Abrazar y aceptar nuestra sombra.

Para poder avanzar en nuestro viaje espiritual necesitamos aceptar que dentro de nosotros hay luz y oscuridad.

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Tenemos que estar dispuestos, a tener el coraje para mirar nuestra sombra, aceptarla y abrazarla.

La sombra es como una pesada cadena en nuestro tobillo que nos mantiene prisioneros, de la que no nos podemos escapar y nos impide volar.

En algún momento de nuestra vida, llegamos a un cruce de caminos en el que hemos de elegir el sendero de la verdad o el sendero del poder.

El sendero del poder da menos miedo, nos sugiere respeto, hay observadores, nos ayuda a mantener la ilusión de solidez.

El sendero de la verdad no ofrece resistencia, es anónimo, más humilde, no hay glamour, dinero, autoengrandecimiento para sostener la ilusión. Y, sin embargo, es el camino que lleva a la reconexión con uno mismo.

No toda nuestra sombra es responsabilidad nuestra, pues hay una parte que se forma en la inocencia de la infancia.

Cuanto antes se libre uno del ogro de su sombra mejor, porque bloquea nuestra evolución.

Algunos rasgos comunes de la sombra humana son:

  • Fingir bondad, al tiempo que nos preocupa la maldad que percibimos en los demás.
  • Estar tenso con otras personas por asuntos triviales.
  • Sentirse amenazado o inseguro en exceso.
  • Ser emocionalmente o físicamente abusivo.
  • Usar la ira como arma.
  • Manipular, controlar, perjudicar a otros a través del mal uso del poder.
  • Ser pasivo-agresivo.
  • Sentirse tenso por asuntos importantes, que no podemos solucionar nosotros mismos, y sin embargo, no hacer nada en otros asuntos que nos molestan y que sí está a nuestro alcance actuar.
  • Falta de honestidad, corrupción, transacciones comerciales turbias.
  • Ocultar comportamientos.
  • Maldad.
  • Utilizar memoria selectiva.
  • Distorsionar el pasado para hacerlo parecer diferente de lo que es.
  • Menospreciar tanto en privado como en público.
  • Ser injusto y beligerante en las relaciones con los demás.
  • Ser vengativo hacia los demás. Rencoroso.
  • Hacerse el mártir y fingir impotencia para aprovecharse de los demás y ganar su solidaridad.
  • Aprovecharse emocionalmente y económicamente de los demás.
  • Ser snob, elitista.
  • Sentir odio.
  • Tener comportamientos autodestructivos.
  • Ser tacaño.
  • Ser ostentoso.
  • Ser egoísta.

No he podido evitar pensar, cuántos de los comportamientos de la lista de arriba, definen la conducta de la violencia patriarcal contra las mujeres y los niños, pero también cuántos de estos comportamientos definen el quehacer diario del mundo empresarial, financiero, político y judicial.

No he podido evitar pensar en la sombra tan inmensa que inunda el poder judicial hasta el punto en que casi no se puede vislumbrar la luz.

La sombra del mundo es la suma de las sombras individuales de cada uno.

Cada vez que uno de nosotros elige el sendero de la verdad, de la luz, y con humildad se reconoce a sí mismo en algún lugar de la lista de arriba, de alguna manera trunca la línea de oscuridad heredada de su linaje familiar, y limpia el mal karma que se ha ido heredando durante generaciones.

Al reconocer, abrazar, nuestra oscuridad, dejamos de estar en guerra con nosotros mismos y con el resto del mundo, y podemos volver a reconectar con la luz  que nos permite estar más en contacto con los demás y sentir empatía hacia sus problemas.

La luz es generosa, abierta y bondadosa, creativa, y nos conduce a un nivel de vibración superior, y a una percepción más desarrollada, a ser más humilde, a sentir gratitud, a expandirnos silenciosamente, a ser más infinitos.

Limpiar nuestra sombra nos libera de las estrecheces de la vida enganchada al ego, que nos hace vivir como si fuéramos el centro de todo.

Limpiar nuestra sombra expande nuestra conciencia pasando a ver que en realidad, somos parte de un todo, y que todos y todo está interconectado.

Con la esperanza de que algún día la humanidad logre avanzar en su evolución hacia la luz, y sea por fin, libre.


Fuente:

Sixth Sense – Stuart Wilde.