Espiritualidad: Conectar con la verdadera esencia del arquetipo del padre.

Estos días, he pensado en el arquetipo del padre.

He pensado en el significado que tiene para mí.

Y, en lo diferente que es del modelo, imagen, rol social, de dicho arquetipo.

Se suele asociar el arquetipo del padre a la imagen de un árbol, y el de la madre al de una casa.

 

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Me encantan los árboles, los olivos, los robles, los abetos, los pinos, los cinamomos, los almendros…

Todos me gustan.

No sabría decir cuál me gusta más.

Cuando evoco la imagen de los árboles, cuando camino en un bosque, cuando toco su rugosa corteza, pienso que eso es para mí el arquetipo del padre.

Y, sin embargo, el arquetipo del padre socialmente, independientemente de la cultura, tiene una connotación de “no”, frente al “sí” de la madre.

Así, este NO es control, autoridad, disciplina, ley, convencionalismo, poder, miedo, obedecer, el castigo, la guerra, el conflicto…

Y, todas esas palabras son lo que nos queda en lugar de esa imagen bellísima del arquetipo del padre, asociado al árbol, a su sombra, a su seguridad, a su cobijo, a sus raices, a su fruto, a sus flores.

Así, a aquellos que mueven los hilos del mundo, les ha interesado robar y contaminar esa imagen bella del arquetipo del padre, y se ha transformado en el arquetipo del padre como tirano. La economía, la política, los tribunales, la ciencia, la escuela, todo está empapado de esa tiranía.

Y, pienso en el daño a la humanidad, que el “NO” ha creado. Veo en el NO la semilla  del horror del mundo, de la escasez, de la miseria, de la crueldad, de la violencia.

Y, pienso, en lo diferente que sería el mundo si el arquetipo del hombre, de la masculinidad y por tanto, el del padre fuera el del guerrero de luz, el de Jesús, Buda o Lao Tze.

Si el arquetipo del padre retornara a su esencia, la humanidad iniciaría el retorno a la luz, a la paz, a la libertad.

Pienso en la Madre Tierra, en la naturaleza, que no sabe ni de SÍ, ni de NO. Ni del rigor, ni de la bondad. Crece, libre, abundante, hermosa, bella.

Quizá sí el pilar del rigor en el árbol de la vida no existiera, tampoco existiría el de la bondad. Desaparecería la dualidad, la guerra, el conflicto. Quedaría el pilar del centro. Quedaría la conexión entre la Fuente y la Madre Tierra.

Solo quedaría… la vida en todo su esplendor.


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