Neurociencia: El sistema límbico.

De acuerdo, con una versión simplificada del cerebro según Janet L. Crawford, en el artículo “The brain-friendly organization: What Leaderships needs to know for Inteligence to flourish” podemos distinguir tres niveles en éste. El neo-cortex responsable del pensamiento de alto nivel, de la capacidad de razonamiento y del pensamiento orientado al futuro. El segundo el sistema límbico, o centro emocional, y la tercera, el cerebro – reptiliano, más orientado hacia el nivel de supervivencia.

El sistema límbico es responsable de la parte emocional que compartimos con los mamíferos. Como los demás mamíferos podemos detectar el estado emocional de los demás y actuar en consecuencia. A lo largo de nuestras vidas las personas de nuestro entorno ejercen una influencia en nuestro bienestar físico, mental y emocional. Así hay personas que entran en una habitación y generan calma, mientras que otras causan el efecto opuesto. Cualquier violación de nuestra confianza por pequeña que sea afecta profundamente nuestro cuerpo, elevando nuestro ritmo y presión cardíaca y nuestros patrones de sueño. Proteger la maternidad, es escuchar a los menores cuando expresan con quién quieren vivir, y con quién quieren relacionarse y respetarlo, para protegerles de la angustia que les supone la convivencia con quien no les genera calma y sosiego.

Nuestro sistema límbico tiene la capacidad de “aprender o reprogramarse” de los demás. Por tanto, proteger la maternidad implica, que nuestros hijos vivan rodeados de personas estables emocionalmente, para que puedan integrar sus patrones de comportamiento saludables. Y, evitar, rodearlos de personas estresadas o reactivas, porque al no ser que realicemos prácticas diarias de apoyo y fortalecimiento de nuestro neo córtex, nos volvemos reactivos y violentos. Y, realizar meditación, relajación, dieta sana y ejercicio, no es lo habitual en nuestra estresada vida del mundo occidental. Entre otras cosas, por la creciente ausencia de las madres en los hogares, y su efecto en orden, tranquilidad y calma. Cada vez es más habitual, que esta situación de desprotección de las mujeres en el ejercicio de su maternidad impida llevar al hogar la tranquilidad necesaria para que los hijos crezcan sin estrés, y cada vez hay más menores con crisis de ansiedad, e hiperactividad. Cada vez hay más niños que padecen depresión, que toman medicación psiquiátrica.

Nuestro sistema límbico no distingue entre lo imaginado y la realidad. De manera que cuando pensamos acerca de algo, nuestro sistema límbico lo siente como si lo estuviera viviendo. En situaciones de trauma o de pérdida, nuestra mente y cuerpo queda inundado por estas señales de riego que solo existen en nuestra mente, y solo podemos ver lo que cuadra con nuestro estado emocional, y no nos es posible abrirnos, o estar receptivos a información diferente.

Proteger la maternidad implica aceptar que el perdón no se produce con la herida abierta, lleno de dolor, necesita tiempo para cicatrizar, necesita silencio, respeto, paz, para que un corazón arrasado pueda latir de nuevo. Superar el valle de las lágrimas, o una pérdida lleva tiempo, y paciencia, y respeto. Nadie puede ver las cosas de forma diferente, lleno de dolor, sin poder cerrar la herida. Nadie quiere a nadie a la fuerza.

Proteger la maternidad, implica dejar que el tiempo ponga las cosas en su lugar, y respetar los tiempos que un ser humano – un menor, necesita para poder perdonar a un progenitor con el que no quieren relacionarse.

Proteger la maternidad, es cuestionar los protocolos psicológicos, que rigen en la actualidad, y la aplicación implacable del régimen de visitas de la actual ley del divorcio. Porque si tomamos en consideración esta información que nos trae la neurociencia, ¿cómo es posible que solo el 3% de los hijos de mujeres maltratadas quede exento del régimen de visitas con un maltratador? ¿Cómo es posible que la súplica de un menor y su llanto, sean ignorados en los juzgados? ¿Cómo es posible que vivamos en una sociedad donde la compasión por el sufrimiento de un menor se ignora? ¿Cómo es posible que prime el derecho del padre aún acosta del equilibrio emocional del menor? ¿Cómo es posible que después del sufrimiento de los menores y sus madres, llegado el divorcio sea admisible someter a la fuerza al menor a terapia para querer al progenitor rechazado? ¿Cómo es posible que alguien pueda pensar que esto es posible a la fuerza? ¿Qué clase de sociedad pretendemos crear haciendo que los hijos de mujeres maltratadas física o psicológicamente, crezcan pensando que el honor, el respeto, la compasión, la paz, la humanidad no importan, y que les tiene que dar igual lo que hayan vivido porque no es su problema, y que pueden querer y de hecho han de querer al padre haya hecho lo que haya hecho?


Otras fuentes:

No culpéis a la víctima

El cerebro se nutre de amor

Los abrazos activan la química cerebral del bienestar, la calma y la alegría, incluso a largo plazo


Si te ha resultado útil esta entrada, quizá, te gustaría colaborar a mantener vivo este Blog comprando el libro de Por una maternidad protegida. La involución de los derechos de la mujer y de la infancia en occidente, en Amazon.

Por una maternidad protegida – Kindle.

Por una maternidad protegida – Papel.