto odio el corazón?

¿Desaparece con el paso del tiempo?

Al final de la película, cuentan como el papado en cierto momento decide cambiar la historia y transformar a María Magdalena de apóstol a prostituta. Sé que también borraron de las escrituras la reencarnación. Me pregunto qué más cosas han cambiado de su historia.

Viendo la película no he podido evitar pensar, qué poco ha cambiado el corazón humano, y cómo Roma robaba con los impuestos a los pueblos a los que sometía. La Roma que luego fue sustituida por los castillos, y hoy por las empresas. Distintos disfraces para una misma realidad, la explotación, el robo, a cuenta de la acumulación de capital, los prejuicios de quien vive en estado camello, y la rebelión de los leones.

Y… el deseo de un nuevo mundo de adultos de corazón de niño, como decía Jesús.

El mundo cambiará cuando cambiemos nosotros.