Economía feminista: El conflicto irresoluble entre capital y vida.

La violencia de género emana, en gran medida, del modelo económico capitalista que se sustenta en el modelo social patriarcal.

Estoy convencida de que mientras estos modelos estén vigentes, será una tarea bien imposible acabar con la violencia del mundo, y en concreto con la violencia contra las mujeres.

Con el propósito de ver otras alternativas a dichos modelos, llevo varias semanas leyendo entrevistas, artículos,  sobre la propuesta de la economía feminista, el ecofeminismo, los pueblos autosostenidos (Regen villages), la economía solidaria, y la economía compartida. He leído el libro de Mercedes Dalessandro, Economía feminista y  escuchado varias entrevistas a Cristina Carrasco y conferencias y charlas de Amaia Pérez Orozco.

Escribo esta entrada a partir de las conferencias de Amaia Pérez Orozco, eligiendo lo que más resuena en mi interior, y compartiendo las reflexiones que han motivado.

Cuando veo  imágenes de las calles invadidas por masas de personas desbordadas por la rabia, la frustración, el hambre, la angustia o el dolor, que salen a manifestarse, a protestar contra los abusos jurídicos, políticos, sociales y económicos  que emanan del poder que han construido estos modelos no puedo evitar pensar en el día después, y el de después, y en el siguiente.

Las calles por unas horas expresan lo reprimido.

Y, al día siguiente todo vuelve a ser lo mismo, los hilos del poder están intactos.

No puedo evitar pensar en la estructura que sustenta nuestro modo de vida.

Mientras que la estructura siga igual, las protestas caen en saco roto, el sistema se reinventa. Es como una nube negra, que se diluye aquí, y aparece allá, fortalecida. A Roma, le siguen los castillos, y a los castillos las empresas capitalistas. Cada vez que los siervos, esclavos, clases populares se han rebelado contra las élites, el sistema se ha reinventado con otro nombre.

Y, el arma es el dinero, la violencia, y la manipulación a través de la información sesgada que permiten que se filtre hacia abajo de la estructura. Las masas siguen siendo controladas por el poder de las religiones que controlan las mentes de las gentes, las fuerzas del orden que oprimen las revueltas, los estamentos políticos que hacen leyes para crear una supuesta legalidad diseñada para controlar, y someter a las masas populares, a través del poder judicial.

El dinero es el arma de las élites que dice quién come y quién no, quién acumula y a quién no solo se le priva del derecho a acumular, sino que se le exprime para sustentar la estructura.

Un modelo económico que solo privilegia a unos pocos a costa de unos muchos subyugados. El capitalismo es depredador, racista, colonialista, androcéntrico.

Es un modelo que niega la universalidad, pues viven bien las élites a costa del mal vivir de la otra parte.

Es un modelo que niega la singularidad, que no acepta reconocer las diferencias de sexo, de raza, étnicas y de distintas formas de vida.

La economía es la economía de los ricos, la que garantiza y perpetúa los modelos de explotación, para garantizar el proceso de acumulación de capital de las élites, unas pocas vidas que acumulan el poder y los recursos del planeta en sus manos.

Supongo que por ello, la economía oficial solo es mercado, servicios públicos y sistema financiero.

Supongo que por ello, a la economía solo le interesa el beneficio capitalista.

Supongo que por eso, invisibiliza, no tiene en cuenta lo que hay por debajo y sostiene el mercado: toda la economía del cuidado y la naturaleza.

La economía del cuidado se invisibiliza porque no se habla de ella, porque no existen datos, conceptos, teorías económicas, nombres

La economía del cuidado se invisibiliza porque no te pagan o lo hacen mal, porque no tienes derechos sociales o los dan pero pésimos.

La economía del cuidado se invisibiliza porque no se construyen movimientos políticos desde el trabajo no remunerado.

El modelo económico y social lo invisibiliza convirtiéndolo en un problema individual de las mujeres en sus casas, para que no sea un problema político colectivo.

Un modelo social patriarcal  en el que hay dos mundos, el femenino y el masculino, con una estructura jerárquica entre ellos, donde lo femenino está siempre subyugado y al servicio de los masculino y masculinizado. Los mercados son la esfera masculinizada que para subsistir necesita una base feminizada oculta.

El modelo se sustenta entre otras cosas en que los valores son diferentes entre hombres y mujeres. Diferencia que el feminismo de la igualdad considera creación social, mientras que el feminismo de la diferencia, biología.

El modelo se sustenta en un ejército de hombres y mujeres inmolados esclavos del sistema.

Mujer: de sí para el resto. Garantizo la vida de quien está en mi entorno otorgando bienestar y luego si me queda un hueco busco un espacio a través de mi inserción en el mercado.

Hombre: sí para sí. Encuentra su lugar a través de la inserción con éxito en el mercado, en base a una falsa autosuficiencia de no depender de nadie y después, constituye vínculos con otros.

Lo cierto es que no existe la autosuficiencia, que es una falacia, lo que existe es la interdependencia y la dependencia.

Hablar de autosuficiencia significa sobrevalorar lo que los supuestos sujetos autosuficientes dan al conjunto social y minusvalorar todo lo que el conjunto social da a estos sujetos autosuficientes.

Hablar de autosuficiencia es negar que alguien te ha cuidado cuando eras pequeño, que alguien te cuida cuando estás enfermo, y que alguien te cuidará cuanto te hagas viejo.

Hablar de autosuficiencia implica entronar al patriarca que sale al mercado, trae el salario, y mantiene a su esposa dependiente y a sus hijos, ignorando todos los trabajos de cuidado que ha recibido y recibirá a lo largo de la vida.

Hablar de autosuficiencia es llamar dependiente a las amas de casa, negarles todo el valor social de su trabajo, y los derechos sociales, un salario, o cualquier reconocimiento social.

Hablar de autosuficiencia es decir que por arte de magia uno sale al mercado en condiciones de plena disponibilidad para la empresa, listo para poner en marcha el proceso de acumulación de capital.

Autosuficiencia es el concepto que subyace al concepto de clases pasivas, que considera que no hay más mundo que cuando estás en el mercado sometido a la esclavitud del salario.

En definitiva que es un modelo económico – social cuyo único foco es el crecimiento versus el desarrollo de la humanidad.

Y, pensar que el sistema puede tener un crecimiento ilimitado ha conducido a la crisis actual.

Por tanto, la crisis no ha empezado en el 2007, ni es financiera, ni bancaria, es una crisis multidimensional y acumulada.

Es una crisis sistémica y civilizatoria.

Es una crisis ecológica. Vivimos de los ahorros del planeta.

Es una crisis de reproducción de los países pobres del sur, porque las expectativas de desarrollo emocional y vital de las personas no se cubren, porque sufren hambrunas, muertes, crisis alimentaria, o porque han de emigrar para sacar la vida adelante.

Y,  esa crisis de reproducción en gran medida está causada por la explotación de los recursos del sur por las élites capitalistas del norte. Porque el norte, vive del pedazo de planeta que le toca al sur.

Es una crisis de cuidados del norte global, pues los sujetos tienen que estar plenamente disponibles y flexibles para el mercado, sin necesidad de cuidados y sin ninguna responsabilidad sobre los cuidados del resto. Y cuando no se puede cumplir este rol empiezan los problemas, porque uno tiene que responder a las necesidades del mercado que no son las de la vida y a las necesidades de la vida que se resuelven fuera del mercado, produciéndose tensiones, agotamiento, sobre todo, en las mujeres en condiciones de desigualdad entre ellas también.

Las mujeres de clase media se han emancipado con el trabajo, las de clase obrera no porque lo hacen todo, lo que implica una degradación de la calidad de vida.

Cuidan las abuelas o se contrata a alguien para que haga tu trabajo mientras que sales al mercado. Y lo hacen las mujeres pobres del sur que limpian tu casa y la suya.

Hay cadenas globales de cuidados, mujeres pobres que emigran de los países del sur por la crisis de reproducción, que dejan de cuidar en sus lugares de origen, y su vacío es ocupado a su vez por otras mujeres.

Cualquiera de estas opciones, conlleva explotación de unas mujeres a otras.

La crisis ha provocado que una crisis de reproducción del sur se haya extendido al Norte. La reproducción tiene que ir acompañada necesariamente de unas buenas condiciones de vida de las personas y esa dimensión de la sostenibilidad está siendo enormemente afectada por la crisis que ha provocado un notable aumento de la precariedad de la vida, creando mayores desigualdades, mayores índices de pobreza, más trabajo doméstico y de cuidados en los hogares (lo que afecta mucho más a las mujeres que continuamos siendo las responsables de este trabajo).

La propuesta política feminista.

No proponen ir marcha atrás, apostar por el empleo, los salarios, la producción, o por el estado del bienestar.

Dicho de manera rápida: la propuesta de la economía feminista es acabar con el sistema capitalista patriarcal.

El modelo que vivimos convierte a la vida en un medio que no en un fin, porque existe un conflicto irresoluble y estructural entre la acumulación de capital y la sostenibilidad de la vida. O garantizamos acumulación de capital o garantizamos la vida.

La economía feminista apuesta por la vida.

Proponen ir más allá del mercado, hacia otra economía que tenga como eje central la vida de las personas y la vida del planeta.

Propone encontrar una vida que merezca la pena ser vivida, y construir hacia esa visión alternativa del mundo actual desigual en rentas, riquezas, tiempos, y prestaciones.

Propone que el cuidado de la vida humana sea la preocupación social primera de todos los agentes sociales y políticos.

Propone el desarrollo de personas sociales con mayores capacidades afectivas y de relación, con mejores condiciones de vida, con mejor buen vivir.

Propone otra manera de mirar el mundo, otra forma de relación con el mundo, donde la economía se piense y realice para las personas.

Proponen vivir mejor con menos.

Esta propuesta representa un cambio total, que exige una reorganización de los tiempos y los trabajos (mercantil y de cuidados), exige cambios en la vida cotidiana, exige una nueva estructura de consumo y de producción y, por supuesto, un cambio de valores.

Como primer aspecto, hay que considerar todos los tiempos que componen el ciclo vital: de trabajos, de ocio, de participación social, tiempo propio, estudio, etc., teniendo en cuenta su organización y los tiempos compartidos; posibilitando a todas las personas –independientemente de su sexo/género, etnia, grupo social, etc. – el mismo nivel de disponibilidades de tiempo.

Y, en segundo lugar, es necesario desplazar la centralidad del tiempo de trabajo de mercado hacia tiempos más directamente relacionados con la vida y el bienestar de las personas, considerando que la libertad de gestionar el propio tiempo es una fuente importante de bienestar. Lo más probable es que esta medida incida en una antigua reivindicación, a saber, la reducción del tiempo dedicado a trabajo remunerado, la reducción de la jornada laboral para todos y todas.

Si nos concentramos en la vida, vemos que no queda tiempo para el capital.

La economía feminista va más allá de la igualdad entre hombres mujeres, habla de universalidad, de que todos tengamos una vida que merezca la pena ser vivida,  y habla de singularidad, respetando las distintas perspectivas de vida, la diversidad humana, no imponiendo a los otros una única forma de ver el mundo.

Vive y deja vivir.

Se me ocurre pensar que en esa visión del mundo de vida que merezca la pena ser vivida, no hay Estado, no hay poder de la Iglesia, no hay monarquías, no hay banderas, no hay mercado de capitales pues se deja de usar la vara de medir de dinero, y se cambia el foco del beneficio al bienestar social, del crecimiento ilimitado al desarrollo de la humanidad, de la primacía de la mente patriarcal a la emocional y a la instintiva.

Un mundo donde no exista la dicotomía de élite o de esclavo.

Pienso que es necesario crear un modelo que deje acumular a las clases populares, y a los pequeños y medianos empresarios, que hoy soportan el peso del 89% de la carga del monstruo del Estado. Hacer que el capital, entendido como prosperidad y abundancia, llegue a todos los lugares del planeta. Una abundancia en consonancia con los ritmos del planeta y de la vida. Unir producción y reproducción.

Hoy el modelo está configurado para que no pares de trabajar 40 y pico años, sin descanso.

Hoy el modelo están configurado para que seamos máquinas para el mercado y volvamos a casa a dormir.

Hoy el modelo está configurado para que nadie escape del modelo educativo porque si opta por otro modelo queda fuera del mercado de trabajo.

Hoy el modelo roba los hijos a quienes se resisten a vivir según los dictados de esclavitud de la supuesta legalidad.

La propuesta de economía feminista es alternativa al capitalismo y al socialismo, pues éste también ignora la economía del cuidado.

Con gratitud a Amaia Pérez Orozco.


La izquierda española ante la globalización – Alberto Garzón – Economía para pobres.

La forma de vida de las monjas de Suesa.

Discurso en la ONU de José Mújica.

Human – José Mújica – Uruguay.

«Hay un ejército de asesores trabajando para que las multinacionales no paguen los impuestos que les corresponden»

Un mundo sin cuñados (ni hermanos, ni hijos, ni familia)

Riane Eisler: pionera de la caring economy. 

María Durán: «El cuidado consume un tiempo que es incompatible con la generación de rentas»

Subversión feminista de la economía. Aportes para el debate sobre el conflicto capital –  vida. Amaia Pérez Orozco.


 

Feminist economy: The irresolvable conflict between capital and life.

Gender-based violence largely emanates from the capitalist economic model that is based on the patriarchal social model.

I am convinced that as long as these models are in place, it will be a very impossible task to end the violence of the world, and in particular violence against women.

In order to see other alternatives to these models, I have been reading interviews, articles, about the proposal of the feminist economy, eco-feminism, self-sustaining peoples (Regen villages), the solidarity economy, and the shared economy, for several weeks. I have read the book of Mercedes Dalessandro, Feminist Economy and listened to several interviews with Cristina Carrasco and lectures and talks by Amaia Pérez Orozco.

I write this entry from the conferences of Amaia Pérez Orozco, choosing what resonates most within me, and sharing the reflections that have motivated.

When I see images of the streets invaded by masses of people overwhelmed by anger, frustration, hunger, anguish or pain, coming out to manifest themselves, to protest against the legal, political, social and economic abuses emanating from the power built by these models I can’t help but think about the day after, and the after, and the next.

The streets for a few hours express the repressed.

And the next day everything is the same again, the threads of power are intact.

I can’t help but think about the structure that underpins our way of life.

As long as the structure remains the same, protests fall into a broken bag, the system reinvents itself. It’s like a black cloud, which is diluted here, and appears there, strengthened. Rome is followed by castles, and castles are followed by capitalist companies. Every time the servants, slaves, popular classes have rebelled against the elites, the system has reinvented itself by another name.

And, the weapon is money, violence, and manipulation through skewed information that is allowed to leak down the structure. The masses continue to be controlled by the power of the religions that control people’s minds, the law enforcement forces that oppress revolts, the political states that make laws to create a supposed legality designed to control, and subject masses, through the judiciary.

Money is the weapon of the elites who say who eats and who does not, who accumulates and who is not only deprived of the right to accumulate, but is squeezed to sustain the structure.

An economic model that only privileges a few at the expense of many subjugated. Capitalism is predatory, racist, colonialist, androcentric.

It is a model that denies universality, for the elites live well at the cost of evil living on the other side.

It is a model that denies uniqueness that does not accept to recognize differences in sex, race, ethnic and different forms of life.

The economy is the economy of the rich, which guarantees and perpetuates the models of exploitation, to ensure the process of accumulating capital of the elites, a few lives that accumulate the power and resources of the planet in their hands.

I suppose that’s why the official economy is just market, utilities and the financial system.

I suppose that’s why economics is only interested in capitalist benefit.

I suppose that’s why, ignores, it doesn’t take into account what’s underneath and sustains the market: nature and the whole care economy.

The care economy is made invisible because it is not talked about, because there is no data, concepts, economic theories, names.

The care economy is made invisible because you are not paid or you are under paid, because you have no social rights or you have them but they are lousy.

The care economy is made invisible because no political movements are built from unpaid work.

The economic and social model makes it invisible by making it an individual problem of women in their homes, so that it is not a collective political problem.

A patriarchal social model in which there are two worlds, the feminine and the masculine, with a hierarchical structure between them, where the feminine is always subjugated and at the service of the masculine and masculinized. Markets are the masculinized sphere that needs a hidden feminized base to survive.

The model is based among other things on which values are different between men and women. Difference, that feminism of equality considers social creation, while feminism of difference, biology.

The model is based on an army of men and women immolated slaves to the system.

Woman: From herself to others. I guarantee the life of those who are in my environment granting well-being and then if I have a time left I dedicate it to my insertion into the market.

Man: From him to him. He finds his place through a successful insertion into the market, based on a false self-sufficiency of not relying on anyone and then constitutes links with others.

The truth is that there is no self-sufficiency, it is a fallacy, what exists is interdependence and dependence.

Talking about self-reliance means overestimating what so-called self-sufficient subjects give to the social whole and underestimating everything that the social whole gives to these self-reliant subjects.

To talk about self-reliance is to deny that someone has taken care of you when you were little, that someone takes care of you when you’re sick, and that someone will take care of you when you get old.

Talking about self-reliance involves enthrone the patriarch who goes to market, brings the salary, and keeps his dependent wife and children, ignoring all the care jobs he has received and will receive throughout his life.

To speak of self-reliance is to call housewives dependent, to deny them all the social value of their work, and social rights, a salary, or any social recognition.

To speak of self-sufficiency is to say that by art of magic one goes to the market in conditions of full availability for the company, ready to start the process of capital accumulation.

Self-reliance is the concept behind the concept of passive classes, which considers that there is no more world than when you are in the market subjected to wage slavery.

In short, it is an economic – social model whose only focus is growth versus the development of humanity.

And, to think that the system can have unlimited growth has led to the current crisis.

The crisis, therefore, has not begun in 2007, nor is it financial, nor a bank crisis, it is a multidimensional and cumulative crisis.

It’s a systemic and civilizing crisis.

It’s an ecological crisis. We live on the savings of the planet.

It is a breeding crisis in poor countries in the south, because people’s expectations of emotional and vital development are not met, because they suffer famines, deaths, food crises, or because they have to emigrate to bring life to life.

And, this breeding crisis is largely caused by the exploitation of southern resources by the northern capitalist elites, because the north lives off the piece of planet that belongs to the south.

It is a crisis of care in the global north, as subjects have to be fully available and flexible for the market, without the need for care and without any responsibility for the care of the rest. And when this role cannot be fulfilled, problems begin, because one has to respond to the needs of the market other than those of life and the needs of life are solved outside the market, producing tensions, exhaustion, above all, in women in conditions of inequality between them too.

Middle-class women have been emancipated by work, working-class women not because they do everything, which implies a degradation of quality of life.

Grandmothers are the ones who look after or someone is hired to do your job while you go on the market. And so the poor women in the South clean your house and theirs, at the end of the day.

There are global chains of care, poor women emigrating from southern countries because of the reproductive crisis, who stop caring for loved ones in their places of origin, and their vacuum is in turn occupied by other women.

Either option involves exploitation of one woman to another.

The crisis has caused the crisis of reproduction in the south to spread to the North. Reproduction must necessarily be accompanied by good living conditions for people and this dimension of sustainability is being greatly affected by the crisis that has led to a noticeable increase in the precariousness of life, creating greater inequalities, higher rates of poverty, more domestic work and household care (which affects women much more than we continue to be responsible for this work).

 The feminist political proposal.

They do not propose to go backwards, bet on employment, wages, production, or welfare state.

Put simply: the proposal of the feminist economy is to end the patriarchal capitalist system.

The model we live makes life a means that is not an end, because there is an irresolvable and structural conflict between the accumulation of capital and the sustainability of life. Either we guarantee capital accumulation or guarantee life.

Feminist economics is committed to life.

It proposes to go beyond the market, to another economy that has as its central axis the life of people and the life of the planet.

It proposes to find a life worth living, and to build towards that alternative view of today’s unequal world in income, wealth, time, and benefits.

It proposes that the care of human life be the first social concern of all social and political actors.

It proposes the development of social people with greater affective and relationship capacities, with better living conditions, with better good living.

It proposes another way of looking at the world, another form of relationship with the world, where the economy thinks and performs for people.

It proposes living better with less.

This proposal represents a total change, which requires a reorganization of times and jobs (commercial and care), requires changes in daily life, requires a new structure of consumption and production and, of course, a change of values.

As a first aspect, we must consider all the times that make up the life cycle: jobs, leisure, social participation, free time, study, etc., taking into account their organization and timeshares; enabling all people – regardless of gender, ethnicity, social group, etc. – to have the same level of time availability.

And, secondly, it is necessary to shift the centrality of market working time to times more directly related to people’s lives and well-being, considering that the freedom to manage time itself is an important source of well-being.

Most likely, this measure has an old claim, the reduction of time spent on paid work, the reduction of working hours for all.

If we focus on life, we see that there is no time left for capital.

The feminist economy goes beyond equality between women and men, speaks of universality, that we all have a life worth living, and speaks of uniqueness, respecting the different perspectives of life, human diversity, not imposing on the others a single way to see the world.

Live and let live.

It occurs to me that in this vision of the world of life worth living, there is no state, no power of the Church, there are no monarchies, there are no flags, there is no capital market because it stops using the measuring stick of money, and the focus is changed from profit to social welfare, from unlimited growth to the development of humanity, from the primacy of the patriarchal mind to the emotional and the instinctive.

A world where there is no dichotomy of elite or slave.

I think it is necessary to create a model that will allow the popular classes, and small and medium-sized entrepreneurs, to accumulate, as of today, they bear the weight of 89% of the burden of the state monster. Make capital, understood as prosperity and abundance, reach all parts of the planet; abundance, in line with the rhythms of the planet and life and eventually join again production and reproduction.

Today the model is configured so that you do not stop working for more than 40 years, without rest.

Today the model is configured to be machines for the market and go home to sleep.

Today the model is configured so that no one escapes from the educational model because if you opt for another model you are left out of the job market.

Today the model steals the children to who is reluctant to live according to the dictates of slavery of supposed legality.

The proposal for a feminist economy is an alternative to capitalism and socialism, as both ignore the care economy.

With gratitude to Amaia Pérez Orozco.