Película: El rey proscrito

Hoy quería escribir sobre esta peli, el Rey Proscrito. Reconozco que llevaba un tiempito esperando en mi lista esperando el momento para encontrarme con la motivación de verla. Por un lado, me parecía interesante que fuera la continuación histórica de Brave Heart. Pero, por otro, estoy convencida de que el patrón de masculinidad, desde el principio de los tiempos solo ha traído destrucción, y horror. Las guerras, la sangre, el hambre, la desigualdad, las clases sociales, son la consecuencia lógica de la mente patriarcal, del desequilibrio con el corazón, con la compasión.

Empecé viendo con pereza las escenas del principio. Sentí cierto desasosiego, como otras veces, al ver la oscuridad que reina en el mundo. Escenas que ocurren hace muchos siglos, y sin embargo, tan actuales. La humanidad no aprende, la vida se repite incesantemente.

Tiranía, luchas de poder, envidias, hipocresía, miedo, sometimiento, falsedad, crueldad, destrucción.

He elegido esta imagen de la peli porque, para mí, es la esperanza de la Nueva Tierra; el equilibrio entre hombres y mujeres, resultado de la evolución espiritual de la humanidad.

Para ello, la humanidad tiene que llegar a la conciencia Búdica o Crística. La unión entre Shiva y Shakti. La unión entre el rigor y la misericordia. Consciencia y Devoción.

Y, esto es lo que he percibido en esta peli.

Chris Pine interpreta a Robert Bruce, el rey escocés que logra liberar a Escocia de la tiranía del rey inglés.

Florence Pugh interpreta a la joven reina, Elizabeth.

Fuerza, honor, valor, dulzura, compasión, nobleza, sencillez, respeto, generosidad, magnanimidad, lealtad…

Y estos adjetivos…

Aplican igualmente a hombre y amujer, a rey y reina por igual.

Otra relación bellísima de tres amores, eros, philia, agape.

Un patrón de masculinidad diferente, que nutre a la mujer que corre con los lobos.

Hombres fuertes y dulces, veraces y generosos…

Esta escena es una de mis preferidas.

La ternura que muestra Bruce, en el gesto de acariciar la cabeza del padre anciano. Incluso la voz con la que se dirige a él es tan bella, que pareciera abrazarle con la profunda dulzura de su tono.

Y, sin embargo, tal para cual.

Las lágrimas del padre al reconocer con humildad su preocupación por haber errado en su decisión, son un gesto tan diferente al patrón de masculinad vigente, egótico que enternece profundamente. Sus lágrimas trajeron lágrimas a mis ojos, y lloré al reconocer qué anhelo siento por la transformación y sanación del corazón del hombre.

Contemplo estas escenas de la vida del siglo XIV, el trabajo invisibilizado de las mujeres de ayer y de hoy. Y, por otro lado, las escenas de respeto entre rey y reina, de apoyo mutuo, limpias, directas, sencillas, y no puedo evitar pensar cuan diferente será la Nueva Tierra.


 

Film: Outlaw King

Today I wanted to write about this movie, Outlaw King. I admit it has been waiting on my list for a while waiting for the moment to find the motivation to see it. On the one hand, I found it interesting that it was the historical continuation of Brave Heart. But on the other, I am convinced that the pattern of masculinity, since the beginning of time, has only brought destruction, and horror. Wars, blood, hunger, inequality, social classes, are the logical consequence of the patriarchal mind, of the imbalance with the heart, with compassion.

I started watching the scenes from the beginning lazily. I felt certain unease, like other times, seeing the darkness that reigns in the world. Scenes that occurred many centuries ago and yet are so current. Humanity does not learn, life is repeated incessantly.

Tyranny, power struggles, envy, hypocrisy, fear, subjugation, falsehood, cruelty, destruction.

I have chosen this image of the film because, for me, it symbolizes, the hope of the New Earth; the balance between men and women, result of the spiritual evolution of humanity.

To do this, humanity has to come to the Buddic or Christic consciousness; The union between Shiva and Shakti; The union between rigor and mercy; Consciousness and Devotion.

And, this is what I’ve noticed in this movie.

Chris Pine plays Robert Bruce, the Scottish king who manages to free Scotland from the tyranny of the English king.

Florence Pugh plays the young queen, Elizabeth.

Strength, honor, courage, sweetness, compassion, nobility, simplicity, respect, generosity, magnanimity, loyalty…

And, these adjectives…

They apply equally to man and woman, to king and queen alike.

Another beautiful three-love relationship, eros, philia, agape.

A different pattern of masculinity, which nourishes the woman who runs with the wolves.

Strong and sweet men, truthful and generous…

This scene is one of my favorites.

The tenderness that Bruce shows, in the gesture of caressing the head of the elderly father, even the voice with which he addresses him is so beautiful that he seems to embrace him with the deep sweetness of his tone.

And yet, two of a kind.

The tears of the father, in humbly acknowledging his concern that he has erred in his decision, are such a different gesture to the common pattern of ego-based masculinity, that deeply heartwarms. His tears brought tears to my eyes, and I wept as I recognized how longing I am for the transformation and healing of man’s heart.

I contemplate these scenes of 14th-century life, the unvisibilized work of women of yesterday and today. And, on the other hand, the scenes of respect between king and queen, mutually supportive, clean, direct, simple, and I can’t help but think how different the New Earth will be.