Madre ambivalente – padre evitador: Desmontando mitos. (5 – 5)

Quería dedicar esta entrada a desmontar el mito que la psicología patriarcal ha construido, de que la presencia, el éxito en el mundo exterior es el signo de salud mental, de equilibrio, de independencia, de resiliencia, de adaptación al medio, y que por tanto, la presencia en el mundo interior, en el íntimo, es insignificante y carente de valor, y sinónimo de debilidad, y de inseguridad.

He elegido como imagen para esta entrada la carta de la esperanza del maestro espiritual OSHO.

Resultado de imagen de carta osho esperanza

OSHO explica con ella cómo son la mayoría de las relaciones de pareja de la humanidad.

Cuando los seres humanos estamos perdidos, desesperados, asustados, hambrientos de calor, de compañía, de aceptación, como si estuviéramos solos en medio de la selva, y nos encontramos con otro ser humano, que se siente igual, nos abrazamos pensando que se acaban nuestros problemas porque, por fin, alguien nos quiere, y pensamos, ingenuamente, que el amor todo lo cura.

Lo cierto, es que no es así.

Dos personas perdidas, dos personas heridas emocionalmente, solo crean una herida mayor.

Ahora están juntas, pero igual de perdidas, desesperadas…

Ambas esperan en vano que el otro llene su vacío, pero no pueden llenarse mutuamente sino individualmente.

Son relaciones que comienzan desde la escasez, no desde la abundancia.

Buscamos ser completados, llenar nuestro vaso de felicidad, no buscamos dar, compartir.

En realidad, no podemos dar hasta que nuestro vaso de amor a nosotros mismos esté lleno, rebose y podamos desde la abundancia dar.

OSHO  desde la visión espiritual, Claudio Naranjo, desde el modelo del Eneagrama, explican de alguna manera, lo mismo que explica la Teoría del apego. Diferentes caminos y sin embargo, la misma puerta, pues nadie se licencia de la infancia sin alguna carencia afectiva.  Todas son maneras en las que cada uno busca un sustituto del amor del que careció. Y, ninguna nos dará la paz interior.

Como dice Claudio Naranjo,

tenemos una civilización enferma.

En palabras de OSHO

la alegría del amor solo es posible cuando uno conoce la alegría de estar solo.

En palabras de la Teoría del apego el trabajo interior nos lleva al earned security que nos permitirá desarrollar relaciones más igualitarias y satisfactorias.

Los apegos inseguros y el desorganizado son responsables de nuestras heridas emocionales, que no nos permiten tener una vida adulta plena. Inconscientes de nuestro niño/a interior herido, buscamos en el exterior, desesperadamente, lo que solo se encuentra indagando en nuestra propia oscuridad interior.

El apego evitador y el ambivalente, con frecuencia se ven atraídos entre sí, pues, son dos polos opuestos. El ambivalente percibe en el evitador la seguridad de la que él carece, y el evitador, percibe la calidez en el ambivalente de la que él carece. Son relaciones potencialmente conflictivas, pues, la seguridad del evitador es en realidad agresividad y rechazo, por tanto, fuente de más inseguridad, y la calidez del ambivalente, a la larga es opresiva para el miedoso de intimidad, porque le hace enfrentarse a su desierto emocional interior, y  huye hacia su independencia, creando más hambre de intimidad, e infinito desasosiego. Además, el ambivalente ante el dominio y miedo al rechazo y agresividad evitadora, se ve irremediablemente conducido a la posición de víctima y/o victimario.

A esta dinámica se une que el nacimiento de los hijos, reabre heridas emocionales de la infancia no procesadas.

La combinación no da el mismo resultado, pues no es lo mismo, tener una madre evitadora que un padre evitador, ni es lo mismo una madre ambivalente que un padre ambivalente.

Una madre ambivalente, protectora,  pone toda su energía en la intimidad, por varias razones. Por un lado,  habiendo vivido su propia infancia con un padre autoritario, inflexible, intolerante e injusto, que usa la violencia, el poder, el castigo, la imposición, que inhibe la espontaneidad y el diálogo, es natural que haga de escudo protector de los hijos. Y, por otro,  habiendo caído en las redes del amor ludus del evitador, ha de compensar la baja, quizá nula,  expresividad emocional del evitador, sus bajos niveles en self-disclosure – abrirse, sincerarse, autorevelarse, compartir su mundo interior, su baja tendencia a perdonar,  su baja competencia interpersonal, su estilo de relación counterdependent – huye, rechaza la relación, y se concentra en lograr el éxito profesional.

Es decir, la madre ambivalente es protectora frente al autoritarismo y frente al desierto emocional. La soledad, el exceso de responsabilidad de llevar todo el peso de la crianza, y la consiguiente fragilidad económica a la que se ve abocada,  le hacen enormemente vulnerable.

Un padre evitador que ha crecido con una madre fría que le rechaza, tendrá un mundo emotivo poco desarrollado, que le dificultará el poder sentir empatía o conectar con los demás a un nivel íntimo. Por ello no está orientado interpersonalmente y limita la intimidad para satisfacer la desproporcionada necesidad de independencia, que es la estrategia infantil de protección que arrastra hasta la edad adulta. Inconsciente de ello, y habiéndose volcado y sobrevivido en el mundo laboral, encuentra la justificación perfecta al desierto emocional de la infancia, considerando que lejos de perjudicarle, en realidad, le ha curtido, y gracias a ello tiene resiliencia, porque encuentra que la desconexión emocional, su estrategia de minimizar la necesidad del progenitor, su énfasis en desarrollar poder e independencia, ser agresivo, rechazar a los demás, ser asertivo y controlador,  desconfiar de las intenciones de los demás, (por eso, ellos mismos se convierten con el tiempo en mentirosos patológicos) resultan tremendamente efectivas en el mundo exterior laboral, con el que resuena. Esta máscara que lleva puesta para ocultar su niño interior herido, sin embargo, no sirve en la intimidad de la familia, donde su estrategia exterior fracasa irremediablemente.

Es decir, con frecuencia, el  padre evitador será negligente por estar ausente, centrado en su carrera profesional, en su independencia, probablemente, con éxito profesional y altos ingresos, con mínima capacidad para la intimidad, y reducidas habilidades parentales, por tanto, con apenas vínculos emocionales con los hijos. Padres que con frecuencia, usarán SAP en los tribunales. Siendo el entorno familiar de origen de frialdad emocional, los hijos, probablemente, también rechacen el entorno paterno por esta razón. Padres que al no ser conscientes de sus problemas para cultivar la intimidad y la sinceridad, probablemente, cargarán a su pareja con prácticamente todas las responsabilidades de cuidar – trabajo no remunerado, abusarán económicamente, controlando todas las finanzas, incluso considerarán a dichas actividades de cuidado, despectivamente, como “ser una mantenida”.

Los jueces/zas y  psicólogo/as patriarcales resuenan con este patrón, siendo ellos/ellas mismo, con mucha probabilidad, del mismo tipo de apego evitador y valorarán el éxito exterior del padre evitador, y proyectarán su propio vacío interior, en la madre ambivalente, acusándola de indefensión aprendida, de ser débil e inútil, de tener preocupación mórbida por los hijos, de sobreprotegerlos.

Y, sin embargo, resulta que la madre ambivalente tiene un radar impresionante para identificar hombres autoritarios, y sentirá frustración en el mundo exterior laboral porque reconoce el patrón, y sabe que lograr situaciones de win – win es bien difícil. El mundo íntimo es el espejo de este mundo exterior, donde el conflicto se resuelve, del mismo modo, uno manda y otro obedece. Por ello, muchas veces, encuentra satisfacción en la crianza donde se concentra en el arte de cuidar en lugar de en el arte de la guerra, de la mentira y el engaño, necesarios para sobrevivir en el mundo exterior. Un mundo exterior que prima razón sobre corazón e instinto y en consecuencia  lo femenino, la cooperación, la paz, la serenidad, la paciencia, la cooperación… brillan por su ausencia.

La supuesta alta autoestima del padre evitador, es en realidad agresividad, intolerancia, inflexibilidad.

Y, desgraciadamente, lejos de encontrar el valor para reconocer su desierto emocional, apoyado por el mundo exterior, en gran medida, narcisista de apego evitador siguen persiguiendo a sus ex-mujeres ambivalentes durante años, incluso décadas, usando la justicia como arma de violencia.

La supuesta ansiedad, angustia e inseguridad de la madre ambivalente, demuestra un tremendo valor de no querer ser cómplice de un mundo exterior insensible al dolor humano, plagado de desigualdad y falsedad, un mundo exterior reflejo del padre autoritario con el que creció donde la violencia, el poder, el castigo, la imposición, la inhibición de la espontaneidad y el diálogo es el pan de cada día. En este mundo, no cabe la igualdad de razas, géneros y culturas, no caben las relaciones positivas, el liderazgo con frecuencia, tiene un precio ligado a la explotación del otro que no se está dispuesta a pagar, cabe la inhibición, y el sometimiento. Y, yo me pregunto y en este entorno ¿cabe no sentir temor a ser rechazado, despedido? ¿Cabe no sentir preocupación por la mentira, la manipulación? ¿Cabe no sentir desconfianza? ¿Cabe evitar sentir angustia e ira ante la imposición? ¿Cabe hablar de capacidad de negociación pacífica sin que exista un alto grado de conflicto?

En fin que, ser aceptada, ser complaciente es un precio que a medida que una dejar la naivete de la juventud, y avanza hacia el earned security, no se está dispuesta a seguir pagando. La madre ambivalente, poco a poco, a base de idealizar, de confiar en el otro, de ser defraudada unas cuantas veces,  acaba aprendiendo a ver que irremediablemente cada ser humano  lleva en su interior luz y oscuridad, su peculiar mezcla de bien y de mal, y que el tema no es distinguir en quien confiar y en quien no sino bajo que circunstancias debemos depositar nuestra confianza. Nuestra niña interior herida, necesita ser protegida, por nadie mejor que nosotras mismas, porque dentro de cada madre protectora, hay una reserva inmensa de coraje.

No puedo evitar pensar que si el hombre fuera tanto en el mundo interior como en el exterior, pacífico, bondadoso, cálido, buen amigo, que está, que apoya, que deja ser, que sabe cuándo estar y cuando irse, con quien tener una rica intimidad, y al mismo tiempo que sepa respetar la necesidad de independencia, comprensivo, amable, con sentido del humor,  paciencia, capacidad de integrar, la vida de las familias sería más sencilla y apacible.

Si  valorara el arte de cuidar del otro, de la naturaleza, de uno mismo, igual que lo hago yo, el olor a limpio, a comida guisada con cariño, las cosas sencillas de la vida, y sin embargo, que son las que la hacen extraordinaria, si empezara a construir su vida saliéndose de los roles tradicionales masculinos, creo que no habría espacio para el apego ambivalente, pues la angustia, el miedo no tendrían cabida en un mundo igualitario, de paz y prosperidad.

No puedo evitar pensar que si la mayoría de los hombres fueran así, si el mundo dejara de ser éste lugar inhóspito y duro, y las mujeres no tuvieran que hacer el imponente esfuerzo para ser independientes, si pudieran conectar con el corazón libremente, junto a compañeros de viaje igualitarios, tampoco tendría cabida el apego evitador.

Todo esto me lleva a pensar qué diferente sería la vida, si hubiera una civilización sana de apego seguro.


Fuentes:

Handbook of Attachment. Theory, Research and Clinical Applications. Cassidy & Shaver

Parenting from the inside out. Daniel J. Siegel & Mary Hartzell


Teoría del apego: Introducción (1 de 5)

¿Es posible desarrollar apego seguro en el orden patriarcal? (2 de 5)

Tipo de apego en la infancia y calidad de nuestras relaciones adultas. (3 de 5)

La relación de apego y la violencia patriarcal contra las mujeres. (4 de 5)