La punta del iceberg.

Estas últimas semanas he conocido varias mujeres separadas, jubiladas. Me ha gustado mucho, escuchar sus historias personales y me han hecho reflexionar sobre varias temas. Por ejemplo, me he dado cuenta de que las denuncias por maltrato son la punta del iceberg. En casi todas las historias que estas mujeres han compartido conmigo, ha habido maltrato psicológico no denunciado. Pienso que la solución de ir a la comisaría, o de pedir indemnización no pita, creo que tenemos que ir a la raíz como he dicho en otros artículos. Y, la raíz es, que con frecuencia, las mujeres que están dentro de este grupo, no denuncian, no se divorcian…por proteger a los hijos del divorcio, y muchas mueren en el intento.

Otra cosa que me ha llamado la atención es que muchas de estas mujeres han salido adelante con la ayuda económica, y en el día a día de sus padres. Lo que me lleva a pensar que las mujeres que no tienen este apoyo familiar, lo tienen bien difícil para salir de la trampa porque no tienen dónde ir, y porque mantener a la familia, y por tanto, estar fuera de casa, implica dejar a los niños solos.

Todas tienen pensión vitalicia, en algunos casos nunca se revisó al alza con los años, y tuvieron que buscar un empleo. Pero, la pensión vitalicia, aunque pequeña, les permite poder vivir después de la emancipación de los hijos, aunque sea de forma sencilla, y además les ha permitido seguir cuidando a los hijos en el momento del divorcio, sin quedarse con el actual una mano delante y otra detrás y sin que se dé un abrupto cambio en la forma de cuidar a los hijos, teniendo que estar ausente la mayor parte del día.

El tema de los gastos extraordinarios, tal y como está configurado, igualmente invita a no reclamar, y es frecuente que las mujeres se ajusten a lo que tienen y con el tiempo, no reclaman nada al ex marido. Cada reclamación invita con frecuencia a la bronca, y en general, casi todas las mujeres con las que hablado han optado por dejar la guerra judicial, vivir en paz, saber a qué atenerse, con qué contar, evitando el poder de veto, o la arbitrariedad en el pago.

También decir que en el caso de algunas mujeres maltratadas, que han estado en peligro de muerte ellas y sus hijos, tal y como está configurado el divorcio, con los trámites y los estereotipos vigentes se encuentran que lejos de acabar la situación con el divorcio y reconducir sus vidas se encuentran muchas de ellas con que el ex marido utiliza la justicia como un arma más de violencia, llevando a sus mujeres a juicio tras juicio con todas las consecuencias que esto conlleva a nivel emocional, económico, en tiempo, etc.

También se repite el patrón de que los hijos con el tiempo dejan de tener relación con el padre. Con frecuencia pasa, que los hijos, irremediablemente, acaban viendo las causas y consecuencias del divorcio, y qué progenitor se ha visto perjudicado y qué progenitor ha mejorado con él, ven si ha habido un problema de faldas, ven el ajuste económico que se traduce en tener para comer e ir al colegio, y olvidarse de la abundancia, del ocio, de los regalos de navidad, o de las vacaciones, ven que la madre sigue al pie del cañón, la ven pasándolo mal, ven su cansancio, su tristeza, ven que su carácter se ha endurecido, que ya no tiene paciencia porque no llega a todo, y se dan cuenta de que al dañarla a ella, les ha hecho daño a ellos, y mucho, y con el tiempo, se descuelgan del padre. Muchos, reconocen que solo ven al padre, para evitarle problemas judiciales a la madre. Asimismo, empieza a haber muchos niños y jóvenes que desde el principio se rebelan contra la imposición de la ley española de intentar normalizar la relación con el progenitor irresponsable, violento, o autoritario.

Después de escuchar a todas estas mujeres, que hoy están tranquilas, que ven ya muy lejos su época de casadas y las penurias económicas a las que se enfrentaron, veo que lejos de proteger la maternidad, con los años, se ha desprotegido más y más. Desde luego, el fin de las rentas vitalicias marca el fin del compromiso del varón para con la madre de sus hijos, y por tanto, el matrimonio como forma de proteger a la familia ha muerto. El fin de la renta vitalicia, deja muy vulnerable a la mujer después de la maternidad responsable, y desde luego, invita al matriarcado, a asumir la crianza de los hijos sola.

Cuando veo jóvenes mujeres embarazadas, o jóvenes mamás paseando a sus bebes, no puedo evitar pensar lo ignorantes que son sobre muchas cosas, sobre el gigantesco esfuerzo de dar que lleva consigo la maternidad, sobre lo largo que es el proceso que se prolonga hasta la emancipación de los hijos y más allá, sobre las diferentes exigencias de cada etapa de la crianza, sobre el cansancio, sobre lo vulnerables que nos volvemos en la maternidad en términos de autonomía, libertad, e independencia económica si nos salimos de la campana de Gauss social y apostamos por vivir la maternidad fuera de los límites que la sociedad actual de alguna forma impone a las mujeres al haber dejado de ser responsabilidad del padre de sus hijos. Y… la verdad es, que cuando las miro siento compasión por ellas porque pienso en el viaje de mi propia maternidad, en el proceso judicial en el que mis hijos y yo estamos inmersos, en todas las implicaciones económicas que derivan de ello, y en como todo ello ha dejado mi energía vital bajo mínimos. Mirarlas lo que sí me provoca, es el pensamiento de que he de ayudar a Proteger la maternidad, para proteger la infancia, para poder crear una sociedad más limpia, sana, justa, y bondadosa, porque como decía San Agustín, dadme otras madres y os daré otro mundo.