Estilos parentales: Lo que los padres hacemos importa y mucho.

Desde niña, tenía la visión de que si cuidáramos la infancia, si nuestro foco fuera la primera etapa de la vida, el resto vendría dado, pues al fin y al cabo, cosechamos lo que sembramos.

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He leído que la madre Teresa le dijo a una persona, que si quería cambiar el mundo que fuera a casa y amara a su familia. Me gusta mucho esta frase, conecto profundamente con ella, porque veo que nuestro mundo exterior es un espejo de nuestro mundo interior.

La crueldad, la violencia, la guerra, el hambre, los conflictos, la pobreza… no se va a cambiar desde la política, sino desde la espiritualidad, desde la sanación del corazón humano.

Claudio Naranjo dice que la bondad es signo de salud mental.

De manera que nuestro parenting style o estilo de cuidar, educar a nuestros hijos afecta de forma imponente la calidad de vida de nuestros hijos en la edad adulta.

Y, es que como habla el autor del artículo, El cerebro se nutre de amor. Los niños necesitan sentirse queridos para desarrollar todo su potencial intelectual y emocional.   El artículo habla brevemente de los cuatro Parenting styles o estilos de cuidar, el democrático, el autoritario, el permisivo, y el negligente. Habla el autor de la combinación de dos variables, amor y límites. De manera que el democrático tiene una combinación equilibrada de ambos, el autoritario, donde prima el castigo, versus el diálogo, y pocas muestras de afecto, el permisivo en que los padres muestran afecto, pero sin imponer límites, y el negligente, en el que ni afecto, ni límites, porque los padres están centrados en sus carreras profesionales, o en su relación y apenas tienen tiempo para los niños, pero también están en este grupo los padres negligentes por otras razones, entre ellas, el consumo de drogas o inmadurez.

De cada estilo de cuidar, cuál semilla, emana un resultado diferente.

En el artículo What is your parenting style?  Joan E. LeFevre explica las consecuencias para los niños de los distintos estilos. La autora habla de Nurturance – forma en que cuidamos y satisfacemos las necesidades de los niños de una manera más completa que el autor anterior. El concepto Nurturance incluye la comunicación, en el sentido de saber interpretar cuales son las necesidades de los niños y satisfacerlas. Así, el niño crece desarrollando la confianza en la capacidad de cuidar del cuidador. Por tanto, nurturance, incluye las muestras de afecto, cariño, pero también la capacidad de una crianza satisfactoria. Además, añade el concepto de respeto, el cuidador da al niño libertad para expresar sus sentimientos y pensamientos abiertamente y respeta y permite el desarrollo de los talentos naturales del niño – Nurture as nature. Es decir, hay una fluida comunicación entre ambos. El concepto de límites, o disciplina, engloba la existencia de normas, la fijación de expectativas, un entorno estructurado,  y fomentar la independencia de los niños.

El modelo Positivo, como lo llama la autora, tiene un equilibrio entre  Límites – disciplina y Nurturance – afecto + crianza + respeto. El resultado es niños con alta autoestima y confianza, bajos niveles de ansiedad y depresión, altos niveles en competencia social, (empatía, control emocional, habilidades de comunicación, estrategias de manejo de conflictos), altos niveles de respeto y responsabilidad, buenos resultados académicos, muy pocos o inexistentes problemas de mal comportamiento.

En el modelo permisivo o indulgente no existe equilibrio entre las  variables, apenas hay normas, disciplina, estructura, guía, exigencias aunque sí reciben abundante amor y atención. El resultado es alta-autoestima y confianza, bajo nivel de ansiedad y depresión, generalmente alta competencia social, pero luego muestran bajo nivel de respeto y responsabilidad, rinden académicamente por debajo de sus posibilidades, y tienen abundantes problemas de comportamiento.

El modelo autoritario, los padres son dominantes, la disciplina es muy alta, utilizan el castigo, valoran la obediencia, y desincentivan la independencia. Este tipo de padres no permite ser cuestionado. El resultado es una baja autoestima y confianza, bajo nivel de competencia social, moderado en respeto y responsabilidad, el rendimiento académico es medio, no tienen problemas de comportamiento, excepto para aceptar la autoridad.

El peor modelo es el negligente, donde las  variables son muy pequeñas, ni nurturance ni límites. Estos padres tienen un bajo compromiso o dedican muy poco tiempo y esfuerzo a estar con los niños, no están disponibles para el niño. Los llamados padres horizontales estarían en este grupo. Son aquellos que salen de casa cuando el niño no se ha levantado y vuelven a casa cuando se ha acostado. Los padres inmaduros o el consumo de drogas puede ser otra de las causas de este tipo de modelo. El resultado de este modelo es una baja autoestima y confianza, altos niveles de ansiedad y depresión, bajo nivel de competencia social, bajos niveles de respeto y responsabilidad, un rendimiento académico muy pobre y muchos problemas de comportamiento.

Un padre violento está a caballo entre el modelo autoritario y el negligente. Y, a esto añadimos el modelo de violencia que se pasa a los hijos, la vivencia traumática, la infancia rota, la multitud de sentimientos de los hijos al padre violento, la pérdida de respeto, de autoridad y el miedo, que provoca vivir en una situación de permanente alerta.

Hace un año aproximadamente escribí un artículo en esta línea, Neurociencia: el sistema límbico, reflexionando sobre el impacto en el cerebro de los niños a los que se le obliga a convivir con el padre violento o abusador. El estrés imponente, la angustia, la rabia y el miedo, tiene un coste físico (somatizan y sufren trastornos alimenticios, alergias, problemas intestinales, migrañas, retrasos en el crecimiento, anemias, etc) y emocional (depresión, agresividad, baja autoestima, desilusión, desesperanza, impotencia, etc.) demoledor para los niños  Para que el neocortex funcione bien necesita, descanso, buena alimentación, no vivir sometidos a un permanente estrés, resultado de estar en situación de alerta permanente por el miedo.

Si cada estilo de crianza tiene un impacto muy grande en la conducta de los niños, ¿cómo es que culpamos después a los niños en lugar de a los padres?

En esta línea, he leído el artículo escrito por José Luis Cano Gil – Psicoterapeuta y Escritor, “No culpéis a la víctima. Coincido con el autor y estos extractos del artículo son desde mi punto de vista, extraordinarios:

¿Por qué, en cambio, si unos padres incapaces y/o sin amor crían unos hijos infelices y, por tanto, “problemáticos”, casi todo el mundo culpa a los segundos -llamándolos “maleducados”, “malos hijos” o incluso “enfermos”-, en vez de responsabilizar a los padres? Es el viejo truco de culpar a la víctima para ocultar la propia agresión.

(…) las conductas “inadaptadas” que se muestran son, en realidad, demandas desesperadas de afecto que, desgraciadamente, sólo obtendrán más reprobaciones y castigos. Es un cruel círculo vicioso: cuanto más reclaman amor estos niños, más se les priva de él. Cuanto más sufren, más “terapia” se les aplica.

Me parece increíble que, en pleno siglo XXI, todavía siga ignorándose que la sana obediencia de los chavales sólo es posible desde la gratitud que experimentan cuando verdaderamente se les ama. Un niño sano no es dócil, ordenado, amable, etc. porque haya aprendido a base de miedo (consciente o inconsciente) al poder y el castigo de los adultos, o porque aspire -como un perro o una rata de laboratorio- a una recompensa, etc., sino porque se siente feliz y agradecido y, en consecuencia, acepta, respeta y colabora con los padres por amor a éstos. Por el contrario, un niño -como un adulto- sin amor o incluso maltratado, ¿qué razones o a cambio de qué tendría que ser sumiso y obediente?

Lo peor de Supernanny es, a mi juicio, que desperdicia una oportunidad de oro para mostrar a la gente la importancia capital del amor, la conciencia y la salud mental en las familias, sin lo cual todo lo demás es maltrato. Se limita a repetir, disfrazados, los sermones educativos de toda la vida. Las pedagogías basadas en el control, la autoridad, los comportamientos (no los sentimientos), los deberes (no las motivaciones), los premios y castigos, la supremacía de los padres, la mera apariencia de todas las cosas. ¿Quizá el éxito internacional de este programa se debe precisamente a que justifica y confiere rango “científico” a los malos tratos que, en nombre de la educación, millones de telespectadores han sufrido y, por tanto, siguen trasmitiendo a sus hijos?

En este artículo, el autor dice que todas estas actitudes son reflejo de la “psicología negra”. La psicología negra que es responsable del dolor, del sufrimiento del alma herida del ser humano, privado del amor, que está tan extendida, y que desgraciadamente inspira a SAP, subyace tras la ideología ultra conservadora y, de alguna forma, se aplica en los PEF, en los tribunales, por psico-sociales, jueces y fiscales. No puedo evitar preguntarme, si todas estas personas cuyos actos revelan una desconexión con la compasión y la sensibilidad, si de alguna forma también podrían tener,

dificultades psicológicas: inmadurez, frialdad, debilidad, ansiedades, miedos, bloqueos, hostilidad, depresión, frustraciones, estrés, 

Hay una frase del artículo con la que resueno profundamente y es

la gratitud que experimentan cuando verdaderamente se les ama.

Cuando una madre es acusada de SAP, suele en realidad ser una buena madre, y los hijos están unidos a ella no por manipulación, ni chantaje, ni miedo, sino por la gratitud de la que habla el autor.

Y, el padre violento que usa SAP, y la violencia institucional, y la justicia como arma de violencia, intenta por la fuerza de la psicología negra imponer la autoridad y solo consigue sembrar el odio en los hijos cuya dignidad y libertad arrasa. Y, es que en algún lugar del camino perdieron según yo lo veo la capacidad de una buena crianza, de

ofrecer seguridad, cariño, ejemplo, paciencia, sana autoridad, etc.; todo lo que constituye una buena crianza y previene precisamente el “descontrol” de los niños. En cualquier hogar donde falten tales actitudes, y no digamos si además hay desamor, broncas, violencia, etc., los críos se sentirán inmediatamente desvalidos, asustados, atacados, impotentes, desesperados, rabiosos.

En fin, saber esto me produce enorme tristeza porque los niños de hoy serán adultos mañana, padres que irremediablemente llevan en su interior una infancia traumática, violenta, enormemente solitaria y triste.


Otras fuentes:

Artículo del Blog “el Rincón del Tibet” No hay peor respeto que el que se basa en el miedo…