Fraternidad masculina y red de sororidad femenina.

Existe la fraternidad masculina y qué difícil crear la red de sororidad femenina.

Hay diferentes puntos de vista feministas quizá porque el mundo ha cambiado, y hay que seguir camino y fluir con lo que la vida nos traiga.

Agradecer la lucha y el sacrificio de nuestras antecesoras sin las que no se hubieran conseguido muchas libertades y derechos, pero también dejar abiertas las puertas a ser receptivas a nuevas perspectivas y dejar paso y caminar todas desde nuestro feminismo particular hacia el mismo destino que es la libertad y la dignidad de las mujeres. Unas serán científicas y políticas, y otras no.

A mí, ser madre me cambió muchas prioridades en la vida, entiendo que a otras mujeres no, porque sé que en gran medida, la causa de ello es que cada persona según su temperamento innato encuentra satisfacción en un trabajo diferente, y no se puede remediar. Algunas mujeres, optan por trabajo y otras por familia, y está bien forma parte de la diversidad humana.

Mi feminismo matrista – espiritualista – de la diferencia, me conduce a construir desde la tolerancia a la diversidad y la paz, me parece que lo importante es crear la red de sororidad y apoyarnos unas a otras, y avanzar al mismo destino que es ser libres del patriarcado, como dice Teresa Mollá Castells en su artículo  Sororidad, esa gran desconocida. Mientras no seamos capaces de superar diferencias e integrar voluntades para desmontar el sistema, el patriarcado campará a sus anchas.

Veo que una cosa es igualdad y otra igualación. Igualación ha llevado en cierto modo a considerar el modelo androcéntrico de que lo masculino es lo válido, y mal que nos pese, la verdad es que no somos iguales. Delegar la crianza de los hijos en el Estado vía guarderías, es una opción que no es válida para todas. Tampoco lo fue para mí, también quería cuidarlos yo, y así lo he hecho, y ha sido la experiencia más plena de mi vida.

Conecto con Silvia Federici, y la valoración del amor, altruismo, y sacrificio que es cuidar a otro ser vivo, estoy con ella que el trabajo remunerado no ha liberado a la mujer y que es importante reconocer el trabajo de reproducción y valorarlo, cuantificarlo, meterlo en las cuentas públicas, dotarlo de derechos, como el de pensión pública, y remunerarlo. Estoy con ella que el capitalismo y el patriarcado son primos hermanos, y que no se trata de incorporarnos e integrarnos al mundo del hombre con sus normas y su obsesión por el arte de la guerra, de la mentira y el engaño, sino de crear un mundo paralelo que produzca su ocaso a través de la incipiente economía feminista que ya están poniendo en marcha las mujeres de los países del sur.

También pienso que empoderar los derechos sociales y económicos de las mujeres es necesario para alcanzar la libertad. Pero hay una cosa más que he aprendido en mi viaje por la maternidad y es como dice Casilda Rodrigánez recuperar el útero, la belleza y el poder que lleva oculta la maternidad que es sembrar un cambio de conciencia, y aportar a la sociedad seres humanos más libres, bondadosos y justos.


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