Narcisista perverso – acoso moral.

Dicen los expertos, que no hay un perfil del maltratador, que es un hombre normal, machista, amparado por el orden social patriarcal. Y, sin embargo, es curioso que al escuchar las historias personales de mujeres maltratadas en este último año, pareciera como si todas hubiéramos estado casadas con el mismo hombre. Quizá, por ello, en los foros internacionales de mujeres maltratadas, con frecuencia, se habla de la personalidad narcisista, sociópata, o psicópata, de los maltratadores.

Escribo este artículo, pues, por mi intuición de que se repite el patrón, de que será un hombre normal desde el punto de vista clínico, pero desde donde yo lo veo, tiene unas cualidades de personalidad enormemente destructivas, que sin embargo, no se tienen en cuenta en el juzgado a la hora de fijar custodia o régimen de visitas, pero que curiosamente, en lo penal, se utilizarían como atenuantes, siempre en beneficio del orden patriarcal.

Vicente Garrido se refiere en su libro Amores que matan a dos tipos de maltrato,  el dependiente y el psicópata. No puedo evitar asociar el dependiente con el apego ambivalente que causan el padre tirano autoritario, y el apego evitador con el psicópata que causa la madre fría.

Este artículo habla de este último, de aquel que  busca aprovecharse de ella, controlarla para sentir los beneficios de alguien sumiso y bajo su dominio (…) controla pero solo cuando él quiere, como ejercicio de su autoridad (…) adora su independencia y no la arruinará por vincularse con una mujer (…) da la impresión de que quiere mucho pero solo en la medida que necesite esta estrategia para someter a la mujer (…) no es menos capaz de ser violento (…) se trata de castigarla por haberle desafiado; de un odio nacido de su narcisismo herido…

Todas estas conductas narcisistas, que a continuación podéis leer, son las que provocan el acoso moral o el maltrato psicológico, que siembra el terreno para que se dé la violencia física.

Los narcisistas están bien considerados socialmente, al menos al principio, porque muestran asertividad y confianza en sí mismos, cualidades que se requieren para lograr el éxito social y laboral que es una de las dependencias de este tipo de personalidad, a las que se dedican en cuerpo y alma, reduciendo el tiempo dedicado a la intimidad a la mínima expresión.

El narcisista se integra a su vez en una sociedad enferma narcisista, por ello, en la esfera pública son hombres normales, con frecuencia, con éxito profesional, mientras que las mujeres, cada vez más empequeñecidas por el acoso moral, por el acoso económico, carecemos de solvencia económica. Desde fuera, lo que parece, es que los cuerdos son ellos, nosotras las dependientes e inútiles. En realidad, es una sociedad que valora el estatus, el éxito, la apariencia, una sociedad donde la mentira, la manipulación y la explotación son las monedas de cambio.

Los narcisistas muestran una máscara hasta que se han consolidado los lazos con la mujer, a través de una hipoteca, la boda, el embarazo o el nacimiento del primer hijo. Hasta ese momento se muestran encantadores, correctos, resueltos, serios, amenos, equilibrados, cálidos, muy competentes, y esta imagen encantadora es la visible en la esfera pública.

Después empiezan a mostrar su verdadera y monstruosa naturaleza…

Los narcisistas expresan grandiosidad, se consideran únicos y especiales, mejor que la gran mayoría de las personas, y por ello, con el derecho a tener un trato especial. Solo se relacionan con personas de alto estatus, porque para ellos los demás no tenemos valor. Disfrutan mandando, tienen una inflada visión de sí mismos, por ello se muestran arrogantes y con aires de superioridad, aunque lo más representativo de ellos es que mienten, manipulan y explotan a los demás. Supongo que por ello de que el ladrón considera que todos son de su condición… nunca confían en nadie, y debido a ello, siempre son ambiguos en su comunicación, dicen que no han dicho lo que han dicho, que han dicho lo que no han dicho, hacen promesas y asumen compromisos que nunca se materializan, son mentirosos patológicos. Para ellos, decir la verdad es ser débil, cuando en realidad es la base de una relación, junto con  la capacidad de sentir compasión, confianza y bondad. En consecuencia, no trabajan bien con los demás, y no suelen poder desarrollar una relación duradera, basada en la igualdad y en la reciprocidad, porque no valoran a los demás, no respetan sus derechos, y además, agota su necesidad constante de reconocimiento y admiración. En cuanto convives con ellos ves que ni son encantadores, ni son equilibrados, ni son cálidos, y lo que ves es que en realidad son hostiles y arrogantes, e incapaces de auto-critica, y por tanto, jamás se disculpan por nada porque son incapaces de sentir culpa o remordimiento.  Nunca hacen nada mal, no son responsables de nada, siempre se salen con la suya, son artistas haciéndose los mártires y su estrategia de los silencios es un horror. Un narcisista es incapaz de amar.

No existe posibilidad de comunicación verbal con un narcisista, se encogen de hombros, suspiran, mantienen una expresión corporal tensa, una mirada esquiva,  bloquean el diálogo negando la existencia de cualquier conflicto, haciendo imposible cualquier posibilidad de discutir, y buscar soluciones, y lo hacen porque no les interesa en absoluto la opinión del otro. Hablan con frialdad, expresando desprecio y burla, provocando miedo, sin elevar la voz, para irritar al otro. Sus argumentos, son la mayoría de veces una tomadura de pelo, incoherentes y sin sentido. Ante la incapacidad de hablar, la mujer busca la opción escrita y… horror, todo lo escrito será usado en su contra en un juicio. En público y en privado el narcisista se burla de las convicciones del otro, de sus ideas políticas, de sus gustos, ofende, descalifica y ridiculiza, cuestiona la capacidad de tomar decisiones.

Su afán de superioridad esconde un enorme vacío interior, una baja autoestima, y una envidia constante de lo que tienen los demás, que le hace estar todo el tiempo comparándose a todos. Aunque inconscientes de esta envidia, la proyectan en los demás a los que acusan de envidiarle.

Envidia a los demás, intentando perjudicar a la persona envidiada. Nunca está contento con nada, todo es esfuerzo, todo es complicado, tienen una insatisfacción continua con la vida. Apaga cualquier entusiasmo a su alrededor, y su pesimismo, su permanente actitud de que todo el mundo es malo, arrastra a la depresión a quien conviva con él. Agrede a otro para salir de la situación de víctima de su infancia. Se hace la víctima abandonada, y atrae a un compañero consolador, una y otra vez a lo largo de su vida.

Un narcisista considera que está en posesión de la verdad absoluta y así da la impresión de saber de lo que habla, atrae a las personas más inseguras y establece un proceso de dominación donde solo hay comunicación en una dirección del narcisista a la mujer, y si a la mujer se le ocurre rebelarse, el narcisista la tachara de agresiva y maligna.

Como padres pueden ser absorbentes o negligentes, o pueden oscilar de un polo a otro. En la esfera pública, sin embargo, consiguen engañar a los demás con su imagen encantadora y afectuosa, tan diferente a la que se da en la intimidad, al ser incapaces de escuchar, de sentir empatía, de entender y respetar los sentimientos de los demás, provocando miedo, tensión, ansiedad, y literalmente bloqueando a los niños. Por eso, en la edad adulta resulta necesario cortar de raíz con el abuso del padre narcisista.

Un narcisista no está interesado en la energía positiva se nutre del espectro negativo del drama, del miedo, de la angustia, de la bronca. Sus estados emocionales normales son el resentimiento y la ira, sobre todo, cuando no es admirado como espera. El narcisista transforma la tristeza, en rabia y en deseo agudo de venganza. Cualquier herida narcisista, como un fracaso o un rechazo, le provocará este deseo de revancha de una ira destructora.

Critica todo y a todos, y sin embargo, no admiten ninguna acusación o reproche. Al criticar evitan ver sus propios fallos.

La  violencia del narcisista es sutil, no se ve desde el exterior, es condescendencia, crítica, devaluación, ofensa, hostilidad, intimidación, es un tono frío, amenazas sutiles.

Al principio todo está bañado de benevolencia, y dulzura, de forma que la mujer no es consciente de la violencia, y se somete sin darse cuenta. Mediante esta estrategia, consigue el narcisista aislarla, mantenerla dependiente económicamente, hacerla pensar que no tienes ningún valor, dejarla agotada física y psíquicamente, y conseguir que tenga más miedo de irse que de quedarse.

Es extremadamente difícil salir de una relación con un narcisista, porque exprime al otro de tal manera que no queda nada. La relación se establece en favor de los intereses del narcisista, en contra de los de la mujer, estableciéndose una relación de dependencia, de dominación, creada por el narcisista, donde la negociación es imposible. Poco a poco, el narcisista va acumulando poder, sometiendo a la mujer, abusando de ese poder y usará la fuerza para mantenerlo. No es que la mujer sea masoquista y por eso no sale, sino que está atrapada en una relación destructiva de la que no se puede escapar.

Cuando la mujer se atreve a plantar cara, cuando toma la firme decisión de recuperarse, de liberarse del sufrimiento entonces la estrategia del narcisista es el odio, que hasta entonces estaba disfrazado, y sale abruptamente al exterior. No es que el amor se transforme en odio, en realidad, nunca ha existido amor. Odio al que nunca renunciará, y que dará la vuelta y proyectará en la mujer acusándola de perseguirle, de ser un monstruo perverso y maligno pues como hemos dicho antes, nunca tienen culpa de nada, siempre todo lo que ocurre es culpa de los demás. Suele ocurrir que el narcisista dirige su odio a una pareja, de forma que consigue que la siguiente vea lo mismo, que la primera está loca, o era una malvada.

El narcisista proyecta su maldad sobre la mujer, e intenta que todo el mundo vea que él es la verdadera víctima y que la malvada es ella. Lo que nadie ve es la realidad de que ella está atrapada, si no se defiende cada vez se hunde más, si se defiende y cae en la trampa de la provocación, todo lo utilizará el narcisista en su contra para hacerla quedar como malvada y hacerse ver como el agredido y el amenazado. Intenta llevarla al suicidio, hacerla caer en el precipicio para luego acusarla de alcohol, de depresión, de inestabilidad.  La mujer empieza a desarrollar un miedo paralizante al odio del narcisista, pues cada vez muestra más ira y violencia, o alternativamente, una humillante y abrumadora indiferencia hacia su sufrimiento. La mujer se siente cada vez más lejos de la salida, más atrapada, más indefensa e impotente. Por cierto, que no puedo evitar relacionar esto con la creación de SAP. Para mí está cada vez más claro que los saperos proyectan su propia maldad contra la mujer y los hijos.

La fuerza del narcisista es su insensibilidad, no sufren, atacan con toda impunidad. Tienen que vencer y destruir. Mantienen una distancia emocional, que les permite no comprometerse realmente, careciendo completamente de compasión ante el sufrimiento ajeno.

Los narcisistas no son autónomos, no pueden prescindir del otro, pero piensan que es el otro el que necesita apoyo. Se sienten incómodos o impotentes cuando están solos, el otro está ahí para cuando le necesite, o mientras que le necesite. Buscan con urgencia una nueva relación que le garantice el amparo que necesitan. Es curioso que se diga que la mujer no se va de una relación porque es dependiente, y masoquista, en realidad es al revés, el dependiente es él.

El narcisista evita formar parejas con otros narcisistas o a otros paranoicos para no tener problemas.

Llama la atención el contraste impactante entre la personalidad de la mujer – empath y la personalidad del narcisista:

  • La mujer da con generosidad, el narcisista es un depredador, experto en recibir.
  • La mujer confía en los demás, porque proyecta hacia fuera su bondad pensando en la bondad de los demás, lo que es percibido como ingenuidad por el narcisista.
  • La mujer desde este estadio es incapaz de imaginar que alguien pueda ser tan destructor, malévolo y manipulador, y cuando lo ve, es demasiado tarde ya está atrapada en la telaraña.
  • La mujer es fuerte y dotada pero duda de sus capacidades, mientras que el narcisista tiene una inflada visión de sí mismo. El déficit narcisista genera en la mujer ira, pero al mismo tiempo la inmoviliza y no es capaz de reaccionar, mientras que el híper narcisismo del narcisista les invita a reaccionar por todo, con facilidad.
  • La mujer tiene una sensación de inferioridad y el narcisista de superioridad.
  • La mujer tiene tendencia a culpabilizarse, se siente incómoda por los malentendidos, los quiere subsanar a través del diálogo, por ello tiene la sana costumbre de reconocer su parte de responsabilidad, y no tiene ningún problema en disculparse por ello, y verá para su horror que el narcisista lo utilizará en su contra, frente a ello el narcisista nunca siente culpa, remordimiento, o se siente responsable por nada, por ello jamás se disculpa por nada, y rechaza totalmente el dialogo.
  • La mujer se sacrifica por los demás, es comprensiva, le cuesta aceptar ayuda, tiene gusto por el orden y por hacer las cosas bien, y tienen una capacidad de trabajo imponente por encima de la media, se ocupa de todo, y suele pasar que, veinte años después se hunde llorando, al ver como el narcisista ha vivido su vida y ella lo ha dado todo, en realidad, a cambio de nada porque el narcisista utiliza a los demás con toda impunidad.
  • Cuando surgen dificultades, la mujer se esfuerza todavía más, se agota, se vuelve menos eficaz, mientras que el narcisista se centra en sí mismo y le resbala cualquier malentendido.
  • La mujer siente empatía, compasión, sensibilidad de forma innata, el narcisista carece de ello, y es impermeable e insensible a las necesidades de los demás, a los sentimientos, a las opiniones y pareciera que disfruta del sufrimiento ajeno.
  • La mujer ama la vida, muestra con facilidad el placer que siente con las cosas, su felicidad, disfruta, tiene entusiasmo, el narcisista es crítico, negativo, hostil, resentido, envidioso, pesimista, ve problemas en todo y en todos.
  • La mujer tiene un velo de melancolía ligado algún trauma infantil aunque no se caracteriza como tristeza o fatiga, sino por una gran vitalidad e interacción con el exterior. Siendo esta vitalidad a la que ataca el narcisista. A pesar de ello, no son masoquistas se sienten liberadas por el fin del sufrimiento, porque el sufrimiento no les interesa.

Las mujeres vivimos años, sumidas en estas conductas destructivas por ignorancia, por dependencia económica, por el orden social patriarcal, por proteger a nuestros hijos, y nos volvemos cada vez más pequeñas e insignificantes, y nos apagamos, irremediablemente. La experiencia vivida se queda con nosotras para siempre, porque aunque, en un primer momento, sentimos una liberación enorme, una sensación de poder por fin respirar, relajarnos, o dormir y vamos de alguna forma recuperando nuestra vida, (es decir, todo lo que durante años se había quedado bloqueado por el maltratador narcisista), resulta que la vivencia traumática no logra borrarse, y una empieza a vivir esta nueva fase de la vida, irremediablemente, junto con la reminiscencia del sufrimiento vivido.

Cuando por fin, somos conscientes de la agresión, de la manipulación de la falta de respeto, nos sentimos desamparadas, heridas, desbordadas, hundidas, sin autoestima, sin dignidad, nos desmoronamos, sentimos un inmenso dolor y angustia, una sensación como si hubiéramos sufrido un tsunami interior, que ha dejado un gigantesco desierto emocional.

Y, sin embargo, es prácticamente imposible demonstrar esto en el juzgado, sin que se vuelva en nuestra contra, sin que nos acusen de indefensión aprendida previa, (ser inútil y débil), sin que se cuestione nuestra capacidad de educar a nuestros hijos. Según yo lo veo, se ve lo que se quiere ver.

Y, sin embargo, convivir con un narcisista provoca unas secuelas de por vida.

Las secuelas de someterse para evitar la bronca, durante tanto tiempo provocan en la mujer y en los niños un estrés profundo que tiene un coste físico imponente. Semejante estrés crónico puede hacer emerger un trastorno ansioso generalizado, con aprensión y anticipación, permanentes, rumias ansiosas difíciles de dominar, tensión constante e hipervigilancia.

El organismo adopta un estado de alerta constante, produciendo cortisol, que causa una depresión del sistema inmunitario y una modificación de los neurotransmisores cerebrales.

Secuelas de las que habla Hirigoyen en su libro El acoso moral, como…

Algunas mujeres, y desde luego, sus hijos,

Sienten ansiedad generalizada, fatiga crónica, insomnio, dolores de cabeza, dolores múltiples, trastornos psicosomáticos (hipertensión arterial, eccema, úlcera gastroduodenal…), pero, sobre todo, conductas de dependencia como la bulimia, el alcoholismo o la toxicomanía,

Otras desarrollan una incontrolable agresividad, secuela de la época en que no se podían defender, que  se puede interpretar como una violencia transmitida.

Otras sufren neurosis de guerra, o estrés post traumático, pues las agresiones y las humillaciones se inscriben en la memoria y se vuelven a vivir a través de imágenes, pensamientos y emociones intensas y repetitivas, que traen consigo manifestaciones psicosomáticas equivalentes al miedo.

Trastornos de memoria o de concentración.

A veces, pierden el apetito o, al contrario, adoptan conductas bulímicas y aumentan el consumo de alcohol o de tabaco.

A largo plazo, el miedo a enfrentarse con el agresor y el recuerdo de la situación traumática dan lugar a un comportamiento de evitación de todo lo que pueda evocar ese recuerdo doloroso, que lleva consigo una clara reducción del interés por determinadas actividades que en otro tiempo fueron importantes, y una restricción de los afectos. Al mismo tiempo, persisten signos neurovegetativos tales como trastornos del sueño e hipervigilancia.

La experiencia vivida no se olvida (…) Diez o veinte años más tarde, las víctimas pueden seguir teniendo una sensación de angustia ante determinadas imágenes de su agresor. Aun cuando hayan logrado una vida plena, su recuerdo todavía puede traer consigo un sufrimiento fulgurante.

Algunas consiguen desprenderse de los recuerdos dolorosos al concentrarse en actividades exteriores, profesionales o benéficas.

Todo lo que evoque, de cerca o de lejos, lo que han padecido las hará huir, pues el trauma ha desarrollado en ellas una capacidad para identificar, mejor que otras personas, los elementos perversos de una relación.

Cuando las víctimas no consiguen desembarazarse del dominio, su vida puede quedar detenida en el trauma: su vitalidad se embota, su alegría de vivir desaparece y las iniciativas personales se vuelven imposibles. La pena de haber sido abandonadas, engañadas y ridiculizadas las paraliza. Se vuelven agrias, susceptibles e irritables, y se encierran en un registro de retiro social y de rumias amargas.

Y, sin embargo, las secuelas del maltrato suelen utilizarse por maltratador y jueces en nuestra contra, ignorando lo fundamental, que son secuelas, de haber vivido en un campo de concentración, consecuencias que no causas. Y, usando las secuelas como causas, encuentran unos y otros, la excusa perfecta para acusar de SAP, de que manipulamos, de que perversamente ponemos a los hijos en contra del maltratador, de que estamos locas, alteradas, de que somos inútiles, y peligrosas, y que provocamos un conflicto de lealtades en los hijos, como si los hijos no estuvieran igualmente afectados por el sufrimiento y la tortura emocional.

Y, esta violencia institucional que permite y aplica SAP, ¿Por qué se da?

¿Por desconocimiento de la violencia de género?

¿Por insensibilidad al sufrimiento ajeno?

¿Por estar desconectados de los sentimientos?

¿Por incapacidad de sentir empatía?

¿Por machismo?

 O mal que nos pese, ¿Por narcisismo perverso de unos y otros?


Fuente:

He escrito este artículo a partir de la lectura de los libros de Marie France Hirigoyen – El acoso moral, Concha Muñoz – Machista, perverso, narcisista y La violencia de género. Identificación y prevención, Vicente Garrido – Amores que matan, Iñaki Piñuel – extractos de su libro Contacto Zero publicadas en su muro de Facebook, seleccionando aquello que resonaba profundamente con mi experiencia vivida.

Otras fuentes de interés:

Las 30 señales de maltrato psicológico en una relación