No se puede mediar en violencia de género.

Mediar es que una tercera persona ayude a llegar un acuerdo. Suele ser un abogado mediador. No acabo de entender esta figura, porque si la relación es de igual a igual, los dos ganan lo mismo, los dos tienen una relación de apego sana con los hijos, los dos limpian el baño, llegan a casa al mismo tiempo, ninguno tiene la costumbre de escaquearse o de anteponer sus necesidades a las de la familia, ninguno se gasta o invierte sin consenso el dinero de la familia, hay una relación de respeto entre ellos, ninguno ha crecido a costa del otro, tienen igual patrimonio, igual carrera profesional…pues no se divorcian. Y si lo hacen es en igualdad, y por tanto, no necesitan al mediador.

Entonces por eliminación, la figura del mediador aparece cuando hay conflicto. Conflicto como que una ha dejado su carrera, o tiene un hijo con discapacidad, o enfermedad grave y tienen régimen de separación de bienes, y la mujer se queda con una mano delante y otra detrás. Conflicto como que una vive con un narcisista o con un psicópata, que le ha convertido en un bonsái con los años, cortando su crecimiento personal, aislándola del mundo, de amigos, de familia, como que se ha gastado su dinero, como que él ha crecido profesionalmente acosta de mantener su independencia de toda responsabilidad que no sea dar órdenes o imponer su criterio o tomar todas las decisiones importantes, como que una vive como una adolescente teniendo que pedir dinero, como que una hace todo el trabajo no remunerado, sin derecho a pensión y se hunde en un pozo sin fondo. En fin, toda una vida en la que el hombre machista te ha ignorado, humillado, faltado al respeto. Y, mientras el otro piensa que no ha hecho nada y quiere mediar.

Mediar es no tener en consideración la situación de las mujeres maltratadas que describe Ana María Pérez del Campo, Presidenta de la Federación de Asociaciones de mujeres separadas y divorciadas, las secuelas de la pérdida de identidad total o parcial a causa de la violencia sufrida, ni entender ni aceptar las actitudes de la víctima a presencia judicial, sin comprender el bloqueo emocional de una mujer maltratada, producido a causa del miedo insuperable o por sentimientos de culpa o vergüenza inculcados por el agresor para mantenerla sometida bajo su dominio.

En mi caso personal, mediar equivale a que yo haga lo que él impone. Como no ocurre, entonces se habla de mediar.

Estoy de acuerdo con Ángeles Alvarez – Feminista socialista diputada por Madrid  y con Vela Luz en que no se puede mediar en casos de violencia de género.

  • El maltrato psicológico destruye la identidad de la víctima con lo que se eliminan los presupuestos mínimos para intentar un restablecimiento de una igualdad que en la relación bilateral del caso durante la convivencia nunca se ha dado.
  • Pretender la mediación ante un cuadro de violencia de género favorece la impunidad del agresor y pone en riesgo la vida de la víctima que la soporta.
  • La víctima de las agresiones machistas está sometida, sojuzgada y controlada, por lo que carece de las condiciones mínimas para defender sus intereses en situación de igualdad frente al agresor.
  • La mediación en violencia de género sólo beneficia al agresor por la impunidad que representa darle entrada en la negociación sin examinar previamente su responsabilidad delictual y la expectativa que le ofrece de reincidir en su comportamiento agresivo una vez obtenido el divorcio.
  • Los agresores cambian sus formas de agresión pero sin dejar de hacerlo en el futuro porque hayan tramitado su divorcio a través de la mediación. El agresor es un incumplidor nato de los acuerdos.
  • La mediación en violencia sólo beneficia al que la ejerce, porque sigue sometiendo a la víctima a un daño más contra su dignidad.

Mediar en violencia de género representa el desconocimiento del profesional, el mal uso de la profesión y un riesgo impredecible para la víctima Las mujeres que denuncian violencia de género lo hacen para salir de las garras del maltrato, no para ser inducidas nuevamente a él mediante negocios varios representados por conductas corruptas.