Película: Mamma Mía.

Me ha gustado mucho, Mamma Mía 2, tanto o más que la 1.

Desde el principio de la película se me puso una sonrisa.

Se me iban los pies siguiendo el ritmo. Al lado había unas señoras, que bailaban en sus butacas, la mar de felices.

 

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La película conecta energía de vida.

Las cosas bellas de la vida, que aportan las relaciones ricas entre las personas.

Las versiones jóvenes de los personajes son bien simpáticas. Alegría, espontaneidad, vida, belleza…

Contrasta con las versiones adultas.

Me ha hecho pensar en el tipo de vida, o de mundo en el que vivimos. Un mundo en el que poco a poco, vamos perdiendo esa alegría, esa frescura de la juventud, esa confianza en la vida, esas ganas inmensas de vivir intensamente, de conocer, experimentar, vivir, amar, bailar, reír.

El exceso del pilar del rigor, el exceso de mente patriarcal, y lo empequeñecido que está nuestra vida emocional y la libertad y espontaneidad del cerebro instintivo.

Y, vuelta a mi monólogo del hambre de amor y libertad.

He ido dos veces al cine a verla, por la inyección de alegría, por la vibración de vida tan alta que me hace sentir. Y desde entonces, en cuanto escucho la banda sonora, me pongo la sonrisa, y la alegría de vida, aunque solo sean los instantes que dura la música.

Y, sueño con un mundo donde los seres humanos, tengamos esa alegría, esa energía de vida, a lo largo de nuestra vida adulta, y bailemos alegres hasta el final de nuestros días.