Calibán y la bruja de Silvia Federici.

Quería dedicar esta entrada a recomendar el libro de Silvia Federici, Calibán y la bruja.

Es un libro histórico sobre la transición del feudalismo al capitalismo, y sin embargo, actual. Por alguna razón,  la historia que comparte Federici,  no está en los libros de texto. En realidad, la historia, la literatura, la filosofía, es una recopilación de obras realizadas por hombres. Gracias al trabajo de investigación de algunas compañeras estoy viendo la cantidad de mujeres brillantes de la historia que por alguna razón alguien se olvidó, también, de incluir en los libros de texto.

He escrito esta entrada haciendo una síntesis de aquello que más resonaba en mi interior, con mi visión del mundo.

Resultado de imagen de caliban y la brujaCalibán y la bruja es un trabajo de investigación imponente, que invita a la reflexión, al despertar de la conciencia colectiva, a salirse del estadio de espectador, pues la humanidad parece vivir en piloto automático, sin ser consciente del círculo vicioso de esclavitud, en el que está enredada.

Merece la pena saber que cada vez que la población consigue hacer caer un sistema económico abusivo, se produce una contra revolución que lo hace caer. Los esclavos de Roma, empezaron a huir al monte precipitando la ruptura del sistema, el feudalismo nace como respuesta a ello, y el capitalismo como respuesta a la caída del feudalismo.

Federici liga la situación de esclavitud de la mujer al nacimiento del capitalismo. La caza de brujas, los cercamientos, el genocidio de los indígenas americanos y el comercio de esclavos negros fueron los pilares sobre los que se construyó el nacimiento del capitalismo. 

Y, sin embargo, las estrategias que los hilos del poder usaron en ese momento histórico, siguen siendo actuales, pues las potencias mundiales siguen robando y pauperizando y el proceso de globalización está llevando nuevas rondas de cercamientos, para seguir con sus procesos de acumulación de capital. Al igual que en sus inicios, el capitalismo, hoy, está provocando un

empobrecimiento en masa, una ofensiva mundial contra la reproducción, y la guerra contra las mujeres, en forma de escalada de violencia, institucional y doméstica contra ellas.

El Estado, pues, es un monstruo que está al servicio del capitalismo, no de la humanidad. El Estado es en realidad un mecanismo que tienen los hilos del poder capitalista mundial para, de forma oculta, manejar el mundo.

Merece la pena saber que el capitalismo nace después de un proceso de acumulación primitiva, nombre sutil, para decir que se robó, apropiándose, cercando las tierras comunitarias que cultivaba la población para su subsistencia. Se cerraron  tierras comunales, se demolieron aldeas enteras para construir pastos, se cercaron grandes extensiones de tierra para reservas de venados, se prohibió a los campesinos que sus vacas pastaran en las praderas, recoger madera, hierbas y fresas silvestres en los bosques, pescar en las lagunas, se quedaron sin espacios abiertos en donde reunirse. Los campos comunes eran los lugares donde se construía la solidaridad campesina. El capitalismo quebró la cohesión social, las familias se desintegraron. Toda esta mano de obra de vagabundos fue utilizada por el capitalismo, para acabar con la fuerza de los artesanos. Todo esto originó la criminalización de la clase trabajadora que tuvo que resistir fuera de la ley y en contra del Estado. Esto no son cosas del pasado, la globalización actual tiene unas consecuencias sociales similares.

Merece la pena saber que la Iglesia católica ha sido y es su gran aliado histórico.

Merece la pena saber que las mujeres, el proletariado medieval integrado por agricultores, artesanos y jornaleros, junto con los llamados herejes, como los cátaros, (que denunciaban las jerarquías sociales, la propiedad privada y la acumulación de riquezas), fueron los rebeldes que se resistieron al nacimiento del capitalismo. El capitalismo fue la respuesta de los señores feudales, su contra revolución a la lucha antifeudal que proponía modelos alternativos de vida comunal, que exigía un orden social igualitario basado en la riqueza compartida, el rechazo de las jerarquías y el autoritarismo. El capitalismo fue la respuesta a una lucha de clases implacable. Los siervos luchaban por limitar los abusos de los señores, y reducir los MUCHOS TRIBUTOS que les debían a cambio del uso de la tierra. Los siervos querían preservar los excedentes de su trabajo y sus productos y ensanchar sus derechos económicos y jurídicos. Los siervos se resistían a los servicios laborales a los que les obligaban los señores feudales, entre ellos los servicios militares. Esta lucha, me temo, sigue siendo actual, pues mediante la presión fiscal el Estado se sigue apropiando de estos excedentes en vida y al morir.  La privatización de la tierra, EL AUMENTO DE IMPUESTOS, y el control por parte del Estado de todos los aspectos de la vida social sigue siendo la base del sistema actual. 

Merece la pena saber que la monetización de la economía acabó con esta forma de resistencia de los siervos, pues cambió el trabajo de éstos para los señores feudales, que podía ser evitado, por dinero causando su pauperización y la pérdida de sus tierras que fue a caer a manos de los señores. Y, también produjo la pauperización de las mujeres que redujo su acceso a la propiedad y al ingreso.

Merece la pena saber que el capitalismo se basa en la acumulación de poder económico en manos de unos pocos a costa de empobrecer al resto de la población, con el objetivo de tener un exceso de manos de obra, que devalúe su precio. Este empeño en que exista mano de obra pobre, o esclavos para que se perpetúe el modelo económico de pocos ricos, y una masa de pobres explotables, provoca que el Estado inicie la caza de brujas, que a través de la violencia, la crueldad y el miedo, expropia a la mujer de sus derechos reproductivos, persiguiendo los métodos anticonceptivos, el aborto, y el llamado sexo no productivo.

La caza de brujas fue el inicio de la guerra contra las mujeres que interesa al Estado capitalista orientada a quebrar el control de las mujeres sobre sus cuerpos y su reproducción. Las parteras fueron sustituidas por el médico y la comunidad de mujeres que se reunía alrededor de la futura madre expulsada. La partera fue obligada a convertirse en espía. Se le obligaba a informar de todos los nacimientos, a examinar a las mujeres que daban a luz en secreto, a buscar signos de lactancia  cuando se encontraban niños abandonados en las puertas de la iglesia. Se castigaba a las mujeres que no se esforzaban en el parto o que no mostraban entusiasmo por sus vástagos. Se obligaba a las mujeres a registrar cada embarazo, se creó un sistema de espías para vigilar a las mujeres solteras y privarlas de todo apoyo, incluso hospedar a una mujer embarazada soltera era ilegal, los que establecían amistad con ella eran expuestos a la crítica pública. El resultado fue la esclavización de las mujeres para la procreación. Se forzó a las mujeres a procrear en contra de su voluntad. El marido se convierte en el representante del Estado y la familia en un micro-Estado. Y, la mujer se convierte en lo más cercano a la condición de esclava. Se comienza a retrasar con todas estas políticas el matrimonio, y la prostituta hace las funciones de esposa cocinando, lavando y dando los favores sexuales. Se aprueban leyes para controlar el comportamiento de las mujeres dentro y fuera de casa. A las mujeres regañonas se les ponía bozal como a los perros. Esto no es tampoco cosa del pasado, el robo de niños en las maternidades en la posguerra, y en la actualidad es una realidad espantosa que se sigue practicando con el consentimiento del resto de la sociedad. Y, el marido sigue teniendo los máximos derechos. Y,  hoy más que nunca las nuevas técnicas reproductivas reducen a las mujeres a meros vientres.

Merece la pena saber que el capitalismo arrebata muchas más cosas a las mujeres, entre ellas, su acceso a la propiedad, y su medio de vida independiente del varón. No solo las tierras que cultivaban, sino que convierte en negocio multitud de trabajos que permitían su supervivencia, como la de ser artesanas, herreras, hacer pan, cultivar huertos, hilar, tejer, cocinar,  cuidar de los animales de granja, la medicina natural, candeleras, cardadoras de lana, cerveceras las parteras… Estas actividades eran realizadas en cooperación con otras mujeres, lo cual era fuente de poder y de protección, base de una intensa solidaridad femenina. Algunos gremios estaban controlados por ellas, el porcentaje de trabajo femenino era tan alto como el de los hombres. Había mujeres maestras, doctoras y cirujanas. Multitud de trabajos que dejaron de hacer las mujeres, y empezaron a hacer los hombres a cambio de un salario, quedando fuera de este mercado el trabajo femenino. Al sacar todos estos trabajos de la casa, y llevarlos al mercado, produciéndose la separación entre reproducción y producción, las mujeres fueron expropiadas de sus derechos a una vida digna e independiente, quedando para siempre y todavía hoy sometidas al varón, y si se rebelan al Estado. El capitalismo devaluó el trabajo de las mujeres, y esa pérdida de poder condujo a la masificación de la prostitución. Esta devaluación del trabajo de reproducción tampoco es una cosa del pasado, hoy todavía el Banco Mundial sigue considerando como trabajo productivo exclusivamente las actividades monetarias.

Las mujeres fueron llevadas a la hoguera, torturadas durante más de dos siglos, para ser sometidas al capitalismo. Por tanto, el horror acabó cuando las élites dejaron de tener miedo a las revueltas, porque su situación era suficientemente sólida. Merece la pena saber que todas las muestras de valor y rebeldía que han mostrado las mujeres resistiéndose a la creación del capitalismo, han sido apagadas con el ejercicio de la violencia, la manipulación y el terror. La caza de brujas se dio en Europa, y también con las bravas mujeres indígenas que se resistieron a la colonización, y también en India, África. La última caza de brujas fue en Nigeria en los años ochenta, noventa. 

La caza de brujas supuso la destrucción de todo un mundo de prácticas femeninas, relaciones colectivas y sistemas de conocimiento que habían sido la base del poder de las mujeres en la etapa pre-capitalista. Como resultado de esta derrota, el capitalismo impuso el modelo femenino como ser casta, pasiva, obediente, ahorrativa, de pocas palabras, y siempre ocupada con sus tareas.

Merece la pena saber que el capitalismo usó la prostitución creando burdeles públicos y haciendo la vista gorda en las violaciones para acabar con la conciencia de clase que minaba con su resistencia las condiciones necesarias para la acumulación primitiva. Y, consiguió romper este nexo, comprando a los hombres con sexo. Decir que hoy todavía existe esta estrategia estatal. Decir que los hombres cayeron en la trampa, y todavía siguen en ella. Mientras no sean conscientes de la necesidad de recuperar la conciencia de clase, las relaciones igualitarias con las mujeres, el capitalismo seguirá usándolos a ellos también. Las mujeres se quedaron solas en su resistencia a la creación del orden capitalista, y terminaron sufriendo los dos siglos de caza de brujas de torturas y hogueras, sin que ningún hombre hiciera algo para impedirlo.

El capitalismo se inventó las llamadas leyes contra la vagancia,  prohibían los bailes, la nocturnidad, las reuniones, la alegría, el disfrute de la vida, con el objetivo de siempre ser productivos para el sistema. Al capitalismo le interesa propagar la idea de que el ocio es una plaga social. Y, así tenemos el sistema hoy,  que el Estado al servicio del poder capitalista encuentra la manera de extraer el máximo trabajo de cada individuo. Las personas no son personas con derechos sino recursos naturales que crían y trabajan para el Estado. El sistema impositivo y  el acceso a la pensión de jubilación son una buena prueba de ello.

El capitalismo convirtió la escasez y la dependencia en las condiciones estructurales de vida.

En fin, así se escribe la historia del capitalismo, sobre los pilares de la desigualdad de razas, culturas, sexos, y clases.

En este contexto, nace SAP y el legislador está por la labor de legalizar la prostitución y los vientres de alquiler e imponer la custodia compartida.  Una mujer que se resiste al mandato de autoridad en la intimidad, que protege su espacio, su integridad, y libertad, y la de sus hijos, es la descripción de gran parte de las mujeres acusadas de SAP en los tribunales, con la complicidad de muchos funcionarios públicos. Unos menores que deciden no ser cómplices de la caza de brujas de la actualidad, que luchan por su derecho a una vida digna, y dicen un “no” rotundo al padre violento, son la descripción de los menores que son acusados de SAP en los tribunales y separados de su madre, por un Estado que perpetúa el modelo patriarcal, de sometimiento. Por tanto, se podría decir que la caza de brujas – la guerra contra las mujeres de la que escribe Federici, sigue bien activa en la actualidad.

Y es que hoy, más que nunca, la maternidad está absolutamente devaluada.

 Así que, no puedo evitar pensar si, quizá, deberíamos dejar de ser cómplices del holocausto capitalista, pues como decía José Luis Sampedro

En mi hambre mando yo.

Y, detrás de lo que comparte con nosotros Silvia Federici en Calibán y la bruja, veo un tema subyacente, que es  atrapar a la humanidad en el primer peldaño de la pirámide de Maslow, en las preocupaciones materiales y de seguridad, para que no disponga de tiempo para el espíritu, para la salud emocional, para cultivar la bondad, para la auto realización y la plenitud. Y es que, esto no lo puede consentir la nube oscura del poder que mueve el mundo, que necesita una civilización enferma a la que manipular, porque sabe que quien por un momento vislumbra la verdad, conoce el camino hacia la luz y el silencio interior que conduce a la libertad.

A Silvia Federici, con gratitud.