Miniserie: Creedme.

Quería escribir sobre Creedme, Miniserie de Netflix.

La serie, basada en hechos reales, trata sobre una investigación policial sobre un violador en serie.

Me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas, quizá porque guarda un paralelismo con las vivencias de las mujeres que denuncian violencia de género o la desprotección de la maternidad en el divorcio, y en la vida, por la estructura social y económica que rige el mundo.

Salvando las distancias, la película Un ciudadano ejemplar de Gerard Butler, tocaba precisamente las lagunas, la corrupción, las contradicciones, de los sistema judiciales que lejos de proteger a las víctimas, las deja en una situación de vulnerabilidad absolutamente indignante, (por lo llamarlo de manera light).

Los tribunales, los sistemas políticos, académicos, y demás, que derivan del monstruo Estado, a veces, son una colección de leyes absurdas, sistemas que son compartimentos estancos, burocracias, papeleos que hacen que los procesos vayan a cámara lenta, o se tornen una tortura que acaba en una retirada de la denuncia por parte de la víctima o en una acusación de denuncia falsa por las autoridades, victimizando el sistema a las víctimas de nuevo.

Y, los errores del sistema… Es enormemente poderoso. Uno tiene poco que hacer contra él, en un caso así.

Y, de los datos que aporta la serie que más me han llamado la atención está el que alrededor de un 40% de los policías hombres en USA, haya tenido alguna acusación personal de violencia de género.

¿Cómo puede ser que se tolere sin más que sigan en el cuerpo de policía?

Y, de este sutil dato, arranca, quizá el hecho de que el sistema re-victimice a las víctimas de violaciones o las denuncias por violencia de género o las denuncias por abuso sexual infantil. Mujeres y niños encuentran un muro en el sistema. Y, el muro tristemente es que quien recibe la denuncia puede ser a su vez alguno de ese 40%. Aunque a esto añadimos lo comentado arriba sobre la ineficacia y burocratización del sistema.

Quizá este dato solo aplique allí. Puede ser. Y, sin embargo, el que aplica aquí es que se dice que el 39% de los españoles, es o ha sido consumidor de prostitución.

Y, para mí, que todo gira entorno a lo mismo, la tolerancia social al abuso de mujeres y niños, la falta de culpa del agresor, el desconocimiento de las huellas del trauma por parte de los expertos.

Aunque, me pregunto ¿que tiene que ocurrir en la mente, en el corazón de un hombre para arrasar vidas de esta manera?

Siendo sincera, la serie ha re-abierto viejas heridas, al ver cómo el trauma hace añicos la vida de estas mujeres. Pierden trabajos, alegría, confianza en sí mismas, en los demás, amigos, familiares. Su vida se hace tremendamente pequeña, porque van reduciendo poco a poco el contacto con el mundo. En realidad, llega un momento, en que sienten que solo se tienen a sí mismas. Ven en todo su horror, el monstruo Estado. Y, después del agresor, temen y sufren al agresor Estado Además, las pesadillas irrumpen en la mente, obstaculizando el devenir normal de la vida, sin avisar como bien explica Judith Herman en su libro Trauma y Recuperación. 

Unas mujeres se quedan inertes, mudas, otras quedan ancladas en la ira, otras en el llanto. A veces, a ratos una cosa, a ratos otra. Salvando las distancias de la brutalidad de estas violaciones, he pensado en mis emociones o las de mi hija o las de tantas mujeres víctimas de violencia patriarcal que he conocido estos años. Y, he caído en la cuenta, que todavía hoy, no conozco ninguna, ni si quiera yo misma, en cuya vida haya salido el sol de nuevo.

Supongo que una de las razones es que el agresor sigue ahí, acechando, bien porque hay hijos, o por dependencia económica o porque existe la posibilidad de encontrarse con él en cualquier momento.

Empezar una nueva vida, sin miedo y libre estaría súper. Lo cierto es que yo todavía no estoy ahí, me temo.

 


 

Miniseries: Unbelievable.

I wanted to write about Unbelievable, Netflix Miniseries.

The series, based on real events, is about a police investigation into a serial rapist.

It has made me reflect on many things, perhaps because it parallels the experiences of women who denounce gender-based violence or the vulnerability of motherhood in divorce, and in life, because of the social and economic structure that governs the world.

With all due caution, the film Law Abiding Citizen of Gerard Butler, touched precisely the gaps, corruption, contradictions, of the judicial system that far from protecting the victims, leaves them in a situation of vulnerability absolutely outrageous, (so to call it lightly).

Courts, political systems, academics systems, and so on, which derive from the monster state, are sometimes a collection of absurd laws, systems that are watertight compartments, bureaucracies, paperwork that make processes go in slow motion, or become a torture that ends in a withdrawal of the complaint by the victim or in an allegation of false reporting by the authorities, victimizing the system victims again.

And, system errors… The system is hugely powerful. You have little to do against him, in a case like this.

And, from the data provided by the series that has attracted me the most is that about 40% of the male policemen in the USA, have had some personal accusation of gender-based violence.

How can it be that these men remain in the police force?

And, from this subtle fact, it starts, perhaps the fact that the system re-victimizes victims of rape or allegations of gender-based violence or allegations of child sexual abuse. Women and children find a wall in the system. And, the wall sadly is that the person who receives the complaint may be in turn one of that 40%. Although we add to this the comments mentioned above about the inefficiency and bureaucracy of the system.

Maybe this data just applies just to USA. And yet the one that applies here is that it is said that 39% of Spaniards, are or have been a consumer of prostitution.

And, for me, that everything revolves around the same thing, the social tolerance to the abuse of women and children, the lack of guilt of the aggressor, the ignorance of the traces of trauma by the experts.

Though, I wonder what has to happen in the mind and in the heart of a man to smash lives like this.

To be honest, seeing the trauma shatter the lives of these women has re-opened old wounds.  They lose jobs, joy, self-confidence, others, friends, family. Their lives become tremendously small, because they gradually reduce contact with the world. Actually, there comes a time when they feel they only have themselves. They see in all its horror, the monster state. And, after the aggressor, they fear and suffer the assailant of the aggressor-State In addition, nightmares burst into the mind, hindering the normal becoming of life, without warning as Judith Herman explains in her book Trauma and Recovery

Some women remain inert, mute; others are anchored in anger, others in tears; Sometimes one thing, sometimes another. With all due caution, from the brutality of these violations, I have thought about my emotions or those of my daughter or those of so many women victims of patriarchal violence I have known over the years. And, I have fallen into the account, that even today; I know none, not even myself, in whose life the sun has risen again.

I suppose one of the reasons is that the aggressor is still there, lurking either because there are children, or because of economic dependence or because there is the possibility of meeting him at any time.

Starting a new life, fearless and free would be super. The truth is, I’m not there yet, I’m afraid.