Manipuladoras, histéricas, que odian a los hombres…

Quería dedicar esta entrada de mi Blog a mis reflexiones sobre un comentario escrito en Amazon al libro de Concha Muñoz, Machista, perverso, narcisista.

“Me gustaría que esta misma autora publicara un libro sobre las mujeres que odian a los hombres, las manipuladoras y las histéricas. Creo que entonces su tufo feministoide-hembrista pasaría algo más desapercibido.”

¿Odio yo a los hombres?

Es curioso. Antes de mis muchos años de convivencia con un narcisista perverso, tenía un concepto diferente del varón, o de mi relación con el género masculino. Como decía hace unos meses Madonna, en su discurso, me he ido dando cuenta según ha ido pasando la vida, de que en el mundo actual no es lo mismo nacer hombre que nacer mujer. Las oportunidades no son las mismas, porque las leyes, las constituciones se quedan en papel mojado, porque el movimiento de emancipación de la mujer de los años 70, se ha quedado estancado, o ha sufrido una involución en todo occidente, por los movimientos de derechos de padres machistas, poderosos.

Para mí, vivir con un narcisista perverso, ha sido como un tsunami que me ha devastado por dentro. Solo quiero paz, silencio, y protegerme de la oscuridad. Dicen que una acaba con un depredador así por naivete o por wounded. Supongo que quizá yo tenía ambas. Y, todavía busco la salida del túnel que me lleve a un lugar abundante, bello y pleno de espiritualidad.

Así que, con honestidad he de reconocer que, en este momento de mi vida, desconfío de la naturaleza egoica, depredadora del hombre, de su exceso de energía yang, y su desconexión al yin.

Si algo he aprendido estos años es a estar alerta frente a la oscuridad, la mentira, el engaño, la falsedad del narcisista perverso.

En palabras de un machista, narcisista, perverso… quizá esto signifique “odiar”  a los hombres.

¿Soy yo histérica?

Resultado de imagen de neurosis de guerraEn cuanto a histéricas… así se denominaba a las mujeres únicamente, como decía Judith Herman en Trauma y recuperación, hasta que se descubre que muchos veteranos de guerra sufren la misma histeria que se bautiza con el nombre de neurosis de guerra.

Histeria porque nos hemos convertido en bonsái, nos hemos encogido, por el desprecio, la falta de libertad, por estar prisionera en un campo de concentración, donde eres una adolescente sin derechos, sin libertad, y sin dinero. Ellos llaman histeria a resistir, hasta no poder más, a llorar y llorar sin fin, porque te has quedado sin voz, sin recursos, sin fuerza.

En realidad, desde donde yo lo veo,  el narcisista llama histeria al llanto descontrolado de una mujer que vive dentro de una relación de poder y control, donde existe desigualdad y desequilibrio de poder, pues  su desconexión de su parte emocional, le hace insensible al dolor ajeno.

Su incapacidad para sentir empatía, para conectar con el corazón, lo da la vuelta y al llanto o al grito de rebeldía, lo llama histeria.

Así que supongo que en su visión yo era una histérica, en la mía mi llanto indicador del maltrato – síndrome de mujer maltratada.

¿Soy manipuladora?

Y, manipuladoras... quizá llamen así a todas los intentos frustrados de conseguir una relación igualitaria. De hablar, escribir, de usar la sonrisa, el grito, el llanto para pedir respeto, y solo recibir desprecio, reacción pasivo-agresiva, mentiras, tergiversar acuerdos, promesas, compromisos.

Odiar a los hombres, manipular, e histeria en realidad es una proyección del narcisista perverso. Ellos odian a las mujeres, ellos manipulan, y ellos son los que no viven ni dejan vivir, han cambiado el llanto por el grito.

Miedo.

La primera emoción que me vino al leerlo, fue miedo, el recuerdo del miedo me heló la sangre, porque el odio que destila el comentario ilustra cómo es en la intimidad un narcisista perverso, cuando se quita la máscara.

No veo bondad en estas palabras.

Una persona que escribe un comentario tal,  tiene mucha oscuridad en su interior, quizá una herida emocional gigantesca. Pues como dice Claudio Naranjo la bondad es el signo de la salud mental. Desde el punto de vista espiritual, alguien que escribe algo así tiene una vibración muy baja, plagada de emociones negativas.

Yo camino hacia la luz.

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Quiero andar ligera de equipaje emocional, de broncas, desasosiego, emociones negativas.

Quiero proteger mi energía, porque mi propósito vital es elevar mi vibración, y fundirme con la luz. Proteger mi energía pasa por no reaccionar, por alejarme de aquello que me desequilibra.

Y, con respecto a otras mujeres víctimas de VG, mi propósito es espiritual; encontrar el camino de víctima a heroína y dar la mano a aquellas que resuenen con mi camino, que confíen que elevando la vibración se genera una energía rápida que manifiesta otra realidad diferente, más bella y libre, que atrae como un imán otras posibilidades, y situaciones.

Esta última semana, me he encontrado con unas cuantas personas que creen que las mujeres son manipuladoras. Personas que ven el árbol y no el bosque. No me importa. No pierdo luz, la necesito para seguir viaje. En mi camino hacia la luz, irán quedando atrás la guerra, el conflicto, la desigualdad, y las personas que resuenen con ello, me empezaré a encontrar con otras almas que igual que yo se hayan liberado de capas y capas de programación, y quieran volar alto, libres, plenas de alegría.

Me he dado cuenta que estar en el monólogo de víctima no ayuda a nadie.

El mundo exterior es el espejo del interior. El sumatorio de oscuridades individuales crea una realidad colectiva de oscuridad.

Estoy convencida de que la física cuántica tiene razón, o las tradiciones orientales, todo es energía, los pensamientos, los sentimientos, todo.

Ese hombre, sus palabras, ya no me hacen daño.

Sigo viaje con una sonrisa.

Quedan hermosos atardeceres, noches estrelladas, y mares turquesa, por conocer.

Atrás queda la vibración del odio, del miedo, o la pena.

Camino hacia la luz, con un nuevo traje de paz y alegría, ligera, cantarina…