Economía Feminista: Biocultura.

Visité la semana pasada, la feria de Biocultura. Llegué temprano, nada más abrir. Algunos puestos estaban todavía preparando los productos, la degustación, colocando.

Resultado de imagen de biocultura madrid 2018Es muy agradable llegar al despertar, cuando se puede andar tranquila, charlar con los expositores, sin el agobio de la ingente cantidad de visitantes que inunda la feria.

Esta vez, he tenido una impresión distinta. El año pasado  pensé que el capital se va moviendo donde hay negocio. Es decir, que ahora nos preocupa, el planeta, el consumo ecológico, las bebidas vegetales, la comida vegana o vegetariana, pues allí va el capital a sacar tajada.

Esta vez, me he encontrado con gente diferente, que me ha sorprendido gratamente. Me ha recordado la filosofía de la economía feminista, el respeto a la naturaleza, a los ciclos de vida, a vivir mejor con menos, a vivir la vida disfrutando de las cosas sencillas.

Me he encontrado muchos expositores que eran familias. Familias que tejen jerséis de lana durante el año y luego los venden en la feria, familias que producen horchata ecológica, familias de agricultores ecológicos, familias que producen calzado de forma artesanal, o pendientes, o pantallas de lámparas cada una con motivos decorativos diferentes, velas ecológicas, familias que han ideado un sistema de riego novedoso, que producen miel, queso,  bebidas vegetales….

Supongo que por un lado está la huella de la crisis, la gente que se ha quedado sin trabajo y tuvo que ser creativo al margen del mercado.

Supongo que quizá también esté detrás el cambio de conciencia mundial de gran parte de la población que despierta del sueño de vida, de sociedad y que en silencio, sin llamar mucho la atención sigue un estilo alternativo de vida.

Este año charlé con uno de los dueños de Chocolate Organiko. Chocolate ecológico, producido de forma artesanal, sin conservantes, ni aditivos. Nos paramos en el puesto porque nos llamó la atención la belleza de las cajitas de cartón de las tabletas. Bellísimas. Hechas con un gusto, extraordinario. Nos pusimos hablar con uno de los socios fundadores que nos contó su historia. Publicistas que cansados de la vida laboral, se lanzan a su aventura. Hablamos un buen rato sobre el primer mundo, a costa del tercer y cuarto mundo. Hablamos de la explotación infantil que está detrás de muchas grandes marcas consolidadas, del precio que recibe un recolector por una jornada de caminar por la selva, hectáreas y hectáreas. Hablamos del valor del agua potable. Me pareció un hombre joven de enorme energía, y ética. Pensé que es muy grato encontrarse con personas creativas, nobles, que han podido salirse del mercado y crear algo especial, bello, inspirado en el respeto a la vida, a las estrategias artesanales, sin contaminarse por la oscuridad del mundo. Compré varias tabletas y aunque ya ha pasado casi una semana de nuestra visita a la feria, todavía comentamos la energía de vida, que emana su presencia. Y, además, el chocolate está delicioso!!!!!

También hablamos un buen rato con la dueña de Castilla Verde. Es una granja biodinámica que está en Cercedilla. Su marido es el agricultor, ella la panadera. Su vida es tan diferente a la vida urbana. Los atascos, las prisas, el ruido, la contaminación, el supermercado. Ellos cultivan su huerto, hacen talleres, tienen caballos, campamentos de verano,  producen el pan de forma artesanal con los granos que cultivan, quesos, yogures…

Me llamó la atención también, su enorme energía, su fuerza vital. La hogaza de pan que compré me ha alucionado. No solo por lo rica que está, sino porque ha durado perfecta casi cinco días. Pensé que me encantaría aprender a hacerme yo el pan, a cultivar mi huerta, a aprender a hacer queso, yogures.

En cuanto tenga oportunidad me encantaría ir a visitar su granja. No es fácil encontrar un hueco en el sinsentido de vida que vivimos, entre responsabilidad y obligación. Me encantará disfrutar de ese día en el campo, del aire fresco, del silencio, del olor a pan recién hecho.

También, economía feminista. No solo por cómo es esta impresionante mujer, sino por su valor de seguir a su corazón, y dedicar su vida a aquello que resuena con su verdadera naturaleza.

Compramos cepillos de bambú, que llevábamos tiempo buscando.

También nos llamó la atención que encontramos iniciativas de personas muy jóvenes, con ilusión, bien agradables, llenos de vida.

Este año mi hija y yo disfrutamos muchísimo de nuestra visita. Llegamos bien contentas, con la sonrisa puesta, con esperanza, de un nuevo mundo.


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