María Salmerón.

María Salmerón tiene una mirada limpia. Expresa con sus gestos, un valor que surge del profundo vínculo de amor hacia su hija, con la que tiene una bella relación, de las que hacen falta en este mundo adverso para salvar a la humanidad de su hambre de amor. Irradia la serenidad de las almas que han sido perseguidas, privadas de los derechos más primarios de un ser humano, del respeto, y de una vida libre de violencia.

María es una madre coraje, una leona mamífera que saca fuerza de flaqueza para proteger a su prole.

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En su rostro se revela la huella del desgaste de tantísimos años del acoso judicial a la que le ha sometido su maltratador.

María y su hija,  tienen salud precaria, fruto del abrumador estrés al que los maltratador les ha sometido durante toda la infancia de la hoy joven adolescente.

Desde hace un año, sigo su historia, porque salvando las distancias, es la mía, y la de miles y miles de madres en todo Occidente, madres víctimas del backlash neo machista del patriarcado. Para quien no lo conozca, es el movimiento machista que quiere bloquear el movimiento de liberación de la mujer iniciado en los años 70. Este movimiento se ha plasmado en el nacimiento de asociaciones de derechos de padres que se extiende como una epidemia por todo Occidente, que a priori, es la zona del globo donde se supone que las mujeres estamos más a salvo.

Occidente, es falsamente ese lugar de bienestar de la mujer. Una lo sabe cuándo se convierte en María Salmerón, y tiene que proteger a sus hijos en los tribunales de abusos sexuales del padre, o cuando los hijos de padres maltratadores, con condena o sin ella no quieren mantener relación alguna con él.

La violencia de género es un tipo de violencia interpersonal peculiar. Es el único tipo de violencia en que el perpetrador no se esconde sino que exhibe en público su ataque, y es un tipo de violencia que no atenta contra el orden social.

¿Por qué?

Porque el orden social considera en la ley, en la Constitución, en las normas una falsa igualdad teórica, que en la práctica no se cumple, porque no se llevan a cabo la garantía de los derechos sociales y económicos de la mujer. La ley es teoría, la práctica es que hay un sujeto, el varón y todo gira alrededor de él. La mujer es una ciudadana de segunda, inferior al varón.  De alguna manera, la sociedad no quiere ver ni oír hablar de la Violencia de Género porque significaría cuestionar el concepto de Estado, de familia, de convivencia, sería reconocer que la mujer en la esfera pública y en la privada sufre una profunda desigualdad, que es comparable a vivir en dos campos de concentración, el del hogar y el social. Todo está empapado (no hay nada más que escuchar a Ciudadanos, o a los obispos sobre el tema), de la filosofía de que la mujer ha de someterse a los dictados del varón.

María Salmerón y su hija, han sufrido primero el campo de concentración de la violencia en la intimidad, y cuando han acudido a las autoridades confiadas de sus derechos constitucionales se han encontrado con el segundo campo de concentración, de la violencia institucional, que las ha doblemente victimizado.

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¿Cómo?

La ley contempla la privación del régimen de visitas, la custodia y la patria potestad, pero en la práctica nunca se aplica. Solo al 1% de los maltratadores se los priva de la patria potestad, y solo al 3% del régimen de visitas.

¿Por qué?

Porque en general, los jueces aplican su ideología, no la ley. La ideología de que a la mujer y a los menores hay que someterlos a la autoridad masculina, de que hay que preservar la familia, (como si esta familia fuera idílica), no la dignidad de las mujeres y niños.

María Salmerón y Ángela González son dos caras de la misma moneda. María, ha respetado a su hija, y está abrumada de sentencias, y multas,  y tiene la amenaza de la cárcel. Ángela, obedeció la ley y su hija fue asesinada, el Estado español condenado por negligencia y… aquí no ha pasado nada.

El esfuerzo imponente de todo el movimiento feminista mundial, que hemos visto recientemente en la película Sufragistas, se ha vuelto imparable, a pesar de los esfuerzos neo-machistas de frenarlos. Si no fuera el caso, no habría citas de grupos machistas en todo el mundo, o no habría la epidemia de SAP o de la custodia compartida impuesta, o España no sería el primer país de la UE en consumo de prostitución, y no se hablaría de legalizar la prostitución o los vientres de alquiler.

El patriarcado abrumado por el avance del movimiento feminista, ha revelado sus cartas, y es que solo considera a la mujer como objeto sexual y reproductor, porque las labores de cuidado no solo las ha invisibilizado históricamente, y ha explotado a la mujer con la doble jornada, y la brecha salarial, sino que hoy con la epidemia de la custodia compartida, o SAP, lo reduce a la nada.

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A María Salmerón le acusaron de SAP, y le quitaron la custodia, para dársela a un maltratador, durante un año y medio. Durante años y años, el maltratador ha usado la justicia como arma de violencia, para someter y arruinar la vida a María. Lo que pasa es que al arruinar a María también arruina a la hija, porque a ver cómo explica cómo le va a afectar a la joven que su madre con un sueldo de auxiliar de enfermería tenga que pagar la imponente suma de 30.000 euros. Y, la justicia durante todos estos años se ha posicionado en el lado del maltratador, y ha sido sorda y muda ante el llanto, los sentimientos, las opiniones de la hija de María, revelando hasta qué punto los derechos de los niños en España, no existen. Los menores no tienen voz, no pueden poner una denuncia, su única defensa, tristemente… es cumplir años.

A raíz del indulto parcial, el maltratador de María, publica en los medios. Al hacerlo, lo que en realidad ha hecho es revelar la conducta típica de un maltratador… es de libro. Su incapacidad de sentir culpa, el no reconocer sino justificar e invisibilizar su violencia, su insensibilidad, y falta de empatía, su arrogancia, ego, narcisismo, su estrategia de hacerse pasar por víctima, meter en su estrategia a su nueva cónyuge, su machismo, su odio y resentimiento. Revela, la cruda realidad, solo 3 de 100 maltratadores se recuperan.

Desde que he tenido la oportunidad de conocer a María Salmerón, personalmente, no puedo evitar sentir su sufrimiento, su lucha, su cansancio, su desgaste y sin embargo, y a pesar de todo, su imponente bondad.

María ojalá que el Universo ponga las cosas en su sitio y puedas llegar a un buen puerto y por fin… descansar y vivir en paz.