Los milagros del curso de milagros de Santos Ávila Ruiz.

Santos Ávila Ruiz escribe en este libro sobre  Un Curso de Milagros.

Me llama la atención, la foto de portada… un campo de bellísimas amapolas. La amapola es mi flor favorita.

Me llama la atención cómo el monólogo de Santos, es también, el mío. Habla de amor, de unidad, de paz interior, de mirar con el corazón, de escuchar su susurro de paz y de amor.

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Santos con su estilo ameno, traduce el mensaje de paz del Curso de Milagros, de un forma que invita a su lectura.

Y, este mensaje de paz

está dirigido a todas esas personas que queremos que la paz no sea efímeros momentos de iluminación sino nuestro estado natural permanente.

Y, ese mensaje de paz:

Nos lleva a vivir la vida enfocándonos en la paz interior y en el amor.

Nos anima a llevar una vida de inclusión, donde incluimos a la totalidad de la existencia y la contemplamos con una mirada amorosa,

Nos aleja de la sensación de separación y nos guía a dejar la lucha, el ataque y la guerra, a reaccionar menos, a enfadarnos menos, pues finalmente vemos, que todo tiene que ver con experimentar amor o carecer de él, y que por tanto, la venganza o el contraataque solo produce satisfacción momentánea, nunca la paz que anhelamos.

Nos ayuda a ver cuántas heridas y cuánto dolor tenemos en nuestro interior. Dolor que nos insensibiliza y proyectamos en el mundo exterior tiñiendo todo, nuestras relaciones y nuestro mundo. Todo el sufrimiento, el odio, la ira, el orgullo, el rencor, la culpa, la vergüenza, que experimentamos en nuestra vida, están en nuestro interior para ser expuestas a la sanación de la luz y el perdón. Pues el perdón tiene una capacidad sanadora que nos libera del sufrimiento que nos impide ver la belleza de la vida y avanzar. El acto de perdonar no tiene como objetivo mejorar la relación, aunque quizá mejore, sino restablecer nuestra paz interior. Solo sanando nuestras heridas interiores podemos dejar ir el pasado y vivir en el ahora, disfrutar de la eternidad del momento presente y desarrollar todo nuestro potencial.

Por ello, Santos dice que la persona que ataca no está en paz, si lo estuviera no atacaría, tiene un gran vacío que solo el amor puede llenar, y sin embargo,  con frecuencia, no está preparada para recibir amor, incluso puede sentirse atacada si le ofrecemos nuestra compasión y cariño. Si reaccionamos al ataque respondemos de la misma manera, le damos el poder de controlarnos.

Nos recuerda que debajo de todo el dolor está nuestra esencia, que está basada en el amor. Recuperar nuestra esencia nos permitirá vivir la vida con armonía, paz y amor,  nos cambiará por completo y hará que todo cambie a nuestro alrededor. Si miramos a través del corazón vemos una falta de amor en todo lo que ocurre, un robo, una violación, un atentado….

Nos enseña a recuperar nuestro poder haciéndonos responsables de nuestra vida, en lugar de culpar a los demás, pues en ese caso estamos a su merced. Somos respondables de elegir paz donde hay guerra, o amor en lugar de miedo. Elegir ser felices en lugar de tener razón, pues cada uno ve la vida desde su mundo de creencias.

Nos recuerda que se trata de arreglarnos nosotros, no de intentar arreglar a los demás, de ocuparnos de uno mismo y sanar nuestra propia percepción para poder ayudar a los demás.

Nos avisa que transitar el camino hacia la paz implica vivir momentos de soledad, porque cambiaremos nuestra vibración, y eso hará que algunas personas queridas nos sigan y otras no, implica que aparecerán otras nuevas, y volverán del pasado otras pues esta nueva vibración trae de la mano la posibilidad de borrar memorias erróneas que compartíamos.

Nos muestra Santos la similitud del Curso de Milagros y la técnica hawainana del Hoponopono. Ambos tienen en común el acto de humildad que conlleva mirar hacia dentro y limpiar nuestro corazón.

Su oración:

Lo siento por aquello que hay en mí que está creando esta situación.

Te quiero.

Lo siento.

Por favor, perdóname.

Gracias.

Nos dice que el indicador de integrar el curso es que nos sentimos en paz con más frecuencia, que los conflictos nos perturban menos, se diluyen con más facilidad las emociones de baja vibración.

Nos recuerda que para sentir el amor de Diós hemos de ser humildes y confiar que siempre está con nosotros, que cuanto más confiamos y soltamos y dejamos de controlar, más podemos escuchar su voz, y más grande será nuestro silencio.

Y, el camino de aprendizaje que conduce  a ese lugar de paz interior infinita requiere mucho trabajo, ser constantes, tener paciencia y pasa entre otros lugares por:

Limpiar nuestra mente de toda la basura que hemos ido almacenando  y que ha hecho que nuestra vida y el mundo que hemos ido construyendo esté basado en el miedo, el sufrimiento, el ataque y la separación,

Ofrecer aquello que queramos recibir.

Evitar juzgar porque surge de las emociones de baja vibración ira, rabia, orgullo, resentimiento.

Aprender que la vida nos trae situaciones que reflejen nuestras emociones reprimidas.

Entregar al Universo, dones, preocupaciones, problemas, emociones….

Intentar ver nuestra vida como una película que podemos disfrutar.

Evitar los caminos que hablan de guerra.

Evitar reaccionar… Osho lo llama abrir la puerta del Cielo o del Infierno, ver con el corazón o con el ego.

Meditar…

Algunas Meditaciones para recuperar la paz:

Perdón: meditamos envolviendo a esa persona en luz sanadora, brillante y pura. La luz blanca crece hasta envolvernos a los dos.

Conectar mente y corazón: meditar reposando en una emoción agradable como la alegría, el amor infinito, o la paz.

Soltar emociones: Cuando somos capaces de soltar una emoción como la ira las situaciones que antes provocaban ira dejan de aparecer:

Pensar en una persona o situación que nos genere una emoción negativa, sentir la parte del cuerpo donde está localizada y decirle a la emoción te libero, te dejo ir, gracias.

O conectar con una emoción y ver imágenes o situaciones o personas relacionadas con la emoción, localizar la emoción en el cuerpo y dejarla ir.

Santos explica la razón por la que se llama un Curso de Milagros:

Cuanto más avanzas, más milagros suceden, aparecen oportunidades caídas de cielo o aparecen personas que necesitas para tu evolución o para poner en marcha alguno de tus proyectos, aparece una persona que te dice algo que necesitas oír, te ofrece algo que buscabas, surgen posibilidades que te facilitan la vida… la vida se vuelve mágica, y la magia envuelve cada paso que das. Todo no es maravilloso, siguen habiendo problemas, cuando nos dejamos guiar por el ego. Los estados de paz van en aumento, lo externo nos perturba menos. el milagro de vivir en paz desencadena más milagros.  Tomamos mejores decisiones que significan resultados más armónicos. Los milagros se producen como efecto del amor. Donde se planta la semilla del amor no crece el miedo. El ego se disolverá, llevándose el miedo, dejando en su lugar la experiencia de paz.

Y, ese lugar infinito de paz, es el Cielo en la Tierra.

Crear el Cielo en la Tierra, un lugar de respeto y colaboración. Volver a casa como dice Santos, cada cual por su camino particular. Para mí fue los libros de Osho, para otros hoponopono, para otros la Cabala, para otros practicar la meditación, el yoga, el tantra, reiki…

El cielo está en ti cuando estás en paz, cuando dejas de juzgar, cuando ves belleza en los demás, cuando ves belleza en ti, cuando ofreces una sonrisa llena de afecto, eliges amar sin condiciones a quien te rodea.

Una vez más, Santos, gracias, gracias, gracias.