¿Indefensión aprendida o síndrome de mujer maltratada?

Estos días he leído en uno de los foros, un artículo sobre la Indefensión Aprendida, y la conversación que ha surgido a partir de ella.

No he podido evitar revivir el dolor, angustia y frustración, al recordar la vida vivida.

Por ello, me he decidido a escribir este artículo. Mi punto de vista es solo una pieza del puzle, algo que quizá es válido de acuerdo con mi propia experiencia, y sin embargo, no para todas las mujeres. No pretendo decir que lo que escribo es ni mucho menos una verdad absoluta, pero ciertamente es una verdad relativa, pues está sustentada en las puertas a las que he llamado en el devenir de mi camino hacia mi libertad y dignidad.

Cuando después de años de tortura emocional y física, llegas a una consulta psicológica o legal y te dicen que lo que te pasa es tu culpa porque sufres indefensión aprendida…se te cae el alma a los pies. El sinsentido que me pareció me llevó como tantas veces en mi vida a indagar guiada por mi intuición. Leí a Seligman y esto que a continuación escribo es lo que encontré.

En el libro Learned Helplessness. A theory for the Age of Personal Control de Seligman, Maier y Peterson, explican que para tener indefensión aprendida tienen que darse tres condiciones:

  • Contingency – Contingencia. Se refiere a la relación “objetiva”  entre los actos de una persona y las consecuencias. La indefensión aprendida implica que la relación entre ellas es fruto del azar versus controlable.
  • Cognition –  Cognición. Se refiere a la manera en que la persona percibe, explica y extrapola la contingencia. Su percepción puede ser precisa, objetiva o puede no serlo. Es decir, algo puede ser controlable, pero la persona lo percibe como no controlable y basándose en esta percepción, lo extrapola al futuro, y considera que cualquier cosa que haga no servirá para cambiar la situación.
  • Behavior – Comportamiento. Mide la pasividad de alguien versus la acción, en un contexto diferente a lo sucedido anteriormente. Es decir, se ve si el individuo llevado por su experiencia anterior renuncia a hacer algo para cambiar la situación actual. Asimismo, las expectativas de impotencia ante el futuro, pueden ir acompañadas de un retraso en la percepción, baja autoestima, tristeza, pérdida de la agresividad, cambios en el sistema inmunológico y enfermedad física.

En resumen, la indefensión aprendida aplicada a la violencia de género implicaría considerar que la percepción de la mujer no es objetiva, no es real,  tiene problemas cognitivos de percepción porque ella percibe que no puede hacer nada para cambiar su situación y, por tanto, permanece pasiva ante el maltrato, cuando la realidad es que sí puede cambiarlo.

Por tanto, no es lo mismo que te digan que sufres Estrés Post Traumático como los soldados de la guerra del Vietnam, o que sufres Síndrome de Estocolmo a que sufres Indefensión  Aprendida. Los primeros, te abrazan, te acogen, reconocen tu sufrimiento, te dan la mano, te dicen que tu experiencia ha sido una tortura y una privación de los derechos humanos más básicos, la segunda que te ha pasado porque, o bien, en algún momento de tu crianza, no has aprendido a valerte por tí misma, no sabes resolver problemas o tomar decisiones, eres “weak & ineffectual” – débil e inútil y has dado el poder a otra persona,  o bien que, la indefensión aprendida surge del maltrato y que habiendo salida, no la ves, y necesitas que te lleven de la mano.

No puedo evitar pensar en todos los judíos que murieron en los campos de concentración, o las mujeres a las que mutilan sus órganos genitales o los violadas o las víctimas de la trata, en fin todos ellos, ¿tenían problemas cognitivos de percepción de la salida, y mostraban pasividad?

Es diferente que te maltraten y tu físico y tu psiquis se fragmente, y pierdas el amor a la vida, o a la esperanza, y que llores hasta no poder más, a que te maltraten porque eres sumisa, no sabes decidir, y eres pasiva.

Asociar la indefensión a la violencia, desde donde yo lo veo, es pasar por alto el comportamiento destructivo del maltratador en la intimidad. Me recuerda a la historia de la rana, si la metes en agua hirviendo salta, si vas calentando el agua poco a poco…se muere. Si el primer día de conocer al maltratador te da una torta, sales pitando, pero la realidad es que la tortura emocional, económica y física se prolonga en el tiempo, el desgaste se da poco a poco, y no suele aparecer hasta después de la boda, o cuando hay una hipoteca o en el nacimiento de un hijo cuando por los lazos te tienen bien agarrada y salir pitando ya no es tan fácil. No te conviertes en personalidad bonsai de la noche a la mañana. El maltratador va cortando los apoyos familiares, económicos, amistades. Como el perro del experimento, ante los shocks se busca incansablemente una salida. Primero se intenta hablar, sin éxito, porque boicotea cualquier intento. Intentas tener una relación de igualdad, pero poco a poco el maltratador te ignora y toma él las decisiones, dice que ha dicho lo que no ha dicho, y  que no ha dicho lo que ha dicho, no mantiene su palabra, ni sus compromisos. Entonces el maltratador, de evitar cualquier diálogo, pasa a la tortura emocional, a la humillación, a la bronca, y de ahí a la violencia física, a la ira.

Entonces, si te dicen que padeces indefensión aprendida de alguna manera te están diciendo que si te meten en agua hirviendo nunca saltas, porque en tu crianza has aprendido a no hacer nada, y no eres una persona completa y madura.

No es lo mismo decir en el juzgado que sufres Estrés Post Traumático o Síndrome de Estocolmo que implica un abuso del exterior, a que sufres Indefensión Aprendida que  te convierte en débil, y susceptible de no poder ocuparte de los hijos.

Seligman llegar a la conclusión de que las víctimas de violencia de género no cuadran en el marco de la Indefensión aprendida según los estudios. A pesar de ello, en las consultas psicológicas los psicólogos patriarcales lo aplican.

En el capítulo 7 habla explícitamente del caso de violencia de género.

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 Los resultados del estudio no concluyen que las mujeres víctimas de violencia sufran indefensión aprendida porque:

  • Se percibe desesperanza porque hay una historia de falta de controlabilidad real, no percibida o imaginada. Como si estuviéramos en un campo de concentración. Hay muchas razones por las que una mujer no puede salir y se queda, para proteger a sus hijos, porque son vulnerables económicamente, porque carece de un trabajo que le permita mantener a los hijos, porque la sociedad es insensible a la violencia de género, porque no tienen a donde escapar, porque carece de recursos para iniciar la larguísima batalla judicial por la custodia, por proteger a los hijos de la vulnerabilidad económica, o de las visitas, o de los Puntos de Encuentro, porque carece de apoyos familiares, porque saben que la denuncia es solo la primera puerta, porque buscan salidas y no las encuentran, no porque tengan indefensión aprendida, no porque perciban erróneamente, sino porque detrás de las historias hay denuncias, psicólogos, divorcios, intento de diálogo, de negociación, contactos con ONGs, redes sociales, y la violencia institucional, y SAP,  y la amenaza de la custodia compartida impuesta, que como bien dice Ana María Pérez del Campo, esta modalidad de custodia impuesta no se contempla en países europeos, porque la imposición, solo garantiza el aumento de los conflictos, de los litigios y como es obvio a consecuencia de ellos, graves perjuicios para los hijos, como, normas educativas contradictorias entre ambos progenitores, la ausencia de rutina que confiere seguridad y confianza a los pequeños, sin dejar de lado que en semejante custodia se suele utilizar a los hijos como armas arrojadizas. En el caso de la violencia de género esas custodias se convierten en las vendetta más utilizada del agresor machista contra la mujer. La experiencia de las perversas consecuencias para los hijos ha sido constatada en comunidades aforadas, que disponen de custodia compartida impuesta, como Valencia o Aragón ….por tanto, la realidad es que las mujeres llaman a un millón de puertas.
  • La pasividad es instrumental, se usa conscientemente en la segunda fase de la relación para apaciguar la ira, el abuso verbal. Hay una razón autodefensiva, la violencia, la oposición genera más violencia. En los foros encuentro precisamente lo contrario, mujeres bien valientes, luchadoras, para nada pasivas, con carácter, con coraje, aunque muchas sean empáticas – empaths. Cuando ya han intentado todo, pueden pasar a la tercera fase de la que habla Miguel Lorente, la huida desesperada, que lleva al suicidio como forma de acabar con la situación o la muerte del maltratador. Esto es acción, no inacción.

Una cosa es el deterioro físico y psíquico por haber vivido en una especie de campo de concentración, el agotamiento y la sensación de impotencia y otra cosa es la indefensión aprendida.

Seligman concluye que la incontrolabilidad es real, no hay problemas cognitivos sino realidad de terror, y riesgo real de perder la vida, la dignidad y la libertad y no hay pasividad, sino que es instrumental y voluntaria. No es que no sales porque no quieres, como Seligman concluye, no sales porque no puedes.

Los libros de Consuelo Barea, de la trilogía, “Y te quitaré los hijos”, o “Mi marido me pega lo normal” de Miguel Lorente, o “Amores que matan” de Vicente Garrido, explican para mí mejor las causas por las que la mujer se siente impotente para salir.

El capítulo 5, del libro de Miguel Lorente, “Mi marido me pega lo normal”, describen la situación verdaderamente vivida por la mujer ante la violencia. Estos son algunos extractos de dicho capítulo:

Síndrome de la mujer maltratada, baja autoestima, presencia de un síndrome depresivo, reacciones de estrés, sensación de impotencia y abandono de los demás. Presentan temor, ansiedad, fatiga, alteraciones del sueño, y del apetito, pesadillas, dolores inespecíficos…sintomatología asociada al Estrés Post Traumático.

…presentan un elevado control interno.

la actitud ante el maltrato: En una primera fase se caracteriza por la oposición de la mujer a la violencia, se enfrenta a las agresiones e intenta detenerlas, de diferentes formas incluso recurriendo a denuncias. Poco a poco va percibiendo la inutilidad de su actitud….en este momento, cree que la mejor opción es tratar de controlar la situación por medio de una estrategia de  negociación que permita manejar la agresividad del hombre….sin tomar conciencia de la situación puede llegar a la fase de la huida, en la que la mujer trata de escapar de la situación de forma desesperada. En esta situación, muchas víctimas pueden llegar a agredir al maltratador o al suicidio…”

A los pro-SAP les interesa esta acusación. Acusar de indefensión es lo que interesa a las asociaciones machistas de padres porque significa invisibilizar al hombre, y proyectar toda la culpa en la mujer. Muchos psicólogos patristas, te enchufan este diagnóstico para decir que somos nosotras las hipersensibles, inútiles, pasivas, irritables, incapaces de resolver problemas, gestionar el día a día, tomar decisiones, por eso pueden quitar la custodia, la quitan y se la dan al maltratador. Les interesa decir que tenemos problemas cognitivos es decir somos nosotras las que tenemos problemas para percibir la realidad, la distorsionamos, tenemos que aprender a cambiar la perspectiva, porque lo real es que somos inútiles y débiles y ellos están integrados en la sociedad, ganan dinero, las aisladas y depresivas somos nosotras, y la realidad es que no nos hacen nada y es solo nuestra percepción distorsionada. Precisamente este terror que también lo tienen los hijos, es el terreno donde crece la acusación de SAP. Se nos acusa de percibir erróneamente, y trasladar esta vision distorsionada de la realidad a los hijos, que sin haber pasado nada, rechazan al padre.

Cualquier psicólogo no te puede ayudar. Cautela, pues. Existe una insensibilidad social ante la violencia de género, porque gran parte de la sociedad es del temperamento buey, apoya lo establecido, las normas, la tradición, sin cuestionarlas. No en vano, como decía Hanna Arendt, en La banalidad del mal, el hombre corriente al servicio del ego colectivo es responsable de los crímenes contra la humanidad, a lo largo de la historia. En el caso de la violencia de género, si se ahondara en las causas profundas se encontraría uno con el patriarcado y la desigualdad, y cuestionar el estatus quo causa desasosiego e inquietud, de manera que, se intenta esconder desviando la atención a la marginalidad: ocurre la violencia contra las mujeres por ciertas ellas y ciertos ellos.

Decir que la indefensión aprendida es la causa por la que una mujer sufre la violencia, para mí, es seguir la línea patriarcal y no la comparto, porque significa pasar por alto la desigualdad, la discriminación, o que la pobreza tiene rostro de mujer,

Decir que la indefensión aprendida es la consecuencia de la violencia, tampoco lo comparto, es como decir, que se queda dentro de la relación abusiva por pasividad, o inacción, o incapacidad de solucionar problemas y no porque no tenga a donde ir, o medios económicos para mantener a los hijos o para pagar a un letrado o a un perito cuando sabemos la situación de riesgo social de muchas familias monomarentales o como dice Ana María Pérez del Campo, que Las juezas y los jueces, salvo excepciones, al aplicar la Ley inciden en el equívoco del prejuicio cuestionando la veracidad de las mujeres, cuando se atreven a denunciar, sin tener en cuenta las secuelas de la pérdida de identidad total o parcial a causa de la violencia sufrida, ni entender ni aceptar las actitudes de la víctima a presencia judicial, sin comprender el bloqueo emocional de una mujer maltratada, producido a causa del miedo insuperable o por sentimientos de culpa o vergüenza inculcados por el agresor para mantenerla sometida bajo su dominio. Las víctimas son cuestionadas siempre por su carencia de valor, por su indecisión, mientras los agresores gozan de un plus de poder y credibilidad.

En fin, he escrito este artículo con el ánimo de aportar luz a otras mujeres en su camino a la libertad.