Mi nuevo nombre… Amapola del Campo.

He elegido mi nuevo nombre porque la amapola es mi flor favorita.

Es roja como se pinta la pasión. La pasión del carpe diem, la pasión del amor a la vida, la pasión de la intensidad, de la belleza de la abundante y sabia madre Tierra, de la exuberante naturaleza, de la generosa semilla que se extiende cual alfombra roja por el campo.

Me gusta que crezca silvestre, lejos de jardines, en medio de la nada, en tierras baldías, donde brilla sencilla, dulce, suave.

Me gusta, que viva ligera, con pocas necesidades materiales, con desapego, bajo el azul celeste, o el manto estrellado, disfrutando del aire puro, del silencio, de la paz, y de la libertad de ser dueña de su destino.

Cálida, independiente, libre…

Libre, baila al son del viento, gira buscando la luz del sol.

 

Brota cuando la primavera está avanzada, cuando el tiempo es cálido, agradable, y el largo y frío invierno con sus nieves ha quedado atrás, y sin embargo, se esconde del abrasivo calor del verano.

Brota avisando que pronto uno andará ligero de ropa, abrazando el renacer de la vida de cada año.

Brota como diciendo que necesita el calor del amor, que no puede crecer en un desierto de frialdad emocional, que en ese entorno se esconde, se encoje, a la espera del momento idóneo. Y, sin embargo, tampoco puede vivir bajo el amor opresivo…

Si enamorado de su belleza la cortas para que adorne tu casa en un florero, te encuentras que tan pronto como le privas de su contacto con la madre Tierra, de su libertad… muere en pocos minutos.

Simboliza para mí, las relaciones nutritivas, abundantes de amor, eros, philia, ágape. De pasión, de risa, de amor desinteresado… el buen amor.

La amapola representa la contradicción de ese ser humano social – antisocial, libre de convencionalismos, en conexión con la fuerza vital del cuerpo, de corazón generoso, pleno de sensibilidad y empatía, y de mente meditativa, silenciosa, que después de un arduo trabajo interior ha logrado el equilibrio de los tres centros,  El ser humano que crece alegremente lejos del mundanal ruido, y al mismo tiempo permanece alerta, abierto y receptivo a todas las amapolas del mundo, a todas aquellas personas que se inician en el camino espiritual del héroe, indagando en su interior para conquistar el dragón de su inconsciente y poder salvar a la damisela, su alma, para poder renacer, y compartir sus tesoros interiores con otras amapolas, que en algún momento de su viaje decidieron quitarse sus ropas sociales y buscar el rio interior, dejar de ser alma perdida y conectar con las almas valerosas que buscan integrar su sombra con humildad.

Y, desde cualquier lugar, la amapola contagia, invita a la alegría y al entusiasmo vital.

A mí, ver amapolas, siempre me hace sonreír, conectar con la esperanza de un mundo de libertad, respeto y bondad.

Porunamaternidadprotegida – Amapola del Campo.