A todas vosotras…

A todas vosotras que en algún momento de vuestra andadura quizá hayáis sentido:

  • Miedo, por no poder salir de esta situación de esclavitud encubierta en la que vivís para que vuestros hijos no queden atrapados por las consecuencias económicas del divorcio y el régimen de visitas, para que su nivel de vida no baje drásticamente y no les falte de nada, para que puedan seguir yendo al mismo colegio, de vacaciones, vivir con la misma calidad de vida. Miedo a no poder mantenerlos, y a no poder cuidarlos bien, con la dedicación, presencia y tranquilidad que necesitan y que os gusta, si ocurre el divorcio. Y, miedo por vosotras, por la inseguridad que quizá sentís cada día, como un nudo en el estómago por vuestro futuro, por depender económicamente, por no tener pensión de jubilación, y después de todo el camino recorrido…miedo al juzgado de familia, o al juzgado de Plaza de Castilla, o al informe psicosocial, porque el divorcio no acaba con los problemas sino que los acentúa, en todos los aspectos.
  • Ira por todo lo que lleváis encima acumulado año tras año, por la frustración, por las ganas tremendas de justicia.
  • Pena, por una vida sin dignidad, por la falta de libertad, por el sentimiento de injusticia, por la falta de respeto a ti, tu familia, tus opiniones, tus talentos, tus amistades, por el desequilibrio de poder, que te hace vivir como una niña chica sin derecho a tomar decisiones económicas, por el precio tan alto que pagas por proteger a tus hijos de un progenitor disfuncional, al que tienen miedo, que abusa física o psicológicamente de su cónyuge, que ejerce un control sin límites, que quizá bebe más de la cuenta, que crea drama, que está frecuentemente de mal humor, que protesta por todo, que controla e intenta imponer su criterio, que genera continuamente conflicto, que manipula a la familia con el poder económico, que según entra por la puerta hay discusión y bronca, por la frustración de que nadie te entiende, al no ser que haya vivido este clavario, por haberlo intentado todo, por haber cedido terreno o poder como dicen algunos psicólogos, en aras de evitar el conflicto, o por lograr un poco de paz, por renunciar a ocio, amigos, familia, profesión, y ver como cada día estás más aislada y sola, por ver que mientras que tu vida se encoge cada día, la del otro crece a tu costa, y te hundes en un pozo cada día un poco más. Por llorar y llorar en silencio a menudo, hasta no poder más, por ver que no sirve el dialogo, porque te sientes traicionada, porque te das cuenta que los compromisos y las promesas no se van a cumplir nunca, y te has quedado con una mano delante y otra detrás.
  • Y en algún momento, empieza a aparecer el coraje de la leona que habita dentro de vosotras para salir del valle. Pero, ¡ojo!, al decir basta ya, aparece la violencia física y verbal, que se une a la psicológica vivida, y que culmina en el divorcio. Y el divorcio no acaba con los problemas, porque tus hijos quedan atrapados por las leyes que les obligan en contra de su voluntad a ver al progenitor que tanto dolor les ha traído, y después de todos los años y años de vivir así, resulta que quebrantas los deberes de custodia,  si tus hijos no quieren ver a su padre, porque la ley del divorcio dice que es tu responsabilidad legal convencerles de que cumplan, de que tienen que querer a su padre, de que tienen que relacionarse con él, es decir, que si no le quieren por el sufrimiento que han vivido, si le tienen miedo, si no le respetan, has de traicionarles, abandonarles, mirar para otro lado, te tiene que dar igual, y es tu responsabilidad legal hacer que tus hijos normalicen la relación con él, y tengan una buena relación, y lo que la ley te pide es que ignores sus sentimientos, llanto, ira, y dolor. Y si no lo haces te multan o peor puedes llegar a perder la custodia, o peor pueden prohibirte verlos durante una temporada, o peor puedes ir a la cárcel, porque el otro ha convencido al juez que impides, obstaculizas o manipulas a los chicos en su contra y así separándote de ellos, entiende esta ley y sociedad ciega que los chicos le van a perdonar o se van a olvidar de todo lo vivido, le van a ver con una mirada nueva y así a la fuerza pretende la ley que el otro recuperará el respeto, el amor, la confianza, de los chicos. Y, desde donde yo lo veo lo que se consigue a la fuerza es el rechazo, y el odio.
  • Apatía, impotencia, frustración, y cada vez con menos ganas de hacer nada, menos esperanza, energía y fuerzas, y con una pesada situación de fracaso.
  • Y, empiezan juicios, y juicios, y cartas del juzgado, y demandas y el enorme derroche económico, y cada vez estáis más, arrasadas, mudas porque el sistema judicial, o el país, o la cultura es pro-hombre y pasa el tiempo, y pierdes cada día más la esperanza de ver el cielo azul a lo lejos. Empiezas a ver que construir una nueva vida, cambiar, corregir el rumbo y avanzar, queda bien lejos (a pesar de lo que dicen las campañas del 016), porque ahora sigue haciéndote daño, y controlando tu vida por el poder que le confiere la justicia.
  • Y deseas con toda tu alma poder perdonar, dejar ir el dolor el resentimiento, librarte de toda la energía indeseable que contamina tu corazón, y cambiarla por luz y deseas limpiarte de todas las emociones negativas que te han acompañado para volver a sentir paz interior y serenidad…. pero no acaba de llegar ese momento sino que cada vez las cosas se enredan y enredan más y más.

Por el deseo de sacar a la luz la vida de estas mujeres valientes, por su libertad, su dignidad y su derecho a vivir en paz, nace Por una maternidad protegida.

Primero de todo                                                                                              Motivación


 

 

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