Elecciones 2019: Economía Espiritual: Culpa

Los hilos de poder que gobiernan a la humanidad se sirven de la culpa y del miedo para mantenernos dentro del redil.

Estos sentimientos sembrados en nuestro interior desde niños, nos impiden ver la Luz. Nos impiden ser libres, danzar, sonreír, ser fieles a nuestra Naturaleza Superior, simbolizada por las flores de la imagen.

Esta imagen de la culpa es una de las cartas del Tarot OSHO Zen.

Es una de las cartas que más me incomoda cuando me sale en alguna tirada.

Para cada uno de nosotros tiene una simbología y un mensaje particular.

Para mí…

Las nubes oscuras, etéreas reflejan los pensamientos que se cuelan en mi mente en cuanto no estoy alerta. Son pensamientos inculcados por la cultura, por la religión, por la política, por las costumbres, normas, y formas de vida impuestas desde fuera.

A veces, sentimos culpa cuando no hacemos «lo correcto» según lo establecido desde fuera. Y, esto es estar integrados en el montaje social de trabajar/estudiar de sol a sol, de dedicar nuestro día al mercado, de vestir, peinarnos, actuar de acuerdo al status quo.

Si te sales por un momento del tinglado montado y lo contemplas desde fuera, resulta que somos como unas ovejitas programadas para salir de casa y hacer lo estipulado, trabajar para mantener al monstruo Estado – Big Brother.

Sentimos culpa si no hacemos exactamente lo que se nos dice. Y, con frecuencia, la culpa y el miedo a la autoridad del Estado, nos nubla la visión. Vivimos agarrados a nuestra Naturaleza Inferior, a nuestra supervivencia, sin espacio para la vida espiritual.

Esto es vivir, comprar, gastar sin pensar en las implicaciones para otros seres humanos o el Planeta, en la estructura de que el primer mundo existe a costa del tercero y cuarto. Es más, vivimos sin darnos cuenta que el primer mundo es cada vez más rico, e integrado por cada vez menos seres humanos, y no nos damos cuenta de que poco a poco estamos siendo transferidos al cuarto mundo.

Y, lentamente, progresamos hasta el final de nuestras vidas, y morimos sin haber vivido, y vivimos como si nunca fuéramos a morir.

Es como una culpa a nivel Naturaleza Inferior.

Lo curioso es que no sentimos culpa por vivir alejados de la Naturaleza Superior, por vivir sin sentir, ligados a los dictados de nuestros cuerpos sutiles inferiores, a las emociones o al intelecto, o a las necesidades instintivas de nuestra voluntad inferior.

En la meditación diaria, veo la Luz; es infinita, omnipotente, eterna. Me siento a salvo en su calidez, en su abundancia.

Antes de dormirme cada noche, dejo que mi mente se empape de esa Luz, que me invada el silencio interior y me cubra con su manto de paz y libertad.

En la Economía Espiritual no hay nubes oscuras de pensamientos invalidantes y controladores.

En la Economía Espiritual vivimos permanentemente rodeados de las flores blancas de la imagen, en paz, en solidaridad, en libertad, con un corazón limpio, a salvo, según la guía de nuestra Naturaleza Superior.

En la Economía Espiritual, pues, no hay primer mundo a costa de tercero y cuarto porque no hay siervos y señores, solo reyes sentados en la mesa redonda, iguales en nuestra diversidad.

 


 

Elections 2019: Spiritual Economy: Guilt.

Society governs humanity using guilt and fear to keep us within the fold.

These feelings sown within us as children prevent us from seeing the Light. They prevent us from being free, dancing, smiling, being faithful to our Higher Nature, symbolized by the flowers of the image.

Resultado de imagen de OSHO card guiltThis image of guilt is one of the cards of the Tarot OSHO Zen.

It’s one of the cards that make me feel more uncomfortable when it comes out in a reading.

For each of us, holds a particular symbology and message.

For me…

The dark, ethereal clouds reflect the thoughts that creep into my mind as soon as I am not alert. They are thoughts instilled by culture, by religion, by politics, by customs, norms, and ways of life imposed from the outside.

Sometimes, we feel guilt when we don’t do «the right thing» as set from the outside. And, this is to be integrated in the social assembly of working / studying from sun to sun, of dedicating our day to the market, of dressing, combing our hair, acting according to the status quo.

If you get out for a moment from this mounted assembly and contemplate it from the outside, it turns out that we are like sheep programmed to leave our home every day, do the right thing, work, to keep the Monster State – Big Brother.

We feel guilty if we don’t do exactly what we’re told. And often guilt and fear of the state authority clouds our vision. We live by the grip of our Lower Nature, of our survival, with no room for spiritual life.

This is living, buying, spending without thinking about the implications for other human beings or the Planet, in the structure that the first world exists at the expense of the third and fourth. Moreover, we live without realizing that the first world is getting richer, and made up of fewer and fewer human beings, and we don’t realize that we are gradually being transferred to the fourth world.

And, slowly, we progress to the end of our lives, and we die without having lived, and we live as if we were never going to die.

It’s like guilt at the Lower Nature level.

The funny thing is that we feel no guilt for living far from the Higher Nature, for living without awareness, linked to the dictates of our lower subtle bodies, to emotions or intellect, or to the intrinsic needs of our lower will.

In daily meditation  I see the Light; it is infinite, omnipotent, eternal. I feel safe in its warmth, in its abundance.

Before I fall asleep every night, I let my mind soak with that Light, invade me with inner silence and cover me with its cloak of peace and freedom.

In the Spiritual Economy there are no dark clouds of invalidating and controlling thoughts.

In the Spiritual Economy we live permanently surrounded by the white flowers of the image, in peace, in solidarity, in freedom, with a clean heart, safe, according to the guidance of our Higher Nature.

In the Spiritual Economy, therefore, there is no first world at the expense of the third and fourth because there are no servants and lords, only kings sitting at the round table, equal in our diversity.