Miramos hacia otro lado…

Cuando vemos a un mendigo en un semáforo, o a un homeless en una noche de invierno arrebujado bajo periódicos , o cuando leemos sobre las mujeres que mueren por violencia, o en partos en los países subdesarrollados, o vemos películas o noticias de países en guerra, o cuando vemos la mirada perdida, vacía y triste de muchas mujeres divorciadas, que sacan a sus hijos solas, a veces, con ayuda de sus madres, cuando escuchamos que sus hijos invaden las consultas psicológicas, porque dejan sus estudios, porque están deprimidos, o se han vuelto agresivos, de dolor, de impotencia, de decepción, cuando escuchamos sus historias de demandas, y juicios, y multas, su esfuerzo para pagar las facturas, cuando oímos historias de mujeres que se rompen después de un divorcio y se refugian en la bebida, o la droga, cuando oímos hablar de órdenes de alejamiento, cuando oímos que mujeres renuncian a la custodia, porque no pueden mantener a los hijos, que van a la cárcel porque la ínfima pensión alimenticia que reciben hace imposible seguir adelante, o porque han dejado de recibirla y llevan hasta dos años esperando respuesta en el juzgado, cuando vemos con bombo y platillo los anuncios del 016 de que se puede salir, o de las autoridades españolas en la ONU, leyendo sus discursos sobre la violencia de género, cuando oímos hablar de la Fundación Anar, de las asociaciones de mujeres maltratadas, de la plataforma Simi – stop maltrato infantil…sentimos un escalofrío y miramos hacia otro lado, pidiendo al Universo, que la vida nunca no nos haga pasar por ahí.

Estos días he pensado en las mujeres, a las que se dirige mi Blog, en sus historias personales de angustia, y dolor, en el tiempo que han aguantado, y en el largo camino que les queda después del divorcio, de sacar a los hijos solas. He pensado en la ingente cantidad de mujeres que debe haber en esta situación para que las asociaciones de mujeres divorciadas, Women´s Link Worldwide, la plataforma Simi, las asociaciones de mujeres maltratadas estén desbordadas.

He pensado estos días en la soledad de la víctima, en que el ser humano llora solo, porque el camino de las lágrimas, como llama Jorge Bucay a las pérdidas, lo recorremos bien solos. Supongo que por eso miramos hacia otro lado cuando alguien está intentando superar una pérdida, porque es un proceso interior que nadie puede hacer por ti. Pocas personas, permanecen a nuestro lado. A veces, sientes como si estuvieras contaminado y sientes que los demás te evitan. Supongo que nadie quiere escuchar miserias, porque cada uno lleva su propia cruz.

He recordado, estos días, que Bucay dice que para recuperarse de una pérdida se necesita tiempo, para atravesar todas las etapas de la herida emocional, parecidas a la de una herida física, golpe, sangrado, costra, cicatriz. He pensado estos días, que un divorcio con hijos, cuando ha habido violencia o maltrato, cuando los hijos no quieren ver al padre, cuando no se pagan gastos extraordinarios, cuando hay demandas, y denuncias, y juicios…es bien difícil que la herida cicatrice. La costra cae con cada zambombazo, una y otra vez, y la herida se abre de nuevo.

He pensado en lo difícil que es que una mujer sin hijos, pueda ser capaz de entender la maternidad, el altruismo, el sacrificio, la generosidad del acto de dar vida, de entregar tu cuerpo para que una ser vivo crezca dentro, renunciando a salud, a libertad y belleza. He pensado que hasta que una mujer no es madre, en realidad, ve la maternidad como un hombre. He pensado que de la misma manera, difícilmente los hombres pueden entender que el acto de dar vida pues es lo contrario al achievement – logro, y está cercano al no hacer, a la paciencia, a esperar que la naturaleza siga su curso, como lo hacen las estaciones. Ni las mujeres no madres, ni los hombres, pueden entender el acto instintivo que hace que un bebe deje de llorar al ser cogido por su madre.

También he pensado estos días en las mujeres que se casan con hombres divorciados, y he escuchado una y otra vez, la misma canción, que lo que sea que pasara con la primera mujer, no tiene que pasarle a ella, que con ella va a ser feliz, que el divorcio ha sido culpa de la primera mujer. Lo cierto es, que por un lado, son bien infantiles, e ignorantes sobre lo que supone tener responsabilidades familiares, y no son conscientes del acto de cobardía que supone dejar a una mujer con la tarea de sacar a los hijos adelante, y del imponente impacto económico en la vida de los hijos y para una mujer madre, que se queda con una mano delante y una detrás. Entre otras cosas, no pueden entender desde su actividad profesional, que una mujer madre, deje de trabajar o levante el pie del acelerador, o pida media jornada por cuidar a los hijos. He escuchado en incontables ocasiones, que no sienten culpa de haber roto una familia porque la relación estaba ya rota, porque él paga por los hijos, y en lo más profundo siento que quizá la vida les haga probar su propia medicina, como me ha pasado a mí. Yo me casé con un hombre al que había abandonado su primera mujer literalmente, cogiendo un avión a su país, buscando el abrigo de su familia, y no mirando atrás, dejándolo todo detrás. Y, pensé que era tan correcto, educado, atento y bondadoso que a mí no me pasaría, que la culpa tenía que ser de ella, y con los años, sin embargo, me he acordado mucho de ella, y entendí porque se fue, con toda mi alma, porque yo he deseado hacer lo mismo, muchas veces, pero yo no he podido porque al tener hijos, quedé atrapada. Ojalá hubiera visto, la boca del lobo a tiempo. Ojalá hubiera visto lo que no quise ver, porque miré hacia otro lado. Así que, casi desde el principio me di cuenta de que me había engañado ofreciéndome una imagen seductora y bondadosa que no era real. Me enamoré de una fachada, pues dejó de ser tierno, dulce, y correcto tan pronto nació mi primer hijo y pasó a ser déspota, arrogante, agresivo, intimidador, amenazante, a usar el poder económico, y comenzó mi vida como ha sido estos diecisiete años, que me ha llevado a consumirme y apagarme y perder todo lo que una persona puede perder en la vida.

Hoy he reflexionado sobre las veces que miramos hacia otro lado y lo diferentes que son las motivaciones detrás de ello. Por ejemplo, miramos hacia otro lado porque nos sentimos incómodos ante nuestro dolor o el dolor de los demás, pero también miramos hacia otro lado, cuando el Universo nos manda señales de que ese no es el camino y no queremos verlas, y después tomamos decisiones que son irremediables.

Proteger la maternidad es pensar en vuestras hijas, y nietas y tataranietas, y no mirar hacia otro lado al leer mi Blog, porque cuando el río suena agua lleva.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado cuando el hombre con el que te asientas ha dejado a otra mujer, o a otras mujeres, porque tarde o temprano lo volverá a hacer.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado cuando el hombre con el que te asientas tiene una orden de alejamiento de su anterior mujer.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado, cuando el hombre con el que te asientas tiene comportamientos extraños con respecto al dinero, como usar el tuyo, o tus cosas, o cuando tiene deudas, aunque sea correcto y educado.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado cuando un hombre tiene responsabilidades familiares y se comporta con inmadurez, gastando el dinero de sus hijos.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado cuando el hombre con el que te asientas, tiene mala relación con sus hijos, o con alguno de sus hijos.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado cuando con otras personas ha sido agresivo, broncas, mal educado, chulera.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado cuando permanentemente pide el libro de reclamaciones.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado si su tarjeta nunca tiene crédito, o está desbordado de deudas, o te pide dinero cuando acabas de conocerle, aunque sea dulce, correcto y educado.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado si todo lo suyo siempre es mejor, sus opiniones, sus amistades, sus logros y responsabilidades profesionales, sus tendencias políticas, su forma de cocinar, sus criterios, su familia, su forma de conducir…todo. Y, curiosamente, si hay algo que tú haces mejor…no es importante.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado y salir pitando si te falta al respeto, o te castiga con el silencio o el desprecio.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado si nunca comparte nada, porque todo es secreto y sin embargo, él quiere saber cuál son tus posiciones.

Proteger tu maternidad es no mirar hacia otro lado, si no hay intimidad, si siempre estáis con otras personas, y cuando os quedáis a solas solo duerme o ve la tele, y no hay nadie detrás de la fachada sonriente pública.

Proteger la maternidad es no mirar hacia otro lado si solo trabaja, incluso fines de semana, en la playa, en un hotel rural, un fin de semana, si siempre está en una conversación de trabajo, o en un desayuno de trabajo o en una cena de trabajo, y lo demás en su vida tiene poco valor, pasear, ir al cine, hablar de la vida, estar presente, dar cariño, y siempre estás sola, porque luego estarás sola con tus hijos.

Proteger la maternidad, es no dejar que alguien cercano a ti siga adelante en una relación cuando mira hacia otro lado y se da cualquier cosa de la lista de arriba. No mires tú hacia otro lado. Dale tu mano, antes de que la decisión sea irreversible, y tenga hijos.


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