El durísimo camino elegido por Velaluz.

Velaluz vuelve a la puerta del sol.

Me produce una enorme tristeza, angustia, frustración e impotencia la noticia.

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Hay mujeres que somos bloggers, otras han fundado asociaciones, otras han escrito libros, otras llevan una década en los tribunales luchando por sus derechos, otras son profesoras, conferenciantes, en masters y cursos en la universidad, otras incansablemente publican en sus muros de Facebook, noticias, otras son formadoras de la juventud, periodistas… En fin, cada una desde su talento, desde sus posibilidades.

El camino de lucha que ha elegido Velaluz es durísimo: poner en riesgo su integridad física, para lograr un compromiso político, un Pacto de Estado, contra la violencia de género.

Y, yo me pregunto y un Pacto de Estado contra la violencia de género, ¿es posible?

Cuando intento responder a esta pregunta no puedo evitar pensar que el mundo interior es el espejo de exterior, ambos dominados por la cultura patriarcal. Un mundo exterior, fundamentalmente, guiado por narcisistas perversos, desconectados del corazón, artistas del arte de la guerra.

Negociar, mediar, con narcisistas perversos, es imposible, no cabe tal cosa. En la intimidad del hogar no nos ha sido posible hacer valer nuestros derechos, ni en los tribunales españoles donde SAP y su terapia de la amenaza,  es el pan de cada día, ni conseguir que la Fiscalía acepte las denuncias contra la Ferias de vientres de alquiler,  y ahora estamos con que el legislador contempla imponer la custodia compartida en todo el territorio, legalizar la prostitución, o los vientres de alquiler.

Y, esto es la primera capa. La segunda capa, lo que subyace detrás de estos interlocutores es que detrás de la violencia de género, está la lamentable situación de la mujer en España y en el mundo,  y es necesario pensar a quién le interesa que la pobreza tenga rostro de mujer y por qué.

Y para responder a esta pregunta, es  importante remontarse al momento histórico del nacimiento del Estado, como explica con detalle en el Calibán y la bruja, Silvia Federici.

Merece la pena saber que el Estado está al servicio del capitalismo, no de la humanidad. El Estado es en realidad un mecanismo que tienen los hilos del poder capitalista mundial para, de forma oculta, manejar el mundo.

Merece la pena saber que el capitalismo nace después de un proceso de acumulación primitiva, nombre sutil, para decir que se robó, apropiándose, cercando las tierras comunitarias que cultivaba la población para su subsistencia.

Merece la pena saber que la Iglesia católica ha sido y es su gran aliado histórico.

Merece la pena saber que las mujeres, y los llamados herejes, como los cátaros, (que no aceptaban el poder de la Iglesia católica), fueron los rebeldes que se resistieron al nacimiento del capitalismo.

Merece la pena saber que el capitalismo se basa en la acumulación de poder económico en manos de unos pocos a costa de empobrecer al resto de la población, con el objetivo de tener un exceso de manos de obra, que devalúe su precio. Este empeño en que exista mano de obra pobre, o esclavos para que se perpetúe el modelo económico de pocos ricos, y una masa de pobres explotables, provoca que el Estado inicie la caza de brujas, que a través de la violencia y el miedo, expropia a la mujer de sus derechos reproductivos, persiguiendo los métodos anticonceptivos, el aborto, y el llamado sexo no productivo.

Merece la pena saber que el capitalismo arrebata muchas más cosas a las mujeres, entre ellas, su acceso a la propiedad, y su medio de vida independiente del varón. No solo las tierras que cultivaban, sino que convierte en negocio multitud de trabajos que permitían su supervivencia, como la de ser artesanas, herreras, hacer pan, cultivar huertos, hilar, tejer, cocinar,  cuidar de los animales de granja, la medicina natural, las parteras… Multitud de trabajos que dejaron de hacer las mujeres, y empezaron a hacer los hombres a cambio de un salario, quedando fuera de este mercado el trabajo femenino. Al sacar todos estos trabajos de la casa, y llevarlos al mercado, produciéndose la separación entre reproducción y producción, las mujeres fueron expropiadas de sus derechos a una vida digna e independiente, quedando para siempre y todavía hoy sometidas al varón, y si se rebelan al Estado.

Las mujeres fueron llevadas a la hoguera, torturadas durante más de dos siglos, para ser sometidas al capitalismo. Por tanto, el horror acabó cuando las élites dejaron de tener miedo a las revueltas, porque su situación era suficientemente sólida. Merece la pena saber que todas las muestras de valor y rebeldía que han mostrado las mujeres resistiéndose a la creación del capitalismo, han sido apagadas con el ejercicio de la violencia, la manipulación y el terror. La caza de brujas se dio en Europa, y también con las bravas mujeres indígenas que se resistieron a la colonización, y también en India, África. La última caza de brujas fue en Nigeria en los años ochenta, noventa. Hoy hay una nueva caza de brujas el uso de la custodia compartida y SAP, la amenaza del “Y te quitaré los hijos” de la que habla Consuelo Barea en su trilogía del mismo nombre.

Merece la pena saber que el capitalismo usó la prostitución creando burdeles públicos y haciendo la vista gorda en las violaciones para acabar con la conciencia de clase que minaba con su resistencia las condiciones necesarias para la acumulación primitiva. Y, consiguió romper este nexo, comprando a los hombres con sexo. Decir que hoy todavía existe esta estrategia estatal. Decir que los hombres cayeron en la trampa, y todavía siguen en ella. Mientras no sean conscientes de la necesidad de recuperar la conciencia de clase, las relaciones igualitarias con las mujeres, el capitalismo seguirá usándolos a ellos también. Las mujeres se quedaron solas en su resistencia a la creación del orden capitalista, y terminaron sufriendo los dos siglos de caza de brujas de torturas y hogueras, sin que ningún hombre hiciera algo para impedirlo.

El capitalismo se inventó las llamadas leyes contra la vagancia,  prohibían los bailes, la nocturnidad, las reuniones, la alegría, el disfrute de la vida, con el objetivo de siempre ser productivos para el sistema. Todavía hoy tenemos coletazos de esto. Por ejemplo, el sistema de pensiones públicas y el impositivo está diseñado según este principio. Para la pensión máxima, es necesario toda una vida de trabajo, con la más alta categoría profesional y con un alto sueldo. Es decir, por un lado para garantizar toda una vida de trabajo, (sin posibilidad de hacer hucha y disfrutar de la vida) y por otro, para garantizar que hay pobres. En esta categoría están las  mujeres por el motherhood penalty y la gran masa de pobres de bajos sueldos y bajas categorías profesionales que crea el capitalismo porque lo necesita para sobrevivir. Por eso, al capitalismo le interesa que las madres a tiempo completo no puedan acceder al régimen de pensiones público.

En fin, así se escribe la historia del capitalismo, sobre los pilares de la desigualdad de razas, culturas, géneros, y clases.

De manera que un Pacto de Estado es harto difícil, cuando el Estado como cómplice del capitalismo, se ocupa de proteger este pilar capitalista que es la esclavitud de la mujer, a través del trabajo no remunerado. En realidad, si reflexionamos acerca de las condiciones del divorcio… resulta que el Estado permite y favorece que el varón use a la mujer como un vientre de alquiler, para parir, criar y cuando ya no le sirve le permite dejarla en la calle. Y, el legislador con la imposición de la custodia y la legalización de los vientres de alquiler, quita de en medio de un plumazo a la madre.

Y, entonces, pienso que las valientes de Velaluz, se han puesto un objetivo que a mí me parece casi una utopía.

Negociar un Pacto de Estado con el legislador se me antoja, visto lo visto una tarea estéril. Nos van a marear, mentir, manipular, como lo llevan haciendo desde el nacimiento de la era capitalista.

Quizá hemos de desistir en nuestro empeño de pedir y empezar a crear un nuevo orden económico, una alternativa al capitalismo donde producción y reproducción vuelvan a unirse.

Quizá convertir la red de sororidad en una red económica de expertas a nivel mundial, usando los talentos de todas nosotras.

Quizá contemplar el eco-feminismo como un paso que nos conduzca a ello.

No puedo evitar pensar, que vivimos en una civilización enferma, así que para que un Pacto de Estado fuera posible sería necesario cambiar el mundo,  y como dice Claudio Naranjo – Para cambiar el mundo habría que cambiar la educación, y curar las heridas emocionales.

La sanación espiritual del corazón humano es una solución muy a largo plazo, que llevará tiempo, mucho tiempo, me temo, o quizá sea…. un grandísimo sueño inalcanzable.

Por las valientes mujeres de Velaluz, con admiración, respeto y gratitud.