El 80% de las mujeres no denuncian, se divorcian.

 

«Cada vez más mujeres buscan vías alternativas para superar su situación, buscan una separación segura, no traumática en la que se puede trabajar durante años». Teresa San Segundo, directora del Máster de Malos Tratos y Violencia de Género de la UNED, considera que «por esta vía no se pone fin a la situación de violencia» porque con la modificación en 2005 de la ley de divorcio «ya no se tiene que aducir ninguna causa y, por lo tanto no va a quedar constancia de esas agresiones». De este modo, como apunta la experta, «el agresor puede tener la custodia única o compartida y así mantener la situación de violencia con sus hijos».

 Lo mire por donde lo mire no existe verdadera voluntad política, ni social para erradicar la violencia de género. Se aprueba una ley, y después contra-leyes que lo distorsionan y obstaculizan.

Cada vez se denuncia menos, hay menos órdenes de alejamiento, ahora es más delito que nunca que un menor no quiera cumplir el régimen de visitas (la madres pueden ser encarceladas), más imposición de la custodia compartida por ley y por juzgado y como resultado …más divorcios contenciosos.

Y, ¿QUÉ INDICA ESTO?

Pues, indica que hay una creciente desconfianza entre las mujeres, y sus letrados en LA EFICACIA DEL JUZGADO DE VIOLENCIA.

Y, tambien indica que el sistema judicial, político y social no atiende el problema de violencia con interés de erradicarlo, sino superficialmente, de cara a la galería internacional. No es de extrañar que España haya recibido un contundente suspenso en igualdad según el Informe Sombra del CEDAW.

El juzgado de violencia es como un intento político, y social de decir que la violencia de género es algo marginal, separarlo por ello del resto, y a través del endurecimiento de las leyes lograr que cada vez menos mujeres se rebelen, y luchen por su dignidad. Cuando en realidad, la violencia de género empapa toda nuestra sociedad porque deriva de la desigualdad de género. La violencia de género aumenta porque las mujeres no queremos callarnos. La desigualdad está en el sistema de pensiones público, en la desigualdad de salarios, en el régimen de separación de bienes que otorga la propiedad de la casa al hombre que la paga, porque el trabajo no remunerado del hogar no tiene valor económico (por tanto es una explotación), en el sistema impositivo que hace, por ejemplo, que haya que tributar por la pensión compensatoria.

¿POR QUÉ?

Porque en el fondo, no se considera a las mujeres víctimas, sino culpables, y al maltratador no se le considera el villano sino la víctima. Así que, en estos últimos años se ha minimizado el problema, produciéndose una INVOLUCIÓN DE LOS DERECHOS DE LA INFANCIA Y DE LA MUJER.

Lo que me parece entender que quiere decir Teresa San Segundo es que buscando una salida menos traumática que el Juzgado de violencia, nos metemos en la boca del lobo yendo por el camino de Familia.  En realidad, da igual, porque son excusas o barreras que el sistema tiene para ocultar que la justicia y la psicología patriarcal están posicionadas en el lado del villano. Lo que sí es cierto, es que las cifras de violencia no recogen los casos de las mujeres que usan el camino de divorciarse y no denuncian.

LA REALIDAD ES…

  • Solo se denuncia la punta del iceberg, el 20%, y que las mujeres de renta media y alta no denuncian, se divorcian.
  • Entonces el 80% de los casos de violencia no judicializada salen en el juzgado de familia, en los que existe esquizofrenia al oír hablar de violencia en el contexto de visitas y custodia.
  • Solo el 3% de maltratadores (que se demuestra en el juzgado de violencia, queda fuera el 80%, y los casos archivados por falta de pruebas), queda exento del régimen de visitas.
  • Las mujeres maltratadas a veces no sabemos que lo somos.
  • Cuando leemos un test, como el de Teresa San Segundo y de las 12 preguntas respondemos a 1, sabemos que estamos siendo maltratadas pero luego hay que demostrarlo, y denunciar, y entrar en un proceso judicial, y aunque se demuestre el maltrato, los niños quedan atrapados en el sistema, hasta el punto de que no tienen derechos, o sus derechos se sacrifican en el altar de los derechos del padre. El resultado es que se tortura judicialmente a estas mujeres rotas, y a sus hijos con los puntos de encuentro neoconservadores, con las visitas tuteladas para el horror de los chiquillos, o empieza de nuevo la pesadilla para el niño cuando ha de convivir con el maltratador en las visitas o peor en la custodia compartida o peor en la custodia única al maltratador.
  • La realidad es que el maltratador lucha por la custodia más que un no maltratador, y lo peor es que la gana con relativa facilidad, porque es un encantador de serpientes, no tiene problemas de control de ira, se muestra en el juzgado, con los asistentes sociales, con los psicólogos (y si es joven puede ser fácilmente engañado por su imagen externa correcta), con los trabajadores de los puntos de encuentro, los jueces,  colaborador, equilibrado, persistente, llora…
  • Las mujeres después de tantos años llegamos agotadas físicamente, emocionalmente rotas, enfadadas, emotivas, perdemos los nervios en el juicio, lloramos, hablamos demasiado o no podemos hablar,  y resulta que se otorga la custodia al maltratador.
  • Nadie se atreve a decir que los hijos deberían poder divorciarse de los padres violentos, y punto. La realidad es que los niños víctimas y testigos de violencia tienen un cúmulo de sentimientos entre los que está la ira o la falta de respeto o el miedo hacia el padre. Sentimientos que los tribunales, la sociedad, y la ONU deberían respetar, y, yo diría que aplaudir, porque en ellos subyace un grito de basta ya, una voz de la infancia alta y clara que no quiere ser cómplice de los estereotipos vigentes y los cuestiona, y solicita su erradicación.
  • Y luego está, la amenaza de SAP – custodia compartida – conflicto de lealtades que usan los abusadores resultado del movimiento backlash neomachista, que está arrasando todo el mundo occidental, incluida España. Es decir, que cuando un menor no quiere relacionarse con el padre, el tribunal dice que está alienado porque la madre le ha lavado el cerebro, minimizan o eliminan el maltrato, reduciéndolo a un conflicto entre iguales, a la falta de asertividad femenina, o a una carencia de recursos para resolver conflictos, no al resultado de una situación de una relación de “poder y control”,  focalizan la culpa en la personalidad de la madre, en el mito de Eva, de que las mujeres somos perversas, histéricas, manipuladoras,  y no solo dan la custodia, al machista – maltratador, sino que impiden a la madre ver al hijo. Cuando más lucha la madre para proteger al menor, cuanto más llora y se rebela el menor, más alienado está el menor, y más duras son las condiciones. Por tanto, se llega al punto surrealista de esconder el maltrato, para no ser acusada de manipular a los menores. Entonces, no queda nada, el menor cuanto más pequeño es, peor.

Hasta que no se produzca el ocaso del patriarcado y el sistema de familia tradicional y recordemos que antes del patriarcado y el sometimiento de la mujer, regía el matrismo la valoración de lo femenino, la exaltación de la maternidad, y la no existencia de la violencia de género, las leyes para evitar discriminación, trata, prostitución, violencia se verán como necesarias pero no suficientes, me temo.