Arrepentidas de ser madres: culpa o pobreza…

“La socióloga israelí Orna Donath acaba de publicar un  libro titulado Madres arrepentidas.”

Leer sobre este libro, me hizo reflexionar sobre mi propia maternidad.

De todas las experiencias de mi vida, ser madre, esto es no solo embarazo, parto, lactancia, sino el día a día, el cansancio, la angustia, renunciar a mi independencia, el anteponer el bienestar de otro ser humano al mío, mimar, leer libros, compartir la vida, y también, limpiar, cambiar pañales, hacer de mother´s taxi, dentista, vacunas, pediatras, deberes, cocinar, horarios y un largo etc, HA SIDO CON DIFERENCIA LA MEJOR. Mejor que la experiencia laboral, que viajar, que enamorarme, que la amistad…

Y, desde luego hay un antes y un después. Hasta que no me pasó, no sabía lo que era, y de alguna forma, la vivencia me ha hecho comprender más la vida, y el sacrificio de mi propia madre.

Pienso que ser madre ha sido una experiencia mía, y de alguna forma egoísta y generosa a la vez.

Egoísta porque mis hijos son los amores de mi vida, suponen entender lo que los orientales llaman “la eternidad del momento presente”. Egoista por la plenitud, que me ha hecho sentir en mi viaje por este plano.

Generoso, por el precio en términos de sacrifico, el precio para mi cuerpo, mi libertad, mi autonomía, mi renuncia a ser yo lo primero como era antes de que vinieran a mi vida.

Y, sin embargo si volviera atrás. Si yo hubiera vislumbrado lo que veo hoy del mundo, (violencia, esclavitud, guerras, desigualdad, competencia), si hubiera sabido el precio de tristeza y angustia que el matrimonio con el macho ha supuesto, para ellos y para mí, si hubiera sabido por un instante el amor tan inmenso que siento por ellos, nunca, nunca, nunca hubiera tomado la decisión tremendamente egoísta de ser madre: Tenemos hijos por nosotros por nuestra plenitud, hambre de amor, experiencia vital o vacío existencial, no por ellos. Si fuera así, quizás el mundo estaría menos poblado.

Tenía este artículo a medias, como tantos otros, y hoy me encuentro con otro artículo en la misma línea,

La revolución de las mujeres que se arrepienten de ser madres

Lo primero que sentí al leer el artículo fue una imponente tristeza. Me ha venido a la mente las palabras de Erich Fromm en El arte de amar, de que el único amor incondicional es el de la madre… si es que tienes la suerte de que te toca. Y, no he podido evitar pensar en los hijos de la autora del artículo.

Y más tristeza todavía saber que:

La BBC elige a Corinne Maier, abanderada de la anti-familia, como una de las 100 mujeres del año y abre un debate viral.

Quien sea madre sabe que es un acto de tremendo coraje, como el de las abuelas de la plaza de mayo, como el de las madres protectoras que arriesgan su vida y libertad por proteger a sus hijos del hombre violento.

Madurar significa ir activando arquetipos a lo largo de la vida, y el de la primera edad adulta significa dejar atrás la pareja adolescente de arquetipos, lover – amante, y seeker – buscador, y dar paso al caregiver – cuidador, y al warrior – guerrero, cuidar al otro, y al mismo tiempo proteger nuestro castillo.

Muchos hombres nunca salen del arquetipo adolescente del seeker (disfrutar de la vida, de sus placeres, probar lo nuevo, estar siempre en la aventura), nunca saben lo que es cuidar a otro, ponerlo delante de tus prioridades, placer, intereses, y apetencias. y, su guerrero es infantil, solo pelea, como un gallito, pero no protege el castillo. No hay nada más que ver el triunfo de las asociaciones de derechos de padres conservadores, en todo el mundo que ni cuidan, ni protegen a la familia, la dinamitan.

Leer el artículo, me ha hecho sentir también preocupación de que las mujeres empiecen a estancarse en el estadio seeker, sin evolucionar.

Porque es más de lo mismo, cuidar no vale, el papel de la madre no tiene ningún valor, solo el mundo exterior androcéntrico individualista. No es cuestión de que una institución contribuya a esa responsabilidad de cuidar, sino de que la sociedad reconozca y aprecie el ingente trabajo de las madres, o del cuidador primario (pocos hombres), y lo valore, reconozca, remunere, eleve a la posición de imponente valor económico y social que tiene.

Y, así estamos como estamos. La mujer se incorpora al mundo exterior pagando el mismo precio que el varón la desconexión con el cerebro emocional, la desconexión con el corazón, y al mismo, tiempo deja la esclavitud de la mujer para quedar presa de la esclavitud capitalista del varón.

Estos días una compañera feminista, me dijo que la elección entre Trabajo y Familia de las mujeres es una ilusión. Y, al dejarlo reposar varios días, me he dado cuenta de que efectivamente es así.

Así que, genial, unas arrepentidas por el supersónico precio de descuidarse a sí mismas para cuidar del otro, y otras por el horror de mundo al que traemos las criaturas.

Lo que veo pues, es que si eliges trabajo es probable que sientas culpa, y si eliges familia, pobreza.

Según nuestra personalidad, y nuestra historia personal tenemos la ilusión de que elegimos libremente una cosa o la otra. Y por ello, el eterno debate entre feministas de la igualdad y la diferencia, o constructivistas y espirituales.

El tema es que hay mujeres yin – Feeling, y yang – Thinking de forma innata por eso no hay una receta para todas.

Las mujeres del artículo, juezas, y peritos que eligen carrera, realizan un imponente esfuerzo para abrirse camino en la jungla laboral, y proyectan SU CULPA en las madres que si tenemos una relación buena con nuestros hijos, y se portan bien, no montan espectáculos, sacan buenas notas, van a exposiciones, a restaurantes, a hoteles, al colegio y por ello estas mujeres patriarcales o femichistas, nos sablean.

En fin, el patriarcado – capitalismo, con este tinglado de culpa y pobreza, nos enfrenta unas con otras, alegremente, impidiéndonos tejer la red de sororidad, sirviéndose del Síndrome de Estocolmo Social de la mujer.

Siempre digo en mis artículos, la frase de Claudio Naranjo, que la bondad es signo de salud mental. Como él pienso que el hambre de amor de la humanidad nos ha llevado al callejón sin salida donde estamos, a un mundo plagado de violencia, crueldad, desigualdad, pobreza…

Siempre digo que caminar hacia la paz requiere iniciar el camino interior de sanación, en palabras de Claudio, sanar la familia interior de cada persona. Es decir, equilibrar los tres cerebros, el racional, el emocional y el instintivo, el padre, la madre, el hijo.

El dolor del niño interior herido de cada persona del mundo, provoca el horror del mundo.

Si te paras a pensar…

¿Cómo no va a estar el corazón humano averiado, entre madres que se debaten entre la ilusión de elegir pobreza o culpa?

¿Cómo es posible dedicar a los hijos energía positiva cuando una está atrapada entre la culpa o la pobreza?

¿Cómo no quedar atrapada teniendo en cuenta que el varón en gran medida reside toda la vida en arquetipos infantiles?

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De manera que por eso abrí este Blog, por eso lo llamé Porunamaternidadprotegida. Mientras no cuidemos el corazón de los niños, su dolor, humillación,  violencia, creará violencia. Y, el tema, es que para cuidar la infancia, se requiere la libertad de la mujer, no solo para que recupere su útero, sino para que podamos crear un nuevo orden económico, social, poniendo en el centro el cuidado de la vida.

El tema es que no tengamos que elegir entre FAMILIA Y TRABAJO, y sigamos con la frustración de la culpa o la pobreza, sino que la sociedad ponga el énfasis en un modelo social que ponga en el centro, el cuidado de la vida, y un modelo económico que esté al servicio de la humanidad, no la humanidad al servicio de la economía, un modelo económico donde el énfasis sea el desarrollo de la humanidad en todos los sentidos, empezando por sanar el corazón humano, en lugar del crecimiento. El modelo económico actual está obsoleto, si no hay crecimiento, NO FUNCIONA, si crece es a base de necesitar la esclavitud de parte de la humanidad, y de crear una desigualdad cada vez más aberrante.

Y, poner el énfasis en proteger la maternidad pasa por empoderar los derechos sociales y económicos de las mujeres.

El link de abajo es de una mujer afgana, que ha creado un modelo de empresa en su mayoría integrada por mujeres, con el objetivo de ayudar a las mujeres de su país. Ella se ha puesto manos a la obra, en lugar de dedicarse al activismo. De momento, más de 2500 niñas estudian en su plataforma online.

INSPIRACIóN, MUNDO, PREOCUPACIONES GLOBALES, TECNOLOGíA La joven perseguida en Afganistán por ayudar a las mujeres con tecnología

 


Otras fuentes de interés – Ser madre no es ninguna estafa – Susana Giménez Díaz

Me gusta todo el artículo y es especial este párrafo.

Aprender a ser madre, porque uno sólo aprende cuando está metido dentro del pastel. Aprender a estrellarte y a no volverte a estrellar. Aprender a tener paciencia, aprender a educar, aprender a que ya no estás tú solo en el mundo. Y quizás sea ése precisamente el problema de esta sociedad individualista que confunde calidad de vida y bienestar con estar-solo-y-hacer-lo-que-te-dé-la-gana-en-cada-momento-de-tu-vida, sin baches, sin responsabilidades y sin tomas de decisiones importantes. Vivir en una eterna adolescencia. Que si eso es lo que has elegido, estás en tu derecho, te respeto, y además te admiro, pero entonces, no decidas traer hijos al mundo, porque eso que te hace feliz y a lo que tú llamas calidad de vida: dormir ocho horas seguidas, no tener que madrugar, dar la vuelta al mundo con amigas, las despreocupaciones y las irresponsabilidades en cadena, desaparecerá de sopetón para dar paso a las noches sin dormir, los madrugones a las cinco de la mañana, los viajes en familia al parque de al lado de tu casa, las preocupaciones continuas y la responsabilidad de hacerlo todo lo mejor que puedas.

 

 


Estos días he visto  Alike: corto bellísimo sobre la esperanza de conectar con el corazón, de salirse del rebaño, de optar por un modelo alternativo de vida.   Al verlo he pensado que traer criaturas al mundo, como expresa el corto, es porque los adultos nos ahogamos en el mundo que hemos creado, y necesitamos la luz, la chispa, de alegría y entusiasmo de los niños para ayudarnos a seguir con nuestras vidas. Lo que expresa este magnífico corto es lo que siento cuando veo a mis hijos, y el mundo en el que tienen que vivir.