Película: Kiriku y la bruja.

Hace unos días me he acordado de Kiriku y la bruja. Es una de las pelis de niños de dibujos, que más me gusta.

Resultado de imagen de kiriku espina brujaQuizá porque representa la transformación que ocurre en nosotros cuando nos invade la oscuridad.

Cuando nuestro interior está lleno de ira, de odio, de profunda tristeza, estas emociones salen inconscientemente en nuestro quehacer diario. Salen en la forma en que nos relacionamos, en la que conducimos, en la que cocinamos, en la que hacemos nuestro trabajo.

Todas estas emociones están dentro de nosotros, porque forman parte de la historia de nuestra vida, nuestro niño interior herido. La historia del dolor que nos infringimos unos seres humanos a otros. La historia del dolor de nuestro género, de nuestra raza, de nuestros ancestros. La historia de sometimiento, de desigualdad, de intolerancia, de manipulación, de guerras, de corrupción que vamos pasando de generación en generación.

Por donde pasa la bruja, las plantas mueren: Todas estas emociones de baja vibración, impiden literalmente que las plantas crezcan, enferman a nuestras mascotas, y a nosotros mismos. Los niños que viven en un entorno violento tienen montones de secuelas, físicas, y emocionales.

Nuestro cuerpo, la expresión de nuestro rostro, irradia nuestro sufrimiento, la falta de paz que tenemos en nuestro interior.

Me recuerdo a mi misma, en una parte de mi viaje hacia la luz, el silencio, la paz y la libertad, en el estadio de leona.

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Simbólicamente, la peli  representa este daño, con una espina clavada profundamente en nuestro interior. Cuando nos la clavan, sentimos un dolor inmenso, profundo. Es una espina envenenada por el dolor de la espina de otros, a los que a su vez otros han clavado una espina. El veneno se propaga por nuestro cuerpo, nuestros sentimientos y nuestros pensamientos. La semilla del odio, se extiende imparable. Y, volvemos a sentir el mismo dolor inmenso, al sacarla.

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Y, sin embargo, igual que le ocurre a la bruja de la peli…qué paz, qué alivio, qué libertad cuando ya no sentimos ese dolor constante cada momento de nuestra vida.

De pronto, se abre una puerta de esperanza. Podemos ver belleza en todo, en la sonrisa de los niños, en el sonido de las hojas de los árboles acariciados por la brisa. De pronto, sentimos a los pajarillos, las gotas de agua en los cristales, la calidez de los rayos de sol en nuestras mejillas…

Y, pienso en el mundo, en la espina clavada en el corazón de la humanidad.

¿Y, si cada ser humano, en lugar de seguir en estadio león, luchando, peleando, reivindicando intentara sacar su espina particular?

Qué inmensa belleza, una humanidad sin espina. Una humanidad que viviera para la verdad, para la compasión, la colaboración, para proteger la naturaleza, para vivir en contacto diario con ella, para amar, abrazar, ayudar, para la paz, la concordia, la tolerancia, el respeto a la singularidad.

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Que se hundiera el barco patriarcal, que dejara de funcionar el sistema financiero, la economía, la política.

Que las fábricas de armas se quedaran desiertas, que ningún hombre quisiera ser soldado.

En el estadio león, pensamos ingenuamente que cambiando el mundo exterior, el mundo será diferente. No es cierto. La motivación del estadio león, es la ira. Una ira descomunal por la espina que llevamos en nuestro corazón. Una ira llena del veneno del odio.

Como en la peli, el mundo será de luz, paz, y libertad, cuando cambiemos nosotros.

Ojalá que fuera tan fácil, sacarnos la espina, como en la peli.

Es un camino largo, un paso adelante, y dos para atrás y vuelta a empezar. Los que mueven los hilos del mundo necesitan camellos, los leones son molestos. Y, sin embargo, también usan la ira del león en su contra. Provocan su ira con más sometimiento, menos libertad, más desigualdad, más impunidad. Provocan su estallido inconsciente.

No somos libres ni siendo camellos, ni siendo leones.

Somos libres cuando en nuestro interior crece un jardín de flores multicolores.

Somos libres porque la motivación de nuestros actos es la compasión hacia nosotros mismos, y los demás.