¿Nace la violencia de la represión emocional del varón?

Acabo de leer el artículo de Michael Kauffman – Las 7 P´s de la violencia entre los hombres. Me ha gustado mucho, porque construye desde la paz, desde el respeto al dolor que anida en el corazón del niño interior herido que todos llevamos en nuestro corazón. Es como una puerta a la esperanza de encontrar la semilla de la violencia.

Habla Kaufman en su artículo de la violencia del hombre contra el hombre, y contra sí mismo o la interiorización de la violencia, habla de la jerarquía de las sociedades dominadas por hombres, entre ellos y del hombre contra la mujer, habla de cómo la sociedad patriarcal provoca la supresión de las necesidades emocionales del hombre al forzarles por el mandato de los hombres no lloran a  la transformación de toda la gama de emociones humana en una sola permitida, la ira, que irremediablemente conduce a la violencia. Habla Kaufman de cómo la violencia, o la amenaza de violencia confiere privilegios al varón, de cómo existen leyes absurdas en todo el mundo que lo amparan, de cómo se fomenta y se celebra la violencia en los deportes, en el cine, en la literatura. Habla de cómo el mandato patriarcal de ejercer el poder y el control le  provoca al varón, temor, aislamiento, dolor para sí mismo. Habla de cómo la capacidad para dominar y controlar pasa por obligar al hombre a cubrirse de una coraza de dureza través de la cual pone distancia emocional consigo mismo y con los demás. Habla de cómo la inseguridad para pasar las pruebas de hombría les lleva a un abismo de dolor, de temor, aislamiento, ira, autocastigo, autorrepudio y agresión. Habla de cómo la violencia se convierte en una forma de compensar esta inseguridad y soledad. Habla de cómo a través de los tiempos, la masculinidad se ha construido, a partir del rechazo de lo femenino, perdiendo en el camino la habilidad de empatía, convirtiendo al varón en un ser humano incapaz para sentir las necesidades de los demás. Si la masculinidad es poder, no ser poderoso significa no ser hombre. Habla de cómo gran parte de los hombres crecen siendo testigos de la violencia del padre contra la madre, de cómo se interiorizan estos patrones y de cómo este modelo acaba siendo el propio en la edad adulta, pasando el patrón de la violencia de generación en generación.

Y, la sociedad patriarcal, el mundo laboral es la imagen de todo esto que habla Kaufman, la crueldad, la desigualdad, la explotación, la insensibilidad, las guerras, la destrucción del planeta, la corrupción. Y es todo esto, el precio que pagan los hombres que ocupan cargos de poder, la manipulación, la mentira, pisar los derechos de otros. Y es todo esto, el precio del poder que las mujeres no queremos pagar, más que el techo de cristal de no poder llegar ahí. Un mundo feminista no sería jerárquico, no habría estas estructuras destructivas de poder.

Cuánto horror ha producido y produce en el mundo, cuántos genocidios, guerras, violaciones, producidos por esa desconexión del varón con el mundo emotivo, con la espiritualidad, sensibilidad, paz, generosidad, receptividad, con el  no hacer, y la colaboración.

Ese patrón de masculinidad que va pasando de generación en generación de poder es enormemente destructivo. Por eso, veo necesario maternizar el mundo, hacerlo menos duro, e insensible, ahondar en las raíces de dolor infantil, conocerse a sí mismo, dejar la coraza, dejar de esconder su vulnerabilidad, sentir, conectar con sus sentimientos, llorar, pedir ayuda, sustituir el arte de la mentira y el engaño por el arte de amarse a uno mismo para poder amar a otros, renunciar a los privilegios, dejarse abrazar, y aprender a abrazar a otros, disfrutar de la ternura de dar versus la soledad del dominar, imponer y comunicar miedo,  aceptar el vacío del que hablan los orientales, dejar la hombría para conectar con el ser humano pacífico y sensible, dejar de medirse con otros, de alzarse sobre el vulnerable sino sostenerlo, sentir empatía, sentir las emociones de los demás, celebrar, reír, bailar, aceptar que está bien sentirse inseguro, procesar las pérdidas sin aporrear al otro, dejar ir, tener el valor de proteger al oprimido, al violentado, practicar la meditación…

Por eso, pienso que más que ir contra las violencias machistas, hay que ir abrir una brecha en el patriarcado que nos libere a todos de la violencia, y poder caminar hombres y mujeres en paz y armonía.

En la misma línea de Kaufman, he leído Rescatar lo femenino para rescatar la Tierra de la religiosa, María José Arana. Es un artículo bien impresionante, sobre todo, teniendo en cuenta que la autora lo escribió hace 20 años… y ya habla del cuarto mundo integrado por mujeres, y que la pobreza tiene rostro de mujer.

Me llama la atención del artículo de Arana, que toca el mismo tema de Kaufman, la represión emocional que el patriarcado fuerza al varón, que le lleva a desconectarse del corazón, condenándole al aislamiento, a privarle de la intimidad de alma con alma, y la coincidencia de ambos autores, y que yo comparto, de que es imprescindible para que se dé el ocaso del patriarcado que el hombre deje el arte de la guerra, y abrace el arte de amar, reinterpretar la masculinidad, en palabras de Arana,

sustituir la agresividad competitiva, por la compasión solidaria donde el espíritu de colaboración sustituya a la orgullosa competición”,

Me llama la atención también esta frase de Arana,

“Cuando los hombres tomaron conciencia de su desventaja en la naturaleza (se refiere a la fertilidad), crearon un paliativo de gran envergadura: el sistema patriarcal”.

Esto mismo veo yo cuando hablo del vínculo entre mujer e hijo, de saciar el hambre de maternaje del mundo, a través del matrismo, de lograr equilibrar el yin y el yang, de elevar lo femenino al nivel masculino, para traer la paz, la espiritualidad, le receptividad, la paciencia, la compasión, la vulnerabilidad, la ternura, el cuidado de la vida, el no hacer y sanar la humanidad a través de la fuerza del amor.

“Este nuevo nacimiento y la profunda sanación de la que están necesitadas las relaciones humanas, pasa por un proceso psíquico y espiritual hondo, que afecta a hombres y mujeres y a toda la creación. (…) nuestro Planeta y nuestra Humanidad necesitan una sanación física y espiritual, cuando Jesús cura, sana el alma, solo mujeres y hombres que han integrado el ánima pueden entender al Jesús global que logró esa integración. Lo que nos interesa aquí es descubrir que la persona humana tiene por delante caminos interiores, intransitados aún desde el punto de vista psicológico y humano, pero que deben ser profundizados desde una fuerte llamada y dimensión espiritual. Es una tarea que la humanidad tiene aún pendiente. El futuro depende de las relaciones y éstas deben brotar del corazón, de un corazón reconciliado”.

Esta frase resuena en mi interior, profundamente, es a lo que me refería con vaciarse de contenidos, con ir hacia dentro, con iniciar el viaje interior, con aprender a amar…

“El amor es la energía fundamental de la vida y de las relaciones; de ahí brotan las posibilidades de transformación, acompañamiento y búsqueda.“ El amor cambia el mundo”, dirá Teilhard de Chardin. El amor re-anima, re-hace, re-vigoriza desde una corriente de sim-patía interior, capaz de atravesar internamente el mundo. Abre nuevos caminos y posibilidades de esperanza.”

En este momento de mi vida, coincido con la autora de que un nuevo mundo, pasa por transitar el camino de feminizar el mundo.