Espiritualidad: ¿Qué es el ego?

OSHO habla en sus libros del ego, de la necesidad de trascenderlo como camino para encontrar la luz, el amor cuántico.

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OSHO lo expresa con esta imagen de su carta del Juego de la Transformación.

Cuenta la historia de dos monjes, uno joven y uno mayor que se encuentran con una muchacha muy joven y bella que quiere atravesar un río y no sabe cómo. El más joven, la sube a sus espaldas, y le ayuda a cruzarlo.

La joven le da las gracias, se aleja y los monjes siguen su camino.

El monje mayor, que no quiso ayudar a la joven a pasar, le reprocha al joven haberlo hecho. Le dice que según su religión es impuro tocar a una mujer.

El joven le contesta, “dejé a la muchacha en el río, parece que tú todavía la llevas contigo”.

Con sinceridad, he de reconocer que cuando leí el cuento, y sus referencias al ego en sus libros, no me quedó claro, lo que era el ego, y cómo trascenderlo.

Han pasado muchos años desde la primera vez que leí este cuento, y hoy me he animado a escribir sobre lo que a estas alturas de mi vida, he logrado entender sobre el ego y sus limitaciones.

La primera es, que para cada uno, es una cosa. Así que, comparto en esta entrada lo que es para mí.

El ego es de alguna forma, la mente parlanchina. Es esa voz que se cuela sin ser invitada en nuestra mente. Es esa parte de nosotros, que en realidad, no somos nosotros. Es la voz del dolor de nuestros ancestros, y la herencia de su karma, es la voz de las miserias, el sufrimiento, la crueldad, el miedo, la pobreza, la violencia, el hambre. Es la voz de la tristeza de nuestro niño interior, de su hambre de amor, y libertad, de risa, de abundancia. Es la voz del grito de la humanidad, de su historia de esclavitud. Es la voz de la programación de la sociedad, de las religiones, de la escuela.

La mente parlanchina es limitante, no nos permite volar, vivir, disfrutar de la vida, elevar nuestra vibración, amar, crear nuestra vida, sentir, reír.

La mente parlanchina nos habla de los problemas, de las guerras, de lo poco que valemos, de quien nos miente y nos utiliza, de que no nos aman, de quien se ríe de nosotros, de las veces que hemos fracasado y fracasaremos, nos mete miedo del castigo de las leyes, de los tribunales, de ricos y pobres.

La mente parlanchina también nos infla diciendo que eres élite no esclavo, que eres hombre no mujer, que eres más inteligente porque tienes un cargo de alta dirección, que la emancipación de la mujer quita derechos al hombre, que la mujer es inferior, que los animales no sienten, que eres lo que posees, tu casoplón, tus coches, tu ropa de diseño, que para tenerlo tiene que haber pobres y ricos…

La mente parlanchina te infla y te desinfla.

Por eso, el joven del cuento que actúa según el cielo azul, según la voz de su alma, no actúa con ego, con las capas y capas de normas, de leyes, de obligaciones, de seriedad, del estadio camello, del decir sí a todo lo que viene de fuera, para ser aceptado por la sociedad, para encajar, para poder trabajar, comer.

El monje mayor a juzgar por la túnica, se ve atraído físicamente por la belleza de la joven. Se llena de ego, de la auto importancia del que obra pensado que es moralmente superior, pero proyecta su anhelo, su deseo reprimido, odiando al que es libre.

La mente parlanchina provocan emociones de energía de muerte, que no de energía de vida.

La mente parlanchina te anima a odiar, a vengarte, a temer, a envidiar, a tener orgullo, auto importancia, ira, vanidad, avaricia, miedo, gula, lujuria, pereza.

Son emociones que bajan nuestra vibración, que nos alejan de la luz.

Emociones que contaminan nuestro cuerpo. Dicen que las enfermedades son desequilibrios energéticos, causados por los posos de oscuridad que van almacenándose en nosotros.

Por eso, en la meditación nos convertimos en observador de los pensamientos, como si fueran nubes que no nos dejan ver el cielo azul.

Durante el tiempo de meditación, logramos acallar la mente. Al abrir los ojos, sentimos paz. Al instante siguiente, los pensamientos vuelven al ataque. Salimos a la calle, y la sopa energética del mundo nos empapa. Los instantes de paz de la meditación ya no nos acompañan.

Dicen que el ser humano fue creado por unas razas, que son los que mueven los hilos del mundo, los poderes fácticos. Dicen que mantienen a la humanidad  cautiva a través del ego, que es la forma que tienen de controlarnos. El ego es una programación que nos impide desarrollar alas para volar hacia la luz, para ser libres. Dicen que la programación introduce pensamientos dentro de nuestra mente, para bajar nuestra vibración. Dicen que de esta forma causan enfermedades, guerras, crisis, violencia contra la naturaleza, entre los seres humanos, entre razas, sexos, religiones, países…

La mayor parte de la humanidad está dormida sin ver que esto es un holograma, que nos impide ver la potencialidad de la humanidad si vibrara con energía de vida.

Los fariseos, que llamaba Jesús, los que viven en estado camello, como los llamaba OSHO, los crédulos que viven de acuerdo a la programación, como el monje mayor de la imagen del cuento, los incrédulos que solo creen en la ciencia, crean una energía densa, muy densa, que nos encadena, nos aprisiona.

Lo cierto es que cada vez hay más seres humanos que despiertan del sueño. Lo cierto es que después del despertar se produce la caída, porque una vez que vemos el engaño, ya no hay vuelta atrás, pero queda mucho todavía para la luz, y es una senda incierta, individual para cada uno. Y, da miedo. Los poderes fácticos dan de comer al camello. Si despiertas, te encuentras con el abismo.

Entonces, cuando despertamos nos transformamos en león, queremos despertar a los otros, y el primer camino es la lucha,  pero ésta no crea luz, crea más guerras, más conflictos, más penurias. Y, por eso hay una caída, porque nos vemos incapaces de cambiar el mundo, de cambiar las leyes, las estructuras. Y, nuestra energía sigue siendo de muerte. Y, la pequeña y suave luz que inundó nuestro corazón, se apaga, y caemos y caemos y caemos. La noche oscura del alma de los místicos.

El ego domina a los leones, también. Echa leña al fuego. Siguen siendo muy vulnerables al ego. Cualquier cosa hace saltar la chispa. Eres pobre. No tienes nada. Te vas a morir de hambre. Te voy a encarcelar. Te quito tus bienes…

La vida es como una pantalla de cine. No nos gusta lo que vemos en ella. Queremos cambiar la pantalla. No podemos. Tenemos que ir al proyector. Poner otra película. Tenemos que ser conscientes de que lo que vemos en la pantalla es el holograma, que los poderes fácticos meten en nuestra mente, a través del ego.

Ahora soy capaz de ver, sentir, entender el mensaje de OSHO, de que el camino a la luz tiene un precio. dejar el ego, trascenderlo. Cuesta mucho. Significa dejarlo todo atrás.

Sigo viaje…


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