¿Es posible desarrollar apego seguro en el orden patriarcal? (2 de 5)

Al indagar sobre la Teoría del apego, me he encontrado con que el orden patriarcal capitalista genera un entorno familiar y social en el que es bien difícil que se den las condiciones necesarias para que los niños desarrollen un apego seguro. Para generar un entorno rico se requiere libertad, seguridad,  respeto, abundancia, tolerancia,  bondad, igualdad de género y de clases.

Me he encontrado con que muchos artículos sobre la crianza con apego, obvian datos importantes sobre la Teoría del Apego, sobre sus investigaciones y conclusiones, y concentran el desarrollo del apego seguro en el quehacer de madre, como si ello fuera ajeno al entorno social, y a la salud mental y emocional del núcleo familiar. Lo que me lleva a pensar que hablar de crianza con apego, puede ser una estrategia más del patriarcado para el sometimiento de niños y madres al dominio patriarcal.

En esta entrada escribo sobre lo que es en realidad la Teoría del apego, y de cómo la comunicación entre padres e hijos es la protagonista del desarrollo del apego seguro. Escribo de cómo el orden patriarcal, afecta esa comunicación, y de que, desgraciadamente, hay pocas cosas que están en nuestra mano cambiar porque están más allá de nuestro control. Y, sin embargo, hay una a la que el orden patriarcal no puede controlar y es la libertad de uno mismo de cultivar el mindfulness, la sanación espiritual, o el equilibrio mente-cuerpo-corazón. Nombres diferentes del camino de búsqueda interior hacia la paz.

Estoy convencida que si la humanidad tuviera apego seguro, el mundo sería un lugar apacible de paz y prosperidad.

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¿Qué es la relación de apego?

La relación de apego tiene que ver con las carencias afectivas o el hambre de amor, de ternura en la infancia,  y tiene un impacto en la forma en que nos relacionamos tanto con nosotros mismos, como con los demás. Y, gran parte de lo que hacemos en la vida, es relacionarnos. La relación con nuestros padres, afectará a su vez, a todas las relaciones de nuestra vida, las que tengamos con los compañeros en el colegio, las relaciones de amistad, las de pareja, las relaciones con la autoridad, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestro jefe, etc.

¿Cómo se forma la relación de apego?

La relación de apego se forma por las repetidas experiencias que tenemos en nuestra primera infancia, con nuestros padres y su capacidad de comprender lo que necesitamos. Es decir, la relación de apego se va creando si nuestros padres son capaces de entender, de ser sensibles a, de querer satisfacer nuestras necesidades mamíferas de alimento, descanso, dolor, miedo, cariño.

Así, pueden querernos mucho, y no ser capaces de satisfacer nuestras  necesidades básicas, y no atinar “normalmente” no puntualmente, sino “repetidas” veces con las necesidades de cachorro mamífero, de necesitar alimento, o cambio de pañal o calor emocional. De manera, que el bebé ha de llorar mucho hasta que el padre es capaz de averiguar cuál es la necesidad.

Según sea LA CALIDAD DE LA COMUNICACIÓN DE NUESTROS PADRES CON NOSOTROS, y por tanto, SU capacidad de sintonizar, empatizar, satisfacer NUESTRAS necesidades en la infancia,  desarrollaremos un apego seguro, inseguro evitador, inseguro ambivalente, o desorganizado.

Normalmente, somos una combinación de los tipos, pues tenemos un tipo de apego con la madre y otro con el padre.  Así, podremos ser evitador-ambivalente, seguro-seguro, seguro-evitador, etc.

También, podemos tener un tipo de apego diferente al que nuestros hermanos tienen con nuestros padres.

La relación de apego se va creando a lo largo de nuestros primeros siete años de vida, y desde que estamos en el seno materno (cosa que se empeñan en ignorar los defensores de la maternidad subrogada). Y, permanecerá así, a lo largo de nuestra vida, al no ser que en la vida del niño ocurra un acontecimiento  verdaderamente traumático. Cosa que empieza a ser frecuente dada nuestra actual sociedad líquida que es como Zygmunt Bauman bautizó a nuestro tipo de vida hoy, donde la estabilidad y la seguridad han dejado de ser valores occidentales, y, desgraciadamente, ya, pertenecen al pasado. Cosa que está ocurriendo en todo occidente, a una ingente cantidad de menores, por el uso que el hombre violento y con poder económico hace del entramado judicial, administrativo, político, y económico para separar a los niños de su madre a través de SAP.

¿Qué afecta nuestra capacidad de comunicación con el niño?

Debido al orden patriarcal en el que vivimos, desgraciadamente, el vínculo natural mamífero, hembra – cachorro, está enormemente, contaminado por la intervención patriarcal.

Lo que lleva a, que tener un apego seguro, no sea resultado de la presencia continua de la madre, como ocurre con las hembras de todas las especies, en el resto de la naturaleza,  sino de un cúmulo de variables. Aunque, como tiene que ver con la capacidad del padre, de la madre, del cuidador de entender lo que el bebé comunica, por sentido común, cuando más tiempo pasas con el niño, aprendes a leer en sus ojos, a escuchar matices en su llanto, a comunicarte con el bebé sin necesidad de hablar. Por tanto, la presencia juega un rol muy importante, sí o sí.

La represión emocional que la sociedad impone al varón, privándoles de la parte emotiva, enseñándoles a rechazarla, a no sentir empatía, a ser bloques de hielo, tiene un impacto, tanto en la capacidad de empatizar con las necesidades del bebé, como en la capacidad de percibir  las necesidades emocionales, materiales, y de reconocimiento, de su pareja como resultado de su maternidad. Difícilmente, uno puede empatizar con los demás, si uno tiene bloqueado su corazón.

Nuestro temperamento influye en nuestras motivaciones e intereses. Hay personalidades que por naturaleza son más empáticas,  – tender-hearted mientras que otras son poco sentimentales – tough-minded. Los segundos, con frecuencia, tienen problemas con las relaciones de intimidad. Es su asignatura pendiente conectar con el corazón. De manera que, en la relación de apego de nuestros hijos con nosotros, influye no solo cómo seamos nosotros, sino también cómo son ellos, y sus necesidades emocionales individuales.

También, influye que en el mundo patriarcal, existe muy poca consideración al arte de cuidar del otro, hasta el punto de que cuidar no tiene ningún valor social, ni económico y por ello, el trabajo no remunerado lo realizan mujeres en todo el mundo, y por ello, solo el 1% de la riqueza mundial está en manos de las mujeres, y lo realizan en condiciones de auténtica esclavitud en todas partes del globo y por ello, sufren  la violencia patriarcal social, tanto en el ámbito privado del hogar, como en el político y judicial. Y, este trade-off de las mujeres entre elegir culpa o pobreza, (trabajo o familia), este sacrificio de su libertad económica, genera angustia, tristeza, miedo y estos sentimientos permanentes a lo largo de la vida de las mujeres, irremediablemente, empañan la relación con los hijos, porque de alguna manera, los hijos sienten culpa ante el sacrificio materno, y tristeza e ira, que pueden volver hacia dentro o hacia fuera, rechazando, desarrollando resentimiento a la larga, hacia la figura materna por su condición de sometimiento o esclavitud encubierta. Teniendo en cuenta que las emociones que emanan de vivir en una situación de confinamiento e impotencia, son las mismas que sufren los veteranos de guerra por neurosis de guerra, es naive pensar que en esa situación de vulnerabilidad, de agotamiento se puede desarrollar las condiciones necesarias para el apego seguro. Es naive pensar que puede haber un apego seguro con los hijos, en un mundo donde la mujer tiene dependencia económica. Es naive pensar que las necesidades emocionales del niño, son independientes de la pirámide de Maslow de la madre, de sus necesidades físicas, emocionales, y psicológicas. Es tremendamente injusto pensar que un hombre que abusa del poder que le otorga la cultura patriarcal reduciendo a la madre de sus hijos a la condición de personalidad bonsai, impidiendo su desarrollo como persona, impidiendo su autonomía e independencia y que por tanto, bloquea, contamina, aniquila, las condiciones necesarias para que los hijos desarrollen apego seguro con su madre… es un buen padre.

Otro aspecto muy importante es como el patriarcado “adoctrina” en sus condicionamientos,  a través de la cultura, religión, leyes, apropiándose del útero de las mujeres, y sembrando violencia, crueldad, guerras, esclavitud, con el objetivo de controlar el quehacer del individuo para que sea utilizado en su propio beneficio, como productor. Para ello, se puso en marcha el sistema educativo prusiano, cuyo objetivo era reducir la conciencia crítica de la humanidad, a través de la coacción y el miedo, aniquilando de raíz las condiciones necesarias para que exista un apego seguro, por el riesgo que supone, que la humanidad sea libre. Por el riesgo que supone que como la bondad es signo de salud mental, el patriarcado, en ese entorno no tendría a quién corromper, subyugar o doblegar, y no podría  crear un mundo donde el hombre es esclavo, pero con la ilusión de la libertad.

Lo único que depende de nosotros, y está en nuestra mano…

Y, luego, está irremediablemente, nuestra propia relación de apego con nuestros padres. Es decir, nuestras asignaturas pendientes de la infancia, nuestras heridas emocionales no procesadas que salen de nuevo de nuestro inconsciente tan pronto somos padres. Si la madre o el padre, por ejemplo, tienen apego evitador, porque han crecido en un desierto emocional, aunque estén todo el día con el bebé, éste no tendrá apego seguro, sino evitador, porque repetimos patrones, que van pasando de padres a hijos, de generación en generación.

Aí que, muchas de las variables que afectan nuestra comunicación con nuestros hijos, no están en nuestras manos, son condicionamientos económicos, políticos, sociales, frutos del orden patriarcal pero hay una cosa que sí está en nuestro poder y es que antes de nuestra paternidad, maternidad, o en su transcurso, sanemos nuestro niño interior herido. Sanarlo nos llevará al Earned security –  al apego seguro ganado por el dificil y duro, trabajo interior de sanación, aunque el velo de tristeza, o depresión por nuestra infancia nos acompañe siempre. El trabajo interior de uno mismo, nos dará la fuerza interior para sobrellevar las tempestades del mundo exterior. Si hemos hecho nuestros deberes de trabajo interior, o hemos tenido suerte en los afectos de niños y tenemos apego seguro con nuestros padres, nuestros hijos, disfrutarán del colecho, no llorarán mucho porque confían en nosotros, y disfrutarán y serán felices en nuestra compañía. Si no ocurre esto, sentirán alivio cuando no estemos.

Todo este cúmulo de variables juntas nos inclina hacia un estilo parental, permisivo, autoritario, negligente o positivo.

¿Hay recetas mágicas para desarrollar un apego seguro?

No hay recetas mágicas.

Ojalá que fuera así de fácil.

Recetas Mágicas como practicar el colecho, la presencia continua de la madre, coger a los niños cuando lloran… en fin, todo esto no sirve de nada si tenemos asuntos pendientes de nuestra infancia, y  si nuestro entorno familiar, está contaminado de desigualdad, dependencia económica, violencia patriarcal, o sobre carga de responsabilidades en el hogar.

Todo ello produce un enorme vacío interior en el niño, a medida que crece.

Me temo que las recetas mágicas, pueden ser, desgraciadamente, usadas por el orden patriarcal para perpetuar el control de la mujer, y mantenerla en el ámbito doméstico, evitando la libertad y dignidad de las mujeres, y seguir controlando su capacidad de dar vida.

Mientras que el orden patriarcal siga esclavizando a las mujeres, mientras que las mujeres no recuperemos nuestro útero, como dice Casilda Rodrigáñez, es complicado que en este entorno  se fortalezca el vínculo natural entre hembra y cachorro, y que la humanidad tenga apego seguro.

Mientras tanto, las familias funcionales seguirán siendo solo un 1% del total.

 


Fuentes:

Handbook of Attachment. Theory, Research and Clinical Applications. Cassidy & Shaver

Parenting from the inside out. Daniel J. Siegel & Mary Hartzell


Teoría del apego: Introducción (1 de 5)

Tipo de apego en la infancia y calidad de nuestras relaciones adultas. (3 de 5)

La relación de apego y la violencia patriarcal contra las mujeres. (4 de 5)

Madre ambivalente – padre evitador: Desmontando mitos. (5 – 5)