Película: Más allá del odio.

El cine es, sin duda, un arte.

Siempre que veo una película, unas veces más que otras, es cierto, pienso en el enorme trabajo de colaboración que hay detrás de esa hora, dos horas, en los diferentes talentos, dirigir, producir, diseñar vestuario, maquillaje, elegir los actores, escribir el guion, luces, sonido, paisaje, en cómo todo se va tejiendo lentamente, hasta que nace.

Descifrar el mensaje oculto de las películas, conectar con la simbología que contiene, es para mí una de las experiencias más inspiradoras.

Hoy quería escribir sobre la película Más allá del odio.

 

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Resonó en mi interior, supongo que por haber pasado el Ecuador de mi vida, por el irremediable momento vital en el que uno contempla los frutos de su vida, las distintas decisiones que ha ido tomando en su viaje, que le han conducido al momento actual. Hacer ese ejercicio nos lleva a sentir un cúmulo de sentimientos, entre ellos, impotencia, frustración, cansancio vital y desde luego, ira. Esa ira del cuento de Jorge Bucay que esconde detrás… la tristeza.

El ecuador de la vida, la crisis de los 40, supuso para mí, un momento donde mi ego estaba bastante aplastado, por distintas razones.

Supongo que una fue como decía Madonna en su discurso, enfrentarse a la realidad de que las posibilidades para las mujeres en el mundo, no son las mismas que la de los hombres, que están más allá de la formación, de la capacidad, de la motivación.

Supongo que otra es la experiencia de la maternidad, el lazo imponente y bellísimo con mis hijos, y el imponente trabajazo, y la imponente responsabilidad, y el imponente desgaste de la energía cuando  hemos de poner los intereses del otro, antes que los propios.

Supongo que por ello,  conecté con la ira de Terry Wolfmeyer (Joan Allen) con la forma en que un corazón roto te lleva a convertirte en una adulta enfadada, cínica, insufrible, con mal genio, desesperanzada con la vida, por la soledad, y el exceso de responsabilidad.

A veces, creo que nos quedamos ancladas ahí,  no podemos salir, o no sabemos cómo, nuestra vida se detiene, perdemos nuestra alegría de vivir, nos encontramos sin fuerzas, sin motivación, sin iniciativas para dejar atrás el dolor,  nos retiramos del mundo, encerrándonos socialmente, atascadas en unas rumias amargas que nos consumen, insensibles al dolor ajeno, a la alegría, a la belleza, relacionándonos solo con personas igual de perdidas que nosotras.

Quizá, reconocerme a mí misma, con cierta nostalgia y alegría, en las hijas de Terry, recordándome a mí misma a su edad, cuando también tenía sueños, risas, esperanza y vida,  me hizo ver que necesito renacer de mis cenizas, necesito sentir alegría, dejar atrás las heridas, las traiciones, y volver a reír con ganas y quizá sobre todo, me encantaría después, poder contagiar mi risa a mis compañeras de camino, abriendo un sendero hacia un lugar mejor, más feliz, más igualitario, más abundante, lejos de la amargura, del retiro, de nuestra pesada ira.

Y, también decir, que me gustó el personaje que interpreta Kevin Costner, me gustó cómo con su personalidad, con su humor, su risa, su paciencia, su capacidad de integrar, su peculiar visión de la vida, su amistad, su capacidad de  ver la tristeza detrás de la ira,  poco a poco llega a formar parte de la vida de Terry y  sus hijas, de una forma sencilla, apacible, sin hacer ruido.

Me llama la atención que valora, igual que lo hago yo, el olor a limpio, a comida guisada con cariño, las cosas sencillas de la vida, y sin embargo, que son las que la hacen extraordinaria.

Quizá una de las cosas que más me gustan del personaje es la posición que tiene frente al machismo, cómo construye su vida saliéndose de los roles tradicionales masculinos, su gusto por el hablar de las cosas sencillas, o su rotundo “no” en un momento de la película, a las conductas del macho para con las mujeres.

Me hace pensar qué diferente es la vida cuando hay un hombre pacífico, bondadoso, cálido, buen amigo, que está, que apoya, que deja ser, que sabe cuándo estar y cuando irse, con quien tener una rica intimidad, y al mismo tiempo que sepa respetar la necesidad de independencia, comprensivo, amable, apacible…

Me pregunto si los hombres fueran así, si no hubiera narcisistas perversosquizá, las mujeres adultas, no seríamos mujeres enfadadas.


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“Sufragistas” ayer = La marcha del 7 N, hoy.

Boyhood, The boys are back, Erin Brokovich.

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Begin Again.