Mensajes de paz…

Hace ya, más de una década, que comencé mi búsqueda del Camino hacia la luz. 

Iniciar el camino que algunos llaman del héroe empieza en el dolor profundo del alma.

Al principio pensaba que mi paz vendría cambiando el mundo exterior, satisfaciendo mis deseos, amor, abundancia, viajes…

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Pero no fue así.

Mis pequeños momentos de paz interior, de plenitud, como el de la foto, los encontraba contemplando la belleza de la naturaleza. Atardeceres dulces, acantilados de mares azules, bosques de olores embriagadores, noches estrelladas, brisas tenues en el rostro, el vuelo limpio de las aves, las golondrinas entrando en sus nidos, praderas verdes esponjosas, amapolas danzando con el viento…

Eran pequeños momentos en los que mi alma se sobrecogía, sintiendo el poder del Universo.

Al volver a la realidad, empecé a cuestionarme sobre lo que hasta ese momento yo creía que era real, y lo que no era.

Empecé a sentir que vivía en un sueño que alguien había instalado en mi mente, una vida vacía, robotizada, una agenda llena de actividades del nacimiento a la tumba, que no dejan espacio para la vida real, que es la luz.

Las creencias, las costumbres, las tradiciones, las religiones, los colegios, las universidades, el mercado laboral…

Todo es una gran mentira que nubla la conciencia de la verdad.

Me he encontrado en mi viaje, personas que por una pérdida de salud, pareja, trabajo o abundancia, se salen del ruido de la vida programada y sin darse cuenta descubren el silencio y una vez que han estado allí les es imposible regresar a la vida automatizada del hombre gris. Y, se sienten un alma perdida en la multitud.

Y, mi búsqueda es como encontrar el tesoro perdido, protegido, oculto. Voy encontrado pistas, gentes, mapas, siento que cada vez estoy más cerca, pero el hombre gris aparece una y otra vez, y me hace perder el rumbo muchas, muchas veces. Y, muchas veces tengo que desandar lo andado y volver a encontrar el camino hacia la paz.

Cansada, con lágrimas en los ojos, dolorida por la lucha, me levanto y me vuelvo a levantar.

Y, en los momentos en que mi tenue luz interior está casi a punto de apagarse, mi corazón rescata los instantes de belleza y plenitud, de la cajita de recuerdos felices que cada uno tiene en su interior.

Los míos, sobre todo, tienen sonrisas. Mis preferidas… las de mis hijos. Tengo en mi cajita, recuerdos de montones de sonrisas, sonrisas al despertarse, en la lactancia, en la playa, en la bici, al abrir un regalo, al salir del colegio y verme, al decir te quiero, al comer un comida rica, preparando magdalenas, jugando con la perrita, leyendo libros juntos, viendo películas, paisajes… tantos momentos felices de toda una vida. Pero también tengo en mi cajita de recuerdos sonrisas de extraños que se cruzan en mi camino cada día, o sonrisas cuando voy al mercado. Sonrisas de tantas amigas y amigos que me han ido acompañando en distintos tramos del viaje. Recuerdos de sonrisas y risas de seres queridos que ya no están aquí.

Y poco a poco he llegado a este alto del camino.

Y, me he dado cuenta que en un mundo de sonrisas verdaderas, no habría oscuridad.

Los mensajes de paz elevan la vibración de las personas, sanan los corazones heridos, generan bienestar, pureza…

Los mensajes de horror, guerra, opresión, muerte, hambre, la bajan, y nos hacen enormemente vulnerables.

Los hilos del poder provocan miseria, crean crisis, guerras, esclavitud, y necesitan provocar nuestro miedo para hacernos vulnerables, sumisos y obedientes. Así somos al mismo tiempo víctimas y victimarios. Y nos rompemos por dentro, desconectamos de nuestro corazón para evitar el dolor y la culpa, y nos convertimos en marionetas, que han dejado de resistir, y luchar. Y, nos atacamos unos a otros, somos soldados en guerras, empresas, problemas que no son nuestros, mentimos, manipulamos porque tenemos que pagar las facturas, y cada vez la ira, el odio, crece y crece.

Quizá estaría bien invadir Facebook con Mensajes de paz, que eleven la vibración en lugar de bajarla.