Espiritualidad: Holograma, ilusión, maya…

Estos días me he acordado de dos cartas del Juego de la Transformación de OSHO, la puerta del cielo, y la puerta del infierno.

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Para ilustrar el mensaje, OSHO cuenta un cuento. Un samurái visita a un sabio para saber cómo evitar el infierno.

El sabio le pregunta quién es. El visitante responde que es un samurái.

Cuando el sabio le dice que parece un mendigo en lugar de un samurái, éste saca la espada de la vaina, con enfado.

El sabio le explica que cuando el ego herido se hace cargo de la situación, se abre la puerta del infierno. Nuestra respuesta es inconsciente.

El samurái vuelve a meter la espada en la vaina, y sonríe al entender el mensaje. Se abre la puerta del cielo.

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La puerta del cielo… la paz interior, el silencio, la compasión, la no-violencia, el amor.

Estas dos cartas son unas de mis preferidas. Desde la primera vez que las leí, me he preguntado cómo evitar que el ego domine mi vida.

Han pasado muchas lunas desde entonces, y he seguido mi camino espiritual indagando sobre ello. Y, tristemente, abrí la puerta del infierno y caí y caí.

Abro la puerta del cielo en mi meditación. Conozco esa bella sensación de paz, de volver a casa, de no tener que protegerme, de dejar de luchar, solo estar tranquila, rodeada de una luz calida, de amor, de aceptación.

Vuelvo a la vida, y ese sabor de silencio y paz, dura muy poquito.

Muchas veces, quisiera quedarme ahí, en casa, no abrir los ojos.

Muchas veces me he preguntado cómo los maestros ascendidos han logrado llevar la meditación a su vida de cada día. Lograr vivir en ese estado permanentemente.

Y, creo que tiene que ver, con entender lo que es el ego.

Son capas y capas de programación almacenadas en nuestra mente, en nuestro corazón, en nuestro cuerpo.

Es la historia de dolor de nuestros ancestros, de nuestro género, de la humanidad cautiva.

Es como si todo en nosotros fuera una herida y cualquier cosa nos produce un inmenso dolor.

OSHO lo llamaba maya. No es real, casi existe.

OSHO hablaba de cómo vemos el mundo desde la mente, en lugar de como es en realidad. Hablaba de atravesar los distintos velos que ocultan nuestra conciencia.

Mente parlanchina limitante. Mente = nuestra historia de dolor, de pena, de guerras…

Mente que nos hace reaccionar en lugar de responder. Reaccionar con toda nuestra historia, con todas las heridas de nuestro corazón, con todas las creencias heredadas, impuestas desde fuera…

Lo que creemos que es la realidad, es un holograma, una ilusión, maya, velos…

Distintos nombres, el mismo significado.

Es el dragón interior que hemos de vencer, cuál héroes, para liberar a nuestra alma y poder volver a casa.

Es la espina clavada en el corazón que aparece tanto en los cuentos.

¿Cómo es que es tan difícil sacarla?

Por un lado, porque la humanidad es cautiva de los hilos del poder, que no quieren que despierte de su sueño de muerte. Hay capas y capas de programación, control mental, vidas robotizadas, leyes, tradiciones, que ponen obstáculos una y otra vez para que no despertemos del letargo. Nos impiden avanzar hacia la luz.

Por otro lado, cada uno tenemos nuestro proceso de evolución particular. Cada uno de nosotros, reencarna con un propósito vital, único. En cada vida, somos un personaje diferente. Como no lo sabemos, nos identificamos con el personaje, que no con el actor. Según ello, cada cosa, cada persona, cada obstáculo, que nos vamos encontrando en nuestra vida, lleva escondido una enseñanza, una prueba.

Abrir la puerta del cielo

Pero, ¿cómo?

Es un acto tremendo de limpieza, de sanación, que parece que no acaba nunca. Es más, cuando uno empieza es como quitar un tapón y empieza a salir de todo. Tanto, que en lugar de sentir que avanzamos, parecemos retroceder.

Limpiar, limpiar, limpiar las capas y capas de polvo. Sanar viejas heridas. Sacar toda la pena acumulada, todos los resentimientos, toda la impotencia, la ira, el miedo.

Es ir hacia dentro, muy dentro de nosotros mismos. Es un trabajo de introspección tremendo.

Cada uno ha de buscar su propio camino de sanación. Encontrar su maestro interior, su guía.

El mío, la meditación.

Y, ¿Para qué? ¿Cómo mejora nuestra vida? ¿Puede mejorar?

Cada una de las veces que abrimos la puerta del infierno, se genera una vibración baja, de energía de muerte, que nos hunde, y perpetúa nuestra esclavitud.

Para poder cambiar la película que vemos en la pantalla, en el holograma, acercarnos a una vida que sintonice con la paz, la alegría o la abundancia. tenemos que elevar nuestra vibración.

Y, en esa nueva vida de alta vibración, atraemos menos situaciones en las que somos sensibles a abrir la puerta del infierno.

Y, si siguen apareciendo…es que hemos de proseguir con nuestra sanación.

Y, cuando aparecen, hemos de no perder de vista que son un holograma, una ilusión, que no somos el personaje sino el actor.

Antes de salir de casa, cada vez que me viene un mal recuerdo, pensamiento, sentimiento de alguien, cada vez que salgo al mundo y suceden momentos de abrir la puerta del infierno y contaminarme de energía de muerte, practico Hoponopono.

A no abrir la puerta del infierno, Jesús lo llamaba Poner la otra mejilla

OSHO…practicar el desapego, transmutación. Supongo que por ello OSHO hablaba de convertirse en espectador, de observar la vida como si viéramos una película. Observar los pensamientos, y los sentimientos en la meditación, cual nubes que ocultan el cielo azul. El cielo azul…nuestra esencia verdadera.

Libertad, paz, amor, compasión, abundancia.


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